¿Democracia o supervivencia? Por qué Vučić adelanta las elecciones en Serbia

Serbia se dirige a las urnas antes de lo previsto después de casi dos años de protestas que han cambiado el escenario político del país. El presidente Aleksandar Vučić ha disuelto el Parlamento y convocado elecciones parlamentarias anticipadas para el 25 de octubre, una decisión que oficialmente presenta como respuesta a la tensión política, pero que también puede interpretarse como una maniobra para controlar el calendario y facilitar su continuidad al frente del Estado.

El origen de la crisis está en el derrumbe de la marquesina de la estación ferroviaria de Novi Sad, el 1 de noviembre de 2024, que causó 16 muertos. Lo que inicialmente fue una demanda de transparencia y responsabilidades se transformó en un movimiento nacional contra la corrupción, las instituciones y el sistema político construido alrededor de Vučić y su Partido Progresista Serbio (SNS). Las movilizaciones estudiantiles terminaron reclamando elecciones anticipadas y se convirtieron en la mayor amenaza política que ha afrontado el presidente desde que su formación llegó al poder.

Ahora, el pulso abandona las calles y entra en las urnas. Vučić ha justificado la convocatoria con una advertencia sobre la propia estabilidad democrática. “¿Habrían sido necesarias estas elecciones si no existieran tales tensiones y conflictos políticos? Sin duda, no lo serían. Cualquier aplazamiento de las elecciones amenazaría la supervivencia de la democracia”, afirmó en un discurso televisado.  El Gobierno presenta como defensa de la democracia una decisión que también puede beneficiar al partido que controla las instituciones y que dispone de una amplia mayoría parlamentaria.

La clave para entender el adelanto electoral está en el calendario constitucional. Vučić fue elegido presidente en 2017 y reelegido en 2022 para un segundo mandato. No puede optar a un tercero. Por ello, el paso siguiente anunciado por el mandatario es presentarse como candidato a primer ministro.

La operación tiene una lógica política clara. En Serbia, aunque la presidencia posee funciones relevantes, el primer ministro dirige el Gobierno y concentra buena parte del poder ejecutivo. Vučić podría abandonar la Presidencia y regresar al Ejecutivo mediante unas elecciones parlamentarias que le permitan mantener el control político sin vulnerar el límite constitucional.

La convocatoria anticipada puede ser, por tanto, una estrategia de continuidad más que una retirada. Si el SNS conserva una posición dominante, Vučić podría cambiar de despacho sin abandonar el centro del poder. El objetivo sería transformar una limitación constitucional en una transición controlada.

El reto electoral para el Partido Progresista Serbio (SNS) se presenta mucho menos favorable que en convocatorias anteriores. El sondeo nacional publicado por la organización CRTA sitúa a la denominada Lista de Estudiantes con un 44,9% de la intención de voto, superando con holgura el 35,7% del partido gobernante entre los votantes decididos. El movimiento universitario ha sostenido casi dos años de movilizaciones ininterrumpidas tras el trágico derrumbe en la estación de Novi Sad en 2024. Con la disolución del Parlamento y el adelanto de los comicios para el próximo 25 de octubre, la plataforma juvenil ha completado su transición de la protesta callejera a una alternativa electoral sólida capaz de disputar el control del Ejecutivo.

Ahí radica el principal riesgo para el presidente Vučić: las manifestaciones masivas nacidas tras la tragedia ferroviaria de Novi Sad consiguieron unificar de forma transversal a sectores sociales profundamente polarizados. Sin embargo, traducir ese descontento callejero en un triunfo en las urnas el próximo 25 de octubre exige una compleja transición operativa. El movimiento universitario, que ha ganado popularidad al evitar liderazgos personalistas visibles, se enfrenta ahora al reto de estructurar una plataforma nacional con candidatos definidos, financiación transparente y propuestas sólidas en las 80 facultades controladas. El verdadero desafío es competir contra la formidable maquinaria electoral y clientelar del gobernante SNS, la cual ya ha desplegado millonarias promesas de inversión estatal de cara a los comicios.

