Confiando en Dios

Por: Héctor E. Contreras.

Salmo 118:8-9 y Sofonías 3:12.

La definición de confianza consiste en la creencia, esperanza y fe persistente que tiene alguien, referente a otra persona, entidad o grupo en que será idóneo para actuar de forma apropiada en una situación o circunstancia determinada. Confianza es ser como un niño, el cual cuando es invitado por uno de sus progenitores a realizar algo, como por ejemplo, estando compartiendo en una piscina le dice, ven, confía en mí; sin pensar en nada, la criatura se lanza a los brazos del que le invita confiadamente, porque entiende que caerá en brazos seguros, de amor y nunca permitirá que sufra nada que le cause dolor o lo que es lo mismo, perezca ahogado en el fondo de la piscina. La confianza del hijo en el padre o la madre, debe ser la confianza del creyente en cuanto a Dios y sus propósitos para con la vida de cada uno. 

Mejor es confiar en Jehová Que confiar en el hombre. Mejor es confiar en Jehová que confiar en príncipes”, Salmo 118:8-9. Los pilotos depositan su confianza en los aviones, al igual que el capitán de un gran trasatlántico en medio de un océano bravío. Los pasajeros en los trenes, automóviles o autobuses, también. Si en tu caso estás dispuesto a confiar en el avión, barco u otro medio de transporte para llegar a tu destino, ¿confiarás también en Dios para que te guíe aquí en la tierra y hacia tu destino eterno? ¡Cuán vano es confiar en algo o en alguien más que en Dios! David escribió lo siguiente: “Bienaventurado el hombre que puso en Jehová su confianza, Y no mira a los soberbios, ni a los que se desvían tras la mentira”, Salmo 40:4.  David recibió cuatro beneficios por confiar en Dios. 1-) Dios lo sacó de la desesperación, 2-) Colocó sus pies sobre peña, 3-) Enderezó sus pasos y 4-) Puso un cántico nuevo de alabanza su boca. En ocasiones las bendiciones no pueden recibirse a menos que pasemos por la prueba de la espera y esperar siempre se convierte en confianza. No existe mejor confianza que esperar en Dios. 

Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparte de Jehová. 

Será como la retama en el desierto, y no verá cuando viene el bien, sino que morará en los sequedales en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada. Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto”, Jeremías 17:5-8. ¿Has confiado alguna vez en alguien? Entiendo que sí, porque existen personas que nos brindan su apoyo casi en todo lo que emprendemos. Lo que entiendo en estos versos es que, no debemos depositar todo lo que somos o poseemos en una persona y dejar de lado a Dios, convertirnos en retama, es decir, en hierba amarga del desierto, rechazada por todos. Confiar en Dios es similar a lo que se describe en ser un árbol junto a las corrientes de un río; sus hojas nunca se marchitan, ni se caen, porque su alimento proviene de la misma fuente viva que nunca se seca. Confiar en Dios es sinónimo de prosperidad, de espera y esta espera nunca llega tarde cuando verdaderamente depositamos nuestra confianza en el Dios de todo poder. 

Más adelante, en este mismo libro, el profeta escribe ésto: “Mas Jehová está conmigo como poderoso gigante; por tanto, los que me persiguen tropezarán, y no prevalecerán; serán avergonzados en gran manera, porque no prosperarán; tendrán perpetua confusión que jamás será olvidada”, Jeremías 20:11. Cuando Jeremías plasmó estas líneas en su libro, sufría lo indecible, porque vivía violencia y destrucción, dice además que había en su corazón como un fuego ardiente metido en sus huesos; tratando de sufrir todo ésto, pero no pudo, según los versos 8-9. Luego de este sufrir, proclama las palabras del verso citado, el 11. Dios se convirtió para su vida como un poderoso gigante que estaba siempre a su lado. Jeremías supo depositar su confianza en Dios y esta confianza le llevó a decir entonces: “Cantad a Jehová, load a Jehová; porque ha librado el alma del pobre de mano de los malignos”, Jeremías 20:13. Es el tiempo ideal para aprender a confiar en Dios. Él está por tí, sólo tienes que atreverte a depositar tu fe y confianza en su poder. Confía y espera; entonces Él hará.

Y dejaré en medio de tí un pueblo humilde y pobre, el cual confiará en el nombre de Jehová”, Sofonías 3:12. Antes, el mismo profeta escribió: 

Buscad a Jehová todos los humildes de la tierra, los que pusisteis por obra sus juicios; buscad justicia, buscad mansedumbre; quizá seréis guardados en el día del enojo de Jehová”, Sofonías 2:3. La confianza es el rayo dorado del sol que irrumpe en el cielo oscurecido por la tormenta, es palabra de consuelo en la unidad de cuidados intensivos en un hospital, es el pajarillo que se asoma a tu árbol o ventana, es un abrazo o un te amo. Es por tal razón que al final de su libro el profeta irrumpe en un cántico de adoración a Dios, proclamando: “Jehová está en medio de tí, poderoso, él salvará; se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos”, Sofonías 3:17

Alguien dijo que la esperanza es difícil de encontrar cuando la encierras en tu mente, en tu corazón. Déjala salir hoy de tu interior, poniéndola solamente en Dios, porque Dios te pondrá por renombre y para alabanza entre todos los pueblos de la tierra, cuando Él levante tu cautiverio que por mucho tiempo has llevado en tu propia mente. Deja que surja a la luz de Dios mediante Jesucristo su Hijo, para que entonces brille en ti la luz de la esperanza, de la vida, porque has aprendido a depositar tu confianza en Dios. 

Dejo con cada lector de este mensaje la bendición sacerdotal: “Jehová te bendiga, y te guarde; Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia. Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz”, Números 6:24-26.  

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