EE UU en modo electoral: el tándem de Mamdani y Ocasio-Cortez catapulta el socialismo al Congreso

Las elecciones de mitad de mandato del próximo 3 de noviembre ya condicionan toda la política estadounidense. Aunque Donald Trump aún ocupa la Casa Blanca, la batalla que realmente preocupa a Washington se libra en el Congreso, donde republicanos y demócratas miden fuerzas en unos comicios que tradicionalmente funcionan como un plebiscito sobre la gestión presidencial.

El presidente ha decidido anticipar esa contienda. En una inusual reunión televisada de su gabinete desde Camp David, convirtió un acto institucional en un discurso de campaña. La crisis migratoria de Ceuta fue utilizada como ejemplo de lo que, según él, ocurriría en EE UU si los republicanos pierden el control político.

“Eso mismo nos pasará a nosotros, solo que a mayor escala”, advirtió Trump, reforzando el endurecimiento de las políticas migratorias que ha convertido nuevamente en el eje de su estrategia electoral. La mayor crisis migratoria de la ciudad autónoma española confirmó que la Casa Blanca ya ha activado el modo electoral.

Las midterms renovarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado. Para Trump, el resultado será determinante. Perder alguna de las dos cámaras limitaría de forma drástica su capacidad para aprobar leyes durante la segunda mitad del mandato y reabriría la posibilidad de investigaciones parlamentarias sobre su Administración, una experiencia que ya vivió durante su primer mandato que resultaron en dos traumáticos juicios políticos.

Las encuestas continúan reflejando un escenario complejo para los republicanos. Los sondeos nacionales sitúan a los demócratas con ventaja, aunque el complejo sistema electoral estadounidense, unido al rediseño de distritos electorales (gerrymandering), mantiene abierta la pelea en varias decenas de circunscripciones que decidirán el control efectivo de la Cámara de Representantes.

La nueva izquierda cambia el eje del Partido Demócrata

Si Trump intenta movilizar a su electorado apelando a la inmigración, los demócratas afrontan un fenómeno que amenaza con romper el partido, por el ascenso de una nueva generación progresista que ha encontrado en Nueva York su principal laboratorio político. El alcalde Zohran Mamdani y la congresista Alexandria Ocasio-Cortez han consolidado una alianza que trasciende la política municipal para convertirse en uno de los principales polos de influencia dentro del Partido Demócrata.

Mamdani, convertido en una de las figuras políticas emergentes del país tras acceder con holgura al Ayuntamiento de Nueva York, ha respaldado a varios candidatos progresistas para la Cámara de Representantes, mientras Ocasio-Cortez amplía su influencia nacional apoyando campañas en estados clave como Míchigan. Ambos defienden una agenda basada en el socialismo democrático, con propuestas como la ampliación de la vivienda pública, el control de los alquileres, la expansión del Estado del bienestar o la sanidad universal.

Hasta hace pocos años, la palabra “socialismo” seguía siendo políticamente tóxica en gran parte de Estados Unidos. Hoy, sin embargo, la situación ha cambiado de forma significativa dentro del electorado más progresista de los demócratas. La victoria de Mamdani en Nueva York y el éxito de candidatos respaldados por el ala de los Socialistas Democráticos de América (DSA) han alimentado la percepción de que existe espacio electoral para un discurso mucho más ambicioso que el representado tradicionalmente por el centrista establishment demócrata.

Los analistas consideran que ambos dirigentes representan el relevo generacional del movimiento iniciado por el senador Bernie Sanders hace una década y que aspiran a desplazar progresivamente el centro de gravedad ideológico del partido hacia posiciones más claramente socialistas.

Preocupación entre los demócratas moderados

Ese crecimiento no está exento de tensiones internas. Los sectores más moderados del Partido Demócrata observan con inquietud cómo el éxito electoral de Mamdani y Ocasio-Cortez puede reforzar una agenda que consideran difícilmente exportable a los estados más conservadores, donde realmente se decidirá el control del Congreso.

La influencia creciente del ala socialista también genera fricciones con dirigentes históricos y con parte del aparato tradicional, especialmente en cuestiones como la política hacia Israel, el gasto público, la abolición de las fronteras, la desfinanciación de las policías y el Departamento de Guerra o la estrategia electoral para las presidenciales de 2028.

Paradójicamente, el auge progresista también ofrece a los republicanos uno de sus principales argumentos de campaña. Trump lleva meses presentando las elecciones como una elección entre el modelo conservador y un supuesto avance del “socialismo” dentro del Partido Demócrata.

La consolidación política de Mamdani y Ocasio-Cortez facilita esa narrativa, que ya ocupa buena parte de los discursos del presidente y de los anuncios republicanos. La Casa Blanca pretende movilizar a su electorado identificando al conjunto del Partido Demócrata con las posiciones del ala socialista, aunque esa estrategia también corre el riesgo de reforzar precisamente a quienes pretende desacreditar. @mundiario