De la guerra con Irán a las purgas internas: ¿por qué colapsa la cúpula del Pentágono de EE UU?

La dimisión de Dan Driscoll, secretario del Ejército de Estados Unidos, no parece un episodio aislado. Su salida, confirmada por la Casa Blanca después de meses de rumores sobre sus diferencias con el secretario de Defensa, Pete Hegseth, se incorpora a una sucesión de cambios en la cúpula militar que está transformando profundamente el Pentágono durante el segundo mandato de Donald Trump.

La versión oficial es deliberadamente escueta. La portavoz de la Casa Blanca, Anna Kelly, no explicó las razones de la renuncia y, en cambio, elogió la labor de Driscoll: “El secretario Driscoll ha sido muy eficaz para impulsar la agenda del presidente Trump para hacer que Estados Unidos vuelva a ser fuerte desde el Departamento del Ejército, proporcionando un liderazgo sobresaliente durante operaciones militares históricas, restableciendo el énfasis en la preparación y la letalidad, ayudando en las negociaciones entre Rusia y Ucrania, entre otras cosas”.

Según las informaciones publicadas originalmente por el diario The Wall Street Journal y posteriormente secundadas por cadenas de televisión como Fox News y CNN, el secretario del Ejército de los Estados Unidos conversó directamente con el presidente Donald Trump sobre la situación de las fuerzas terrestres antes de oficializar su renuncia este 31 de agosto.

La dimisión llega tras meses de fricciones acumuladas con el secretario de Defensa, Pete Hegseth, cuya relación con el jefe civil del Ejército se habría roto por completo. El detonante principal de la salida de Driscoll no radica en una discrepancia aislada, sino en su rechazo frontal a la purga masiva de generales y altos mandos militares impulsada por Hegseth, la cual incluyó el fulminante despido en abril del jefe del Estado Mayor del Ejército, el general Randy George. Driscoll cuestionaba que estas destituciones forzadas estaban provocando una peligrosa «fuga de cerebros» y desestabilizando la estructura de mando en el Pentágono.

Driscoll mantenía, además, una relación política particularmente estrecha con el vicepresidente J.D. Vance, su antiguo compañero en la Facultad de Derecho de Yale. Esa proximidad con la Casa Blanca constituía una fuente adicional de tensión con Hegseth, que, según informaciones previas, veía esa relación como una posible vía para sortear su autoridad.

Driscoll tenía una relación estrecha con George y posteriormente defendió públicamente su trayectoria ante el Congreso. “Dicho esto, el liderazgo civil, el diseño de nuestro sistema, es que ellos pueden elegir a los líderes que quieran”, afirmó entonces, una frase que reflejaba al mismo tiempo respeto por la autoridad civil y una evidente distancia personal respecto a la decisión. La salida posterior del general Christopher Donahue, comandante del Ejército estadounidense en Europa y África, añadió otro episodio a la creciente inestabilidad de la estructura de mando.

La guerra de Irán complica todavía más el escenario

La renuncia se produce en un momento de extrema vulnerabilidad para la política de defensa estadounidense, marcada por la guerra con Irán que estalló el pasado 28 de febrero. Este conflicto armado en el Golfo Pérsico ha generado una presión logística sin precedentes sobre las capacidades militares de Washington, mermando los arsenales de misiles interceptores Patriot y municiones guiadas de precisión, al tiempo que altera la planificación estratégica del Pentágono debido al constante asedio a las rutas comerciales y bases aliadas.

La prolongación de estas hostilidades obliga al Departamento de Defensa a un complejo equilibrismo de fuerzas simultáneo: contener la inestabilidad en Oriente Próximo, sostener los compromisos de disuasión frente a China en el estrecho de Taiwán y reconfigurar el apoyo militar a Ucrania en plena fase de negociaciones territoriales bajo la administración de Donald Trump. Este panorama de frentes múltiples reduce significativamente el margen de maniobra de la reserva estratégica de los Estados Unidos ante la eventual apertura de nuevas crisis internacionales.

Driscoll había desempeñado un papel poco habitual para un secretario del Ejército: Trump lo convirtió en uno de los interlocutores estadounidenses implicados en las conversaciones destinadas a acercar a Rusia y Ucrania a una negociación. Su perfil también estaba vinculado a una de las prioridades de la Administración Trump: reducir obstáculos burocráticos para acelerar la producción de drones y sistemas antidrones.

