España extiende el invicto histórico en una noche milagrosa en Split

Y van 42, cuando todo invitaba a pensar que la legendaria cuenta competitiva de la Selección Española se detendría inexorablemente en 41. En una noche que amenazaba con descarrilar en territorio hostil y poner fin a una racha imperial que ya forma parte de los libros de historia, el conjunto dirigido por Luis de la Fuente demostró una vez más su inquebrantable capacidad de supervivencia. La campeona del mundo y de Europa sabe levantarse ante cualquier adversidad, recurriendo a su inagotable catálogo de recursos cuando el guion habitual se tuerce.

Cuando los focos no logran iluminar con la soltura acostumbrada el desborde de Lamine Yamal —quien volvió a superar la barrera de los 270 minutos acumulados en el parón por un estrecho margen—, el seleccionador nacional abre el baúl de las variantes y activa el resto de sus armas tácticas. El arsenal que atesora la plantilla española es prácticamente infinito, pero en las noches en las que el trámite muta en un auténtico thriller de suspense, pocos fusiles ofrecen la precisión y la fiabilidad que exhibe la bota de Mikel Merino.

El centrocampista navarro firmó un soberbio doblete para dinamitar la resistencia de una Croacia que saltó al césped con colmillos afilados, mordiendo en cada centímetro de la cancha y dispuesta a vengar sus recientes heridas continentales. La segunda diana, rubricada en el minuto 89 para consumar la remontada definitiva, representó una auténtica obra de arte al alcance de muy pocos: un control orientado primoroso dentro del área y un remate fulgurante propio de un consumado nueve de élite mundial.

Semejante desenlace goleador resulta aún más asombroso si se echa la vista atrás y se recuerda que Thomas Tuchel llegó a utilizar a Merino como defensa central durante su etapa formativa en el Borussia Dortmund. Con el transcurso de los almanaques, aquel zaguero reconvertido se ha transformado en un mediocentro de llegada demoledora, con un instinto innato para olfatear la sangre en el área de castigo y castigar los errores de marcaje en el momento más caliente de los partidos.

Sin embargo, el triunfo no puede entenderse de manera aislada sin ensalzar la sublime jerarquía mostrada por Pedri González en la medular. El futbolista tinerfeño actuó como el gran sostén anímico y futbolístico de la Roja, poniendo la pausa indispensable para enfriar el fervor balcánico y devolviendo el criterio al juego cuando las piernas locales amenazaban con imponer la ley de la refriega y el contacto constante.

Un cerrojo felino bajo palos y el billete matemático a cuartos

En el otro extremo del rectángulo de juego, la figura de Unai Simón emergió con la determinación de los elegidos para sostener con vida el récord nacional. El guardameta del Athletic Club de Bilbao sacó a relucir unos reflejos felinos prodigiosos, especialmente en una intervención milagrosa a bocajarro en el tramo final que evitó el descalabro del combinado nacional justo antes de que se desatara la tormenta ofensiva de su compañero en el área rival.

El nudo de los compromisos internacionales no siempre responde al mismo patrón táctico, variando entre el dominio aplastante de la posesión, el sufrimiento físico ante bloques rocosos o la agonía de las transiciones defensivas. No obstante, lo que permanece inalterable en este ciclo glorioso es el desenlace de los 90 minutos: España encuentra siempre la rendija precisa para imponer su ley y marcharse con los tres puntos en el bolsillo.

Este épico triunfo en Split certifica un pleno incontestable al cuatro en la fase de grupos de la Nations League, con doce puntos de doce posibles en el casillero federativo. La victoria rubrica el billete matemático hacia los cuartos de final del torneo continental, torneo en el que la Roja defiende corona y aspira a revalidar el entorchado obtenido en la recordada final de Róterdam.

La racha de 42 compromisos invicta sitúa a esta generación de futbolistas en una dimensión legendaria, superando registros que parecían inalcanzables en el fútbol moderno de alta intensidad. Lejos de acomodarse en los elogios que acaparan sus jóvenes estrellas emergentes, el grupo ha forjado un carácter de hierro donde cada integrante de la expedición asume su papel de revulsivo con una devoción incuestionable.

España gana, otra vez, y lo hace fiel a una estirpe competitiva que desafía cualquier conato de relajación sobre el verde. Con la tranquilidad de tener los deberes continentales cumplidos y la moral por las nubes tras otra noche épica de remontada, el bloque de Luis de la Fuente continúa ampliando su leyenda internacional, confirmando que, cuando la noche se pone oscura, el rifle de Mikel Merino siempre acude puntual a su cita con la historia. @mundiario