No resultó para nada un trámite tan plácido como refleja el marcador final, pero el Arsenal sacó a relucir toda su jerarquía de peso pesado para superar el examen y terminar goleando al Lille de Davide Ancelotti (3-0). Con este triunfo de madurez competitiva, el conjunto londinense conserva el pleno de victorias en la presente edición de la Champions League y continúa afianzado con autoridad en la cima del fútbol europeo tras haber arrancado la competición con otro convincente triunfo previo ante el Napoli.
La velada continental en el Emirates Stadium comenzó con una clara declaración de intenciones tácticas por parte de Mikel Arteta. Con la mirada puesta en la dosificación física ante el exigente calendario otoñal, el preparador vasco optó por agitar el once inicial introduciendo rotaciones de calado y otorgando descanso a piezas fijas de su columna vertebral como Kai Havertz, Martin Odegaard, Riccardo Calafiori y Bukayo Saka, una apuesta atrevida que restó fluidez y automatismos a la circulación del balón en los primeros compases.
Esa falta de engranajes ofensivos habituales permitió al Lille asentarse sobre el tapete londinense con orden y disciplina táctica. El bloque adiestrado por Davide Ancelotti tejió una tupida telaraña en la medular que cerró todas las líneas interiores, obligando al Arsenal a estrellarse una y otra vez en tres cuartos de cancha sin hallar claridad. Durante los primeros veinte minutos, el dominio territorial de los anfitriones fue completamente estéril frente a un adversario francés cómodo en su repliegue y sin fisuras.
El primer aviso serio del conjunto local se produjo rebasado el ecuador del primer tiempo a través del empuje de Jurriën Timber por el carril diestro. El zaguero neerlandés puso un centro medido al corazón del área que Bruno Guimarães remató fuera por muy poco tras llegar en carrera desde segunda línea. Acto seguido, fue Mikel Merino quien conectó otro envío lateral del lateral diestro, aunque su testarazo pecó de escasa potencia y acabó mansamente atrapado por el guardameta Ozer.
A pesar de no prodigarse en ataque, el cuadro galo estuvo a punto de dar la campanada antes de enfilar el túnel de vestuarios. En una aislada y vertiginosa contra, el ariete japonés Ayase Ueda batió las redes locales para helar momentáneamente a la hinchada londinense, pero la oportuna intervención arbitral invalidó la acción por fuera de juego, enviando a ambos contendientes a las casetas con un inquietante 0-0 que exigía un golpe de timón en la reanudación.
Diez minutos de ciclón Gunner y sentencia de Bukayo Saka
El segundo acto arrancó bajo un panorama idéntico, con un Arsenal dueño absoluto de la posesión pero atascado ante la muralla visitante, hasta que la genialidad individual de Timber hizo saltar por los aires el cerrojo defensivo. El internacional neerlandés amortiguó el esférico con un magnífico control orientado en la frontal y sorprendió a Ozer con una definición exquisita que besó la red en el 1-0, liberando de un plumazo toda la ansiedad acumulada en la grada y en el banquillo.
El tanto inaugural descorchó el tarro de las esencias del bloque inglés, que olió sangre y desató un vendaval imparable en cuestión de diez minutos de auténtico escándalo. Apenas transcurridas unas jugadas tras el primer impacto, una presión asfixiante de los ‘gunners’ forzó una recuperación en zona de peligro que Bukayo Saka, ya incorporado al juego con piernas frescas, convirtió en un pase de la muerte al corazón del área para que Eberechi Eze firmara el 2-0 con un remate contundente.
Lejos de conformarse con la renta cosechada, el conjunto cañonero aprovechó la desconexión total del Lille para poner la guinda a la fiesta europea. De nuevo con el atacante inglés asumiendo el protagonismo, Saka cazó un balón franco dentro del área grande y fusiló la portería francesa para estampar un 3-0 demoledor que premió la insistencia de un equipo desatado en los metros finales.
Con la contienda vista para sentencia y el graderío entonando cánticos de celebración, los discípulos de Arteta se dedicaron a administrar la renta con una posesión pausada y un control absoluto del ritmo del choque. El conjunto de Ancelotti bajó definitivamente los brazos ante la superioridad física de su rival, incapaz de generar respuesta alguna en unos compases finales que discurrieron sin sobresaltos para la zaga londinense.
El pitido final certificó una noche redonda para un Arsenal que ratifica su candidatura indiscutible en la élite europea. La solvencia defensiva, la capacidad para descifrar partidos espesos y la tremenda pegada exhibida tras los cambios confirman que la plantilla de Arteta dispone de fondo de armario suficiente para aspirar a todo en una temporada continental que ha comenzado con paso firme e inmaculado. @mundiario
