Djokovic reina en Pekín y se sitúa a un solo título del récord de Roger Federer

El paso del tiempo suele transformar el paisaje de la élite deportiva, pero existen costumbres arraigadas que desafían cualquier ley biológica. Novak Djokovic volvió a encarnar esa certeza este martes en la pista central de Pekín, apretando con fuerza entre sus manos el trofeo que le acredita como campeón del torneo por séptima ocasión en su trayectoria. Lejos de ser un título menor dentro de su apabullante vitrina, este entorchado ATP 500 posee un valor sentimental incalculable para el tenista de Belgrado: «Estoy lleno de alegría», confesó tras un curso repleto de sinsabores y dudas físicas.

A sus 39 años de edad, el balcánico sigue rebelándose contra el declive a través de su fórmula más genuina: competir hasta la extenuación y ganar. Con este nuevo éxito, ‘Nole’ estira una plusmarca descomunal al encadenar 21 temporadas consecutivas festejando al menos una conquista oficial en el circuito profesional. Además, ratificó su idilio absoluto con la capital china, un territorio donde no competía desde 2015 y en el que todavía desconoce la derrota, firmando una hoja de servicios perfecta con 34 victorias y ningún tropiezo.

El desenlace del campeonato sonrió en esta oportunidad a Djokovic tras los sobresaltos de la jornada previa, marcada por la descalificación fortuita de Daniil Medvedev por golpear a un espectador. En la final, la fortuna le dio la espalda a Alex de Miñaur. El australiano, noveno clasificado del ranking mundial a sus 27 años, se vio mermado por un dolor agudo en el muslo izquierdo que terminó forzando su retirada prematura. «Novak, te admiro por todo lo que estás haciendo por el tenis», reconoció con caballerosidad el finalista mientras el campeón besaba el metal dorado aliviando meses de zozobra.

El trofeo llega como un auténtico bálsamo anímico tras un tramo de temporada en el que el cuerpo no le había respondido y los resultados esquivaban su raqueta. El serbio corría el riesgo real de cerrar el curso 2026 sin coronas en su casillero, una anomalía histórica que logró desactivar sobre el cemento asiático. Con 102 títulos individuales en su palmarés de la Era Open, Djokovic se coloca a un solo galardón de igualar el registro de Roger Federer (103) y otea en el horizonte el récord absoluto de Jimmy Connors (109).

«El carácter competitivo no es algo con lo que se nazca, sino que hay que construir. Se desarrolla cuando nadie está mirando. Este deporte requiere un cien por cien de compromiso y dedicación, pero no ya solo en la pista o los entrenamientos, sino como estilo de vida. Es un deporte bastante cruel. Cuando juego yo no regalo nada y me llevo al límite», reflexionó el veterano tenista serbio, quien continúa doblegando a adversarios a los que prácticamente dobla la edad o a figuras consolidadas en plena madurez deportiva como Alexander Zverev.

Inyección de moral asiática y la batalla abierta hacia Turín

El camino hacia la gloria en Pekín no estuvo exento de dificultades para el de Belgrado, quien aterrizó en suelo asiático arrastrando el mal sabor de boca de una gira norteamericana para el olvido, donde tropezó a las primeras de cambio tanto en Cincinnati como en el US Open. «No sabía cómo me iba a sentir aquí, porque venía de una gira terrible en cuanto a sensaciones en pista, salud y estado físico. Tuve dificultades, pero conseguí seguir adelante, luchar y remontar ante Yunchaokete Bu y Zverev. Estoy muy orgulloso de lo conseguido», afirmó el campeón, evitando detallar problemas físicos para no parecer que busca excusas.

Este triunfo en territorio chino representa el combustible ideal para encarar los desafíos del otoño con una renovada perspectiva competitiva. Además de erigirse como el campeón más veterano en la historia de un torneo ATP 500, la puntuación obtenida le permitirá reincorporarse al ‘top-10’ del ranking mundial, una selecta zona que había abandonado recientemente de forma momentánea. «Esto ha llegado en el mejor momento posible. Impulsa mi confianza y me demuestra que todavía puedo jugar al máximo nivel», sentenció con evidente satisfacción.

En paralelo a la coronación serbia, el circuito masculino ha experimentado un auténtico seísmo tras el anuncio de Jannik Sinner, quien confirmó que no volverá a competir en lo que resta de temporada debido a una persistente lesión de rodilla. La baja obligada del italiano, vencedor de las dos últimas ediciones de la Copa de Maestros en Turín y con plaza matemáticamente sellada junto a Carlos Alcaraz y Alexander Zverev, altera por completo la pugna por los billetes hacia el torneo de fin de año.

Con el tablero reorganizado, figuras como Ben Shelton —cuarto en la carrera anual—, Flavio Cobolli, Frances Tiafoe, Arthur Fils y Daniil Medvedev se encuentran en posiciones privilegiadas para sellar su clasificación. En ese escenario, el propio Djokovic se afianza actualmente dentro del cupo provisional de las ocho mejores raquetas del curso, seguido de cerca por el propio De Miñaur y con la revelación madrileña Rafa Jódar aún con opciones matemáticas de dar la sorpresa si brilla en los Masters 1000 de Shanghái y París-Bercy.

A la espera de comprobar si se producen nuevas bajas de última hora o renuncias voluntarias de veteranos como la que protagonizó el propio Djokovic en la pasada edición de 2025, el torneo de Maestros promete una batalla encarnizada. Mientras los jóvenes talentos ajustan cuentas para acudir a la cita italiana, Novak Djokovic celebra en Pekín una victoria monumental que trasciende los números, demostrando que su voracidad competitiva y su leyenda siguen más vivas que nunca. @mundiario