Óscar de la Hoya ha vuelto a convertir su enfrentamiento con Saúl Canelo Álvarez en uno de los grandes focos de atención del boxeo. El excampeón mundial no se limitó a cuestionar la actuación del mexicano frente a Christian Mbilli en Riad, sino que lanzó una descalificación mucho más profunda: lo situó entre los peores representantes de la historia del pugilismo de su país. Una afirmación desmedida que refleja tanto su rechazo al estilo actual de Canelo como una rivalidad personal que lleva años alimentándose.
El combate ante Mbilli terminó con una victoria de Canelo por decisión de los jueces y la recuperación del cinturón del Consejo Mundial de Boxeo. Sin embargo, para De la Hoya, el resultado no fue suficiente para ocultar una actuación que consideró aburrida y carente de espectáculo. El promotor y antiguo boxeador describió la pelea como otro episodio decepcionante dentro de una etapa que, a su juicio, está perjudicando la imagen del boxeo mexicano.
La crítica no se quedó en el rendimiento del campeón. De la Hoya cuestionó también la organización de la velada en Arabia Saudí, el desarrollo de la cartelera y los prolongados intervalos entre combates. En un vídeo publicado en sus redes sociales, se quejó de la duración del espectáculo y de las pausas televisivas. Su argumento es que el boxeo está perdiendo espectadores cuando las funciones se convierten en acontecimientos interminables, con demasiados espacios muertos y poca acción dentro del cuadrilátero.
Uno de los aspectos que más llamó su atención fue el horario de emisión en Estados Unidos, que coincidió con partidos de fútbol americano universitario. De la Hoya ironizó sobre el escaso interés que, según él, había despertado la transmisión y criticó que el público tuviera que esperar cerca de una hora entre algunos enfrentamientos. También comparó la duración de las veladas con otros deportes estadounidenses, como la NFL, la NBA o el hockey, para reclamar un formato más ágil y atractivo.
Pero el verdadero destinatario de sus palabras fue Canelo. De la Hoya sostuvo que el mexicano representa una versión decepcionante del boxeo de su país y cuestionó que pueda aspirar a ocupar un lugar entre sus grandes leyendas. La dureza del ataque tiene un componente deportivo, pero también personal: ambos compartieron una relación profesional que terminó de manera conflictiva y desde entonces sus declaraciones públicas han mantenido viva una disputa que parece lejos de apagarse.
Chávez, Barrera y Morales, en el centro de la comparación
Para reforzar su argumento, De la Hoya recurrió a tres nombres fundamentales de la historia del boxeo mexicano: Julio César Chávez, Marco Antonio Barrera y Erik Morales. Los presentó como representantes de una época en la que, según su visión, los grandes púgiles buscaban enfrentarse a los mejores y ofrecían combates capaces de conectar con el público. En su comparación, Canelo queda en una posición muy inferior a la de aquellos referentes.
La frase más contundente llegó cuando se dirigió directamente al campeón y cuestionó su aspiración a ser considerado el mejor boxeador mexicano de todos los tiempos. De la Hoya aseguró que Canelo ni siquiera podría compararse con Chávez y afirmó que podía mencionar a otros diez púgiles del país que considera superiores. No aportó una clasificación concreta, pero dejó claro que no reconoce al actual campeón el lugar histórico que su popularidad y sus títulos podrían sugerir.
También criticó el modelo económico que, a su juicio, domina el boxeo actual. De la Hoya responsabilizó a las grandes inversiones de Turki Al-Sheikh de favorecer combates con enormes bolsas económicas, pero que no siempre responden a los enfrentamientos más esperados por los aficionados. Su reproche apunta a una industria en la que el dinero puede terminar imponiéndose sobre la competitividad, la búsqueda de los mejores rivales y la obligación de ofrecer espectáculo.
En ese contexto, el excampeón aseguró estar cansado de peleas con escaso intercambio de golpes y poca acción. Considera que algunos boxeadores priorizan el día de pago por encima de la exigencia deportiva y que esa tendencia está deteriorando la experiencia del espectador. Sus palabras también alcanzaron a la cartelera de Riad, en la que destacó únicamente algunos momentos de mayor intensidad durante el combate de Jaime Munguía. Para De la Hoya, el resto de la función no estuvo a la altura de las expectativas.
La polémica, sin embargo, exige separar la valoración deportiva de la descalificación personal. Canelo ha construido una trayectoria con títulos mundiales en distintas categorías y se ha convertido en una de las figuras más reconocibles del boxeo internacional. Cuestionar su rendimiento ante Mbilli o debatir su lugar entre las leyendas mexicanas forma parte de la discusión deportiva; presentarlo como el peor boxeador de la historia es una provocación que difícilmente puede sostenerse como un análisis objetivo de su carrera.
De la Hoya ha encontrado en Canelo un adversario permanente fuera del ring. Sus declaraciones vuelven a alimentar una rivalidad que combina diferencias sobre el espectáculo, el negocio del boxeo y la manera de construir un legado. El mexicano, por su parte, tendrá que responder con sus actuaciones si quiere reforzar su candidatura a ser considerado uno de los grandes de su país. En un deporte donde la memoria se construye con rivales, títulos y noches históricas, las palabras de un antiguo socio pueden generar ruido, pero no deciden por sí solas la dimensión de una carrera. @mundiario