Antes de su renuncia, Driscoll y el depuesto general Randy George habían impulsado con fuerza la Iniciativa de Transformación. Este plan estratégico buscaba asimilar las lecciones tácticas de la guerra de Ucrania, donde el uso masivo de drones FPV (visión en primera persona) baratos, la inteligencia artificial aplicada a sistemas autónomos y las tecnologías de defensa contra aeronaves no tripuladas demostraron estar revolucionando el combate moderno.

Sin embargo, tras el cese de George en abril, el nuevo jefe de Estado Mayor del Ejército en funciones, el general Christopher LaNeve, implementó un giro doctrinario drástico de «regreso a las bases, sin tonterías y ajeno a la política«. Bajo su mando directo, el Ejército desactivó un batallón especializado en guerra con drones de la 173ª Brigada Aerotransportada, compuesto por unos 600 paracaidistas, cuyo cuartel general se ubicaba en la base de Caserma Del Din (Vicenza, Italia).

Con esta orden, confirmada formalmente a finales de agosto, LaNeve canceló de golpe el programa experimental en el que los soldados no solo operaban, sino que diseñaban y construían sus propios drones en laboratorios locales con sistemas avanzados de resistencia al bloqueo electrónico, obligando a la unidad a reconvertirse por completo a sus funciones tradicionales de infantería aerotransportada. 

La decisión puede parecer técnica, pero tiene implicaciones estratégicas. Ucrania ha demostrado que la innovación militar puede surgir de unidades relativamente pequeñas y de ciclos de desarrollo mucho más rápidos que los tradicionales programas de adquisición del Pentágono.

Driscoll había sido presentado por Trump precisamente como un «innovador y agente de cambio». El propio presidente llegó a referirse a él como el «drone guy». Pero la guerra política en el Pentágono no cesa: antes de ser nombrado jefe interino, LaNeve sirvió como asesor militar principal de Hegseth. Fuentes de Defensa señalan que LaNeve ha escalado posiciones rápidamente gracias a su reputación de lealtad hacia la agenda política del secretario.

Una purga que ya afecta a toda la estructura militar

La dimisión de Dan Driscoll cobra una relevancia crítica cuando se analiza dentro de una secuencia de reestructuración mucho más amplia. Hegseth ha ejecutado una purga y renovación sin precedentes en la cúpula militar de los Estados Unidos, forzando la salida de generales de cuatro estrellas y altos mandos estratégicos que chocaban con la nueva doctrina de la Casa Blanca.

Esta campaña de relevos tuvo su punto álgido el 2 de abril de 2026 con el cese fulminante del jefe de Estado Mayor, el general Randy George. Tras descabezar al Ejército, la reestructuración provocó el retiro forzoso de figuras clave de la estructura conjunta, como el general James Mingus (39.º vicejefe de Estado Mayor) y el teniente general Douglas Sims II (director del Estado Mayor Conjunto).

La purga alcanzó áreas operativas y de apoyo con el relevo del general David Hodne en el Comando de Entrenamiento y Transformación. Y, del mismo modo, la lista cerró con uno de los ceses más polémicos: la dimisión obligada del mayor general William Green Jr. como el 26.º jefe de capellanes del Ejército. El secretario de la Armada, John Phelan, dejó el cargo en abril.

El resultado es una estructura militar estadounidense en plena transformación. Para sus defensores, estos cambios permiten eliminar inercias burocráticas, reforzar la autoridad civil y adaptar las Fuerzas Armadas a las prioridades políticas de Trump. Para sus críticos, una rotación excesivamente rápida puede erosionar la continuidad institucional y generar incertidumbre precisamente cuando Estados Unidos afronta varios desafíos militares simultáneos.

La trayectoria de Driscoll resulta especialmente interesante porque representaba una combinación poco habitual: veterano de Irak, inversor tecnológico, aliado de Vance y miembro de una nueva generación republicana interesada en reformar el aparato militar. Trump lo eligió incluso antes de asumir nuevamente la presidencia y el Senado confirmó su nombramiento en febrero de 2025 por 66 votos frente a 28.

Su participación en las negociaciones entre Rusia y Ucrania demostraba que la Casa Blanca le atribuía una utilidad política que iba más allá de la administración cotidiana del Ejército. Su salida puede reducir uno de los canales informales de comunicación entre determinadas áreas de la Administración Trump y otros actores internacionales.

También abre una incógnita política. Hegseth ha ganado peso dentro del movimiento trumpista y su nombre aparece entre los posibles aspirantes republicanos para 2028, aunque ese escenario todavía está lejos y depende de una carrera en la que también podrían competir Vance y el secretario de Estado Marco Rubio. @mundiario