El Athletic de Valverde camina hacia un récord histórico que avergüenza San Mamés

El Athletic Club atraviesa una temporada que incomoda más allá de la tabla de posiciones. No se trata solo de perder partidos, sino de la dimensión histórica que empieza a adquirir este curso. La sensación es que cada derrota pesa doble: en el presente inmediato y en la memoria colectiva de San Mamés.

Tras 35 jornadas, el equipo bilbaíno suma ya 17 caídas en LaLiga, igualando su peor registro histórico. Ese dato, que solo se había dado en la campaña 2005-06, vuelve a aparecer ahora en un contexto igualmente inquietante. La estadística no es un número aislado: es un reflejo de un desgaste que amenaza con marcar la temporada como una de las más dolorosas.

Las sensaciones acompañan a los números. El Athletic ha sido incapaz de construir una línea de estabilidad competitiva. Alterna partidos de gran nivel con desconexiones inexplicables, un contraste que resulta especialmente duro en un club identificado históricamente con la fiabilidad y el carácter competitivo. La irregularidad se ha convertido en su sello más visible.

El rendimiento fuera de San Mamés ha acentuado la crisis. Errores defensivos repetidos, falta de contundencia en las áreas y una fragilidad emocional alarmante han transformado encuentros controlados en derrotas inesperadas. Esa vulnerabilidad lejos de casa explica buena parte de un registro que amenaza con convertirse en cicatriz histórica para el Athletic.

San Mamés empieza a mirar con preocupación el proyecto

La comparación con campañas traumáticas del pasado se ha convertido en un espejo incómodo para el Athletic. La memoria rojiblanca recuerda con nitidez aquel 2006/07 en el que el descenso fue un fantasma real hasta las últimas jornadas, o el 2008/09, cuando la final de Copa sirvió de bálsamo en medio de una Liga desastrosa. Hoy, sin embargo, no existe ese refugio emocional: la temporada se consume sin premio ni consuelo.

El desgaste competitivo es la herida más visible. Ernesto Valverde mantiene intacto el respeto de la institución y de la afición, pero el equipo transmite síntomas de agotamiento futbolístico y mental en demasiados tramos. La chispa que solía sostener al Athletic parece apagarse en partidos clave, dejando la sensación de un grupo que lucha más contra sí mismo que contra el rival.

En Bilbao, además, la presión identitaria multiplica la exigencia. No basta con competir: importa cómo se compite. El estilo, la intensidad y el orgullo son parte inseparable del ADN rojiblanco. Y es precisamente ahí donde más dudas ha dejado este curso, con actuaciones que han erosionado la confianza de San Mamés y han puesto en cuestión la capacidad del equipo para representar fielmente su tradición.

Las estadísticas de derrotas son el símbolo de esa fractura. Con 17 caídas en 35 jornadas, el Athletic ya iguala su peor registro histórico y se encuentra a un paso de un récord negativo absoluto en Primera División. Más allá de los números, lo que pesa es la cicatriz emocional: un club acostumbrado a proteger su orgullo incluso en los años más oscuros se enfrenta ahora al riesgo de quedar marcado por una temporada que amenaza con instalarse en la memoria como una de las más dolorosas. @mundiario