El funeral de Ratko Mladić como acelerador político

Convocar las elecciones con apenas 45 días de margen reduce el tiempo disponible para que una estructura política nueva se consolide. El movimiento estudiantil, además, nació deliberadamente al margen de los partidos tradicionales. Esa independencia le ha permitido atraer a ciudadanos de distintas sensibilidades, pero puede convertirse en una debilidad cuando llegue el momento de presentar una candidatura nacional.

En este contexto, Mladić murió el 27 de agosto mientras cumplía cadena perpetua en La Haya por genocidio, crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra. El Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia lo declaró responsable, entre otros hechos, del genocidio de Srebrenica, donde fueron asesinados más de 8.000 hombres y niños bosnios musulmanes, y de su papel en el asedio de Sarajevo.

El regreso de sus restos a Serbia y su posterior funeral provocaron una fuerte controversia. El cuerpo fue trasladado desde Países Bajos en un avión oficial y varios ministros serbios acudieron posteriormente a la ceremonia, junto al hijo de Vučić. El presidente, sin embargo, no asistió y ha insistido en que se trataba de un acto privado.

La diferencia entre la posición formal del Gobierno y las imágenes de la ceremonia es precisamente lo que ha alimentado la polémica. La presencia de miembros del Ejecutivo y el carácter masivo del homenaje hicieron difícil separar completamente el funeral de la dimensión política.

La Unión Europea reaccionó con dureza institucional ante el funeral del exgeneral. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, António Costa, calificaron las imágenes de «impactantes» en un comunicado conjunto, denunciando que el soporte oficial y la asistencia de múltiples ministros de Estado —como los titulares de Justicia y Defensa— evidenciaron un fracaso flagrante al confrontar un capítulo oscuro de la historia reciente de Europa. El malestar diplomático escaló rápidamente cuando la nueva comisaria de Ampliación, Marta Kos, canceló formalmente su visita oficial programada a Belgrado, advirtiendo que la «glorificación» de un criminal condenado por el genocidio de Srebrenica es frontalmente incompatible con el proceso de adhesión.

Para Aleksandar Vučić, el episodio añade una compleja presión táctica de cara a las elecciones anticipadas. Aunque el mandatario evitó asistir personalmente a las honras fúnebres organizadas en el cementerio de Topčider, sí envió a su hijo Danilo y facilitó el uso de un avión gubernamental para repatriar los restos desde La Haya. Mladić sigue siendo reverenciado como un héroe por los sectores ultranacionalistas que forman el núcleo duro del electorado oficialista; no obstante, esta calculada condescendiencia interna erosiona el diálogo con Bruselas, congela los fondos comunitarios de desarrollo y reabre una profunda brecha geopolítica en los Balcanes.

Es una contradicción que el presidente lleva años intentando administrar: conservar el respaldo nacionalista sin cerrar la puerta a los beneficios de la UE.

¿Una elección para ganar o para ganar tiempo?

La convocatoria no significa necesariamente que Vučić considere segura la victoria. Puede significar exactamente lo contrario: que considera que el momento actual es más manejable que uno posterior.

Si las protestas continúan, si el movimiento estudiantil consigue organizarse y si el desgaste del SNS aumenta, esperar hasta 2027 podría resultar más arriesgado. Adelantar las elecciones permite a Vučić escoger el momento, movilizar a su estructura partidista y tratar de convertir la incertidumbre de sus adversarios en una ventaja electoral.

También le permite llegar a las urnas antes de que el movimiento estudiantil termine de transformarse en una maquinaria política plenamente consolidada. Si la oposición logra convertir la protesta en una candidatura cohesionada, las elecciones podrían convertirse en un referéndum político sobre más de una década de poder de Vučić.

El presidente controla todavía una poderosa estructura partidista y conserva un electorado significativo. La oposición, por su parte, tiene una oportunidad inédita, pero debe demostrar que puede hacer algo mucho más difícil que llenar las calles: obtener suficientes votos, defenderlos en las mesas electorales y convertir una mayoría social de descontento en una mayoría parlamentaria.

La cuestión central de las elecciones del 25 de octubre no será únicamente quién gana más escaños. Será si Vučić consigue transformar su salida constitucional de la Presidencia en una continuidad política desde el Gobierno. Y será también si el movimiento que nació en las universidades puede pasar de ser la principal fuerza de protesta de Serbia a convertirse en la alternativa capaz de disputar el poder. @mundiario