Merz acusa a la AfD de buscar una “limpieza étnica” en Alemania con su política de “remigración”

El Bundestag vivió este miércoles uno de los debates más ásperos de la legislatura alemana. Tres días después de la contundente victoria de Alternativa para Alemania (AfD) en Sajonia-Anhalt, el canciller Friedrich Merz convirtió la política migratoria en el centro de un enfrentamiento directo con la formación ultraderechista y, en particular, con su copresidenta, Alice Weidel. El punto culminante llegó cuando Merz afirmó que la “remigración” defendida por la AfD no es otra cosa que una “limpieza étnica” basada en el origen y el color de la piel.

La acusación tiene una enorme carga política en Alemania. No se trata únicamente de una discusión terminológica, sino de determinar hasta dónde puede llegar una política de expulsiones y retornos sin entrar en conflicto con los principios constitucionales del país. La AfD rechaza la interpretación de Merz y sostiene que su concepto de “remigración” se refiere a la devolución de extranjeros que carecen de derecho de residencia y que sus propuestas pueden aplicarse dentro del marco legal. 

La controversia llega después del terremoto electoral de Sajonia-Anhalt. La AfD obtuvo el 43,8% de los votos y 39 de los 83 escaños del Parlamento regional, quedándose a solo tres de la mayoría absoluta. La CDU de Merz cayó hasta el 17,2%, aproximadamente la mitad de su resultado anterior. El resultado convirtió a la AfD en la primera fuerza y abrió la posibilidad de que pueda gobernar un estado alemán por primera vez desde la II Guerra Mundial, aunque necesita apoyos externos.

Weidel llegó al Bundestag convencida de que el resultado había cambiado la relación de fuerzas. Presentó la derrota de la CDU como un plebiscito contra Merz y sostuvo que “la coalición negro-roja está acabada”. Su intervención fue mucho más allá de la inmigración: atacó el endeudamiento público, la política energética, la transición climática, el apoyo alemán a Ucrania y la relación con Rusia. La dirigente reclamó además recuperar el gas ruso y acusó al Gobierno de llevar al país hacia la ruina.

Merz respondió desde una posición políticamente debilitada, pero con un discurso frontal. “Son una fuerza destructiva”, dijo a la bancada de AfD, mientras sus diputados interrumpían reiteradamente su intervención. La tensión obligó a la presidenta del Bundestag, Julia Klöckner, a intervenir y advertir a los parlamentarios: “No estamos en un campo de fútbol”.

El núcleo del enfrentamiento fue, sin embargo, la “remigración”. Para la AfD, el término forma parte de una estrategia destinada a endurecer radicalmente la política migratoria. Su programa de 2025 plantea la “remigration” de personas sin derecho de residencia, el endurecimiento de las expulsiones y el retorno de quienes hayan dejado de reunir las condiciones para permanecer en Alemania.

En su propio documento de posición, el partido define el concepto como la devolución legal y conforme al Estado de derecho de extranjeros obligados a abandonar el país. También rechaza oficialmente la expulsión colectiva de extranjeros sin atender a su situación individual y la expulsión de ciudadanos alemanes por su origen migratorio.

Pero la dimensión política del concepto es considerablemente más amplia. La AfD defiende que determinados refugiados pierdan su protección cuando desaparezcan las causas que motivaron su acogida, reclama expulsiones prioritarias de delincuentes extranjeros y propone reducir los incentivos a la inmigración. En el debate de este miércoles, Weidel elevó todavía más el tono al reclamar la expulsión inmediata de más de un millón de refugiados cuyas solicitudes, según su afirmación, han sido rechazadas reiteradamente. El discurso sitúa a la inmigración en el centro de la explicación que ofrece la AfD para problemas relacionados con inseguridad, servicios públicos y deterioro económico.

Es precisamente ahí donde Merz establece la frontera. El canciller sostiene que Alemania necesita expulsar a quienes no tienen derecho a permanecer, pero distingue entre esa política y una expulsión determinada por el origen. “Pero hacemos una distinción cuidadosa entre quienes trabajan en Alemania, contribuyen a nuestra prosperidad y son bienvenidos aquí, y quienes no tienen residencia permanente y deben abandonar nuestro país. A diferencia de ustedes, nosotros hacemos esa distinción”, afirmó.

El canciller recordó que una parte sustancial de la mano de obra alemana tiene origen migrante y advirtió de las consecuencias de aplicar una política indiscriminada. “Si todos los trabajadores con origen migrante tuvieran que abandonar Alemania, muchas profesiones necesarias fallarían”, señaló. Y añadió: “Ninguna residencia de ancianos funcionaría, ningún hospital funcionaría, ningún restaurante podría abrir en Alemania”. Reuters también recoge que Merz vinculó la política de “remigración” con el riesgo de expulsar trabajadores necesarios para sectores esenciales.

AfD capitaliza estratégicamente este escenario mediante una narrativa de impugnación total. Su copresidenta, Alice Weidel, denuncia de forma sistemática que la «inmigración masiva» erosiona la seguridad pública y satira las finanzas del Estado, acusando directamente al Gobierno federal de instrumentalizar la política de fronteras abiertas para favorecer clientelas burocráticas e ideológicas.

Respaldada por su reciente e histórico avance electoral en los parlamentos regionales, Weidel articula un discurso que vincula directamente los flujos migratorios irregulares con el repunte de la criminalidad, el aumento del gasto social y la pérdida de competitividad industrial. Para revertir esta tendencia, la plataforma de AfD exige un repliegue del aparato estatal, la suspensión del acuerdo de Schengen para recuperar el control fronterizo estricto y un giro radical en materia energética que ponga fin a las políticas de transición verde vigentes.

La otra gran fractura apareció en la política exterior. La AfD defiende un acercamiento a Moscú y el levantamiento de las sanciones contra Rusia, mientras Merz mantiene el respaldo alemán a Ucrania. El canciller acusó al partido de situarse del lado de los intereses rusos y presentó esa posición como incompatible con la seguridad alemana

La dureza del choque también refleja la posición de Merz después de Sajonia-Anhalt. Su promesa de contener a la extrema derecha ha quedado seriamente cuestionada por un resultado que dejó a la CDU muy por detrás de la AfD. Al mismo tiempo, las elecciones de Berlín y Mecklemburgo-Pomerania del 20 de septiembre pueden prolongar la presión sobre la coalición y sobre el propio canciller.

El dilema político para el canciller es doblemente complejo. Debe responder al histórico avance electoral de AfD sin asimilar sus consignas ideológicas, pero al mismo tiempo tiene que gestionar una confrontación directa que amenaza con consolidar a la formación radical como el verdadero polo de la oposición sistémica. Desde el Partido Socialdemócrata (SPD), el líder de su grupo parlamentario en el Bundestag, Matthias Miersch, ha lanzado advertencias severas contra una dinámica de polarización destructiva entre los partidos tradicionales. El argumento de Miersch es claro: si las fuerzas que sostienen el centro democrático se aniquilan entre sí en un choque parlamentario constante, el único beneficiario real será quien busca dinamitar desde los cimientos el equilibrio institucional de la República Federal. @mundiario