Por: Héctor E. Contreras.
Eclesiastés 2:23-26.
Thomas Alva Edison, quien fuera un inventor, científico y empresario estadounidense, en una ocasión su laboratorio se incendió y estando frente a los escombros causados por el siniestro, exclamó: “¡Maravilloso! Todos nuestros errores del pasado han sido quemados y podemos comenzar de nuevo”. La mayoría de nosotros conoce lo que es la adversidad; también es sabido, que en ocasiones, no la apreciamos, sino que la consideramos como una enemiga y nos convertimos en un Job, quien proclamó las siguientes palabras: “El hombre nacido de mujer, corto de días, y hastiado de sinsabores. Sale como una flor y es cortado, Y huye como la sombra y no permanece”, Job 14:1-2.
Mis amados, la vida es breve y está llena de problemas, los cuales, si somos sabios, debemos enfrentar con gallardía y coraje, siempre confiando en Dios y podemos ponernos al lado del sabio Thomas Edison cuando su laboratorio fue consumido por el fuego. No se lamentó, no se afligió, ni se turbó. ¡Tremenda enseñanza! dijo él. Job se lamenta en sus declaraciones finales. La enfermedad, la soledad, la desilusión y por qué no, la muerte, hicieron que Job pronunciara estas palabras sobre la vida, la cual no la consideraba justa. Por ejemplo, los versículos 14 y 15 del capítulo 14, nos dicen: “Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir? Todos los días de mi edad esperaré, hasta que venga mi liberación. Entonces llamarás, y yo te responderé; Tendrás afecto a la hechura de tus manos”. Job tenía la esperanza de la resurrección, sin embargo, el A.T. no nos dice mucho acerca de la resurrección de los muertos. Esto no debe causarnos sorpresa en este tiempo, ya que Jesús aun no había conquistado la muerte. Lo que es notorio, mis caros hermanos y amigos, es su esperanza floreciente sobre la pregunta que se hace en el versículo 14, cuando al final del mismo dice: “Hasta que venga mi liberación”. ¡Si Dios lo escondiera con los muertos y luego lo volviera a sacar a la vida! ¡Si pudiera morir y volver a vivir! Cuando tenemos que soportar el sufrimiento, tenemos una ventaja sobre Job,sabemos que los muertos resucitarán y esta esperanza se fundamenta en la Palabra, cuando Cristo proclamó: “Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis”, Juan 14:19. Las palabras de nuestro Señor nos enseña, que la gente quisiera conocer el futuro a fin de prepararse para lo que ha de venir. Solo Dios sabe lo que sucederá en nuestro recorrer del tiempo, y Él nos dice todo lo que tenemos que saber para prepararnos para el mañana. Cuando vivimos según sus normas, Él jamás nos abandonará; vendrá a nosotros, estará en nosotros y también se nos manifestará. Dios sabe todo lo que sucederá y, como Él estará con nosotros en todo momento, no debemos temer. No es necesario que conozcamos el futuro para tener fe en Dios: ¡Debemos tener fe en Él para estar seguros acerca del futuro!
“Porque todos sus días no son sino dolores, y sus trabajos molestias; aun de noche su corazón no reposa. Esto también es vanidad. No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba, y que su alma se alegre en su trabajo. También he visto que esto es de la mano de Dios. Porque ¿quién comerá, y quién se cuidará, mejor que yo? Porque al hombre que le agrada, Dios le da sabiduría, ciencia y gozo; mas al pecador da el trabajo de recoger y amontonar, para darlo al que agrada a Dios. También esto es vanidad y aflicción de espíritu”, Eclesiastés 2:23-26. Para dejar o plasmar una buena enseñanza sobre lo declarado por el autor de este libro, debo citar un verso anterior, el 20, que nos dice: “Volvió, por tanto, a desesperanzar mi corazón acerca de todo el trabajo en que me afané, y en que había ocupado debajo del sol mi sabiduría”. El predicador, como se le llama a Salomón cuando escribió ésto, nos dice que, si conoces a Dios y tratas de vivir tu vida delante de Él de una forma que le agrade, serás sabio. La vida sabia supone atribuirte un valor relativo a las decisiones que tú puedas tomar. El sabio escoge aquellas cosas que tienen valor permanente. En ocasiones, las mejores decisiones no son aquellas que están de acuerdo con las normas que el mundo te ofrece. Te invito a que busques a Dios en todo lo que hagas. Trata de encontrar gozo en tu trabajo y en tu vida diaria. Evita la prisa o la impaciencia. Conoce que Dios nunca se apresura. No tomes decisiones importantes cuando tu espíritu está conturbado. Actuando conforme a los propósitos de Dios en tí, las cosas nunca te saldrán mal y, si lo que has planificado tiene algún inconveniente, tienes los recursos que Dios ha dispuesto para tu vida.
Según la ley de Murphy, cuando dice: “Si algo puede salir mal, pasará”. Esta es la actitud del pesimista, no del creyente en Jesucristo, quien siempre debe estar a las alturas del apóstol Pablo, cuando escribió: “En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí; de lo cual también estabais solícitos, pero faltaba la oportunidad. No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”, Filipenses 4:10-13. ¿Estás contento con las circunstancias que ahora enfrentas? Pablo sabía estar contento, así viviera en abundancia o padeciera necesidad. El secreto está, mis amados, ayer para el apóstol y para nosotros hoy, en el poder de Cristo Jesús para fortalecer nuestro espíritu interior y perseverar en la fe que proviene de Él. Pablo estaba contento porque pudo ver la vida desde la perspectiva de Dios en Cristo Jesús. ¿Tienes muchas necesidades o estás descontento porque no tienes lo que deseas tener? Te invito a que seas como el apóstol Pablo, quien aprendió a apoyarse en las promesas de Dios.
Levántate y resplandece, porque ha venido tu luz y la gloria de Dios ha nacido sobre tí y sobre tí será vista su majestad, en Cristo Jesús. Dios te bendiga en abundancia.




