Por: Héctor E. Contreras.
Mateo 19:13-15.
“Cuando era pequeña, mi madre y yo íbamos a la iglesia solo para asistir a los servicios fúnebres de nuestros seres queridos. Conocía poco de Jesús. Pero eso cambió cuando yo tenía cinco años y mamá se volvió a casar. Era el año 1943 y mi padrastro era soldado. Nos mudamos a un apartamento cerca de su base militar y las cosas empezaron a mejorar. Un día, nuestra arrendadora nos invitó a su iglesia, pero no me entusiasmé mucho. Sin embargo, me sorprendí al visitar su iglesia por primera vez. La gente era cálida y acogedora y me encantaba la música. Al día siguiente encontré lápiz y papel y le pregunté a mamá cómo se deletreaba “Jesús”. Escribí su nombre cuidadosamente y puse el papel en mi bolsillo. Todos los días le daba vueltas al papel y me sentía reconfortada. Con el tiempo, el papel se desgarró por tanto manejo”, Sra. Jo Ann Johnson, Texas, EE.UU. Revista Aposento Alto, 10 de marzo de 2023, página 16. Me llamó mucho la atención cuando leí este testimonio, porque recuerdo parte de mi niñez y se que, al plasmar parte del testimonio de la Sra. Jhonson, algunos de los lectores quedarán también impactados.
“En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos. Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como éste, a mí me recibe”, Mateo 18:1-5. Jesús confronta la tendencia de la humanidad a asociar la autoridad con el ejercicio de dominio sobre otros. El dominio o autoridad en la vida del reino que Dios quiere restablecer en nosotros, es para una vida victoriosa y fructífera, para echar fuera los poderes infernales, no para controlar a otros o servir a nuestros propios intereses. Su llamado a ser humildes como un niño y a servir de corazón, establece el espíritu y sienta la pauta para que el creyente ejercite su autoridad como un agente del poder del reino de Dios. El camino hacia el reino de los cielos es el de la simple confianza y entrega de un niño; y el camino hacia la grandeza en el reino se recorre con la humildad de un niño.
Si la soberbia es el mayor de los pecados, la humildad debe ser la mayor virtud. La humildad es la que nos permite reconocer que Dios reclama nuestras vidas, que somos criaturas mortales y que Él es el dueño del universo. La humildad es la que nos hace decir: “Somos pecadores, necesitamos ser salvos”. En la humildad está el origen de toda sabiduría, según el siguiente texto: “Altivez de ojos, y orgullo de corazón , Y pensamientos, son pecado”, Proverbios 21:4. Las verdades del Reino solamente son percibidas por los humildes. Ningún soberbio recibirá nunca nada de Dios, porque “Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes”, Santiago 4:6. Volvamos a ser niños, amados del Señor, sólo así podremos alcanzar el Reino de Dios.
“Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discípulos le reprendieron. Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos. Y habiendo puesto sobre ellos las manos, se fue de allí”, Mateo 19:13-15. Los discípulos debieron haber olvidado lo que Jesús dijo acerca de los niños, en Mateo 18:4-6, citados anteriormente. Jesús quería que los niños se le acercaran porque los ama y porque tienen la actitud que uno necesita para acercarse a Dios. Jesús no quiso decir que el cielo es sólo para los niños, sino que la gente requiere actitudes semejantes a las de un niño para confiar en Dios. La receptividad de los niños era un contraste notable con la obstinación de los líderes religiosos que permitieron interponer su sofisticación y educación religiosa en la vía de la fe simple, necesaria para creer en Jesús.
A diferencia de la Sra. Jo Jhonson, hoy de 83 años, como ella, que a los 5 años había quedado huérfana, también de padre. Quedé huérfano de padre a los 6 años. Mi madre había partido hacia acá, a la ciudad, en busca de una mejor vida. Mis primeros años los pasé junto a mi abuela materna, “Ma Rosa”, así la llamaba yo. Era el punching bag de los primos, los cuales eran mayores que yo. “Tú no sirves, tú no tienes papá, no tienes mamá, eres un vago e inútil. No eres nada. Como niño al fín, muchas veces me lo creí y fui creciendo así hasta llegar a la edad de los 12 años cuando mi madre llegó al lugar en que vivía a buscarme y traerme a la capital. Algunos de los que leen hoy este mensaje, es posible que también haya vivido esta experiencia en su niñez.
Mi capacidad a esa corta edad no me permitía entender que lo que los primos decían de mí no era verdad, porque, a mi entender entonces, lo que me decían era cierto. ¿Por qué razón? Porque era simplemente un niño huérfano, amparado solamente por la persona que, a mi entender, era la mujer más preciada para mí. Dejad a los niños venid a mí, y no se lo impidáis, decía Jesús. Hoy, después de muchos años, por la gracia y la misericordia de Dios, puedo decir que mis actitudes hoy son diferentes a las de ayer, porque al llegar al evangelio de Jesucristo, mi vida se transformó en una verdadera “vida”, porque Cristo mismo es la vida. Para llegar a Cristo, verdaderamente debemos convertirnos en niños totalmente inocentes a la luz de lo que es la realidad de hoy y el poder que puede surgir de nuestros corazones por alcanzarlo.
La Sra. Jo Jhonson pudo encontrar a un padrastro maravilloso; yo también. Al llegar a la ciudad, encontré un hombre que me ayudó a caminar creyendo en que se podía alcanzar grandes metas. Después de haber conocido a mi Dios y Señor por medio de Jesucristo, mi Salvador, mi vida fue totalmente transformada a la imagen y semejanza de Dios. Y Entendí francamente lo que cita el apóstol Pablo en su segunda carta a los Corintios, cuando escribió: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”, II-Corintios 5:17. El niño que era catalogado por sus primos como el inservible, huérfano, sin padres; hoy es un hombre transformado por el Espíritu Santo de Dios, conforme a sus propósitos en gloria para mi vida.
Te invito a olvidar todo cuanto denosta, pasado y presente tu vida y volverte a Jesucristo. Para ello se hace necesario el nuevo nacimiento en Él. Volver a ser niño en tu forma de pensar y entender que, por medio de Cristo Jesús puedes ser persona nueva en Él.
Que la bendición de Dios Padre, la gracia de su Hijo Jesucristo y la comunión con el Espíritu Santo, sea hoy siempre en cada vida.




