La Asamblea General Ordinaria de 2026 del FC Barcelona concluyó tras una maratón dialéctica de más de diez horas, dejando un reguero de declaraciones de alto voltaje institucional. Joan Laporta, fiel a su estilo vehemente y sin filtros, compareció en el tramo final para someterse a las preguntas de los socios compromisarios. En el centro de la tormenta mediática aguardaba la fallida operación estival por Julián Álvarez, un expediente que el mandatario azulgrana no dudó en reabrir con dureza.
El presidente barcelonista apuntó directamente a las oficinas del Metropolitano para denunciar la postura hostil del Atlético de Madrid durante las negociaciones. «Se han hecho los ofendidos, no tenían forma de justificar su actitud. Hicimos lo que se hace habitualmente, hubo comunicación club-club y luego hubo una comunicación personal mía con Gil Marín», desveló el abogado barcelonés, describiendo los contactos iniciales con el máximo accionista colchonero.
Sin embargo, el desenlace del contacto no tardó en descarrilar por completo. Según la versión del dirigente culé, Gil Marín adujo motivos de plantilla antes de romper filas: «Me dijo que no venía porque no tenían alternativa. Luego reaccionaron fuera de lugar. No sé a qué se debió, me lo imagino, pero no tengo pruebas. Nos venían noticias que se lo venderían a todos los clubs menos al Barça. Luego se quitaron la careta y lo dijeron abiertamente».
Pese al desencuentro con la directiva rojiblanca, el líder culé prefirió dar carpetazo al asunto ensalzando la marcha del equipo bajo la dirección de Hansi Flick. «Es un tema pasado, y estamos muy contentos con la plantilla que tenemos, y el entrenador está muy feliz también», zanjó con optimismo, recordando además que un triunfo a domicilio en el Sánchez-Pizjuán certificaría el octavo triunfo consecutivo de la temporada.
La identidad del club y su posicionamiento institucional también centraron el debate societario, llevando al mandatario a reivindicar las raíces ideológicas de su cúpula sin perder la proyección internacional. «Estamos muy orgullosos de nuestro catalanismo, es la Junta más catalanista de la historia. Defendemos nuestras libertades y tenemos claro nuestro compromiso, pero debemos ser una Junta de todos los culés y pensamientos, siempre que se respete la democracia. Es importante tener un Barça global, cuantos más globales, más fuertes y libres seremos. Espero que todos los culés estén cómodos. No hacemos política con el Barça, pero sí país», proclamó.
La defensa de la selección, el dardo al calendario y el reto polideportivo
En esa misma línea de conciliación institucional, Laporta salió al paso de las críticas de un socio por su presencia activa en el pasado Mundial respaldando a la selección española de Luis de la Fuente. Lejos de esquivar el reproche, el presidente sacó pecho por el peso formativo de La Masia en el combinado nacional: «Había ocho jugadores del Barcelona en la selección. El Barça ganó el Mundial. Era importante que estuviera allí, como presidente del Barcelona. Debía estar».
Dicho respaldo, según argumentó el jerarca blaugrana, forma parte de una hoja de ruta estratégica para normalizar relaciones con las altas esferas del fútbol español sin renunciar a sus ideales. «El trato de la selección fue exquisito, pero eso no me hace renunciar a mi forma de pensar. Hay que construir puentes con la Federación y LaLiga, subrayó el mandatario, defendiendo la diplomacia institucional en tiempos de trincheras.
Donde Laporta no concedió tregua fue con las entidades que rigen el fútbol europeo e internacional, señalando de forma implacable el desgaste físico de los futbolistas. «Este parón de cuatro partidos afecta a nuestro ritmo de preparación. Nos perjudica enormemente. Hay que seguir luchando y encontrar el punto justo. Hay muchos campeonatos, la Conference, la Nations… el calendario está muy apretado», disparó en referencia a las continuas interrupciones de las ligas domésticas.
El dirigente profundizó en la necesidad de que los futbolistas coloquen a la entidad azulgrana en el centro de sus prioridades competitivas ante semejante saturación. «Queremos que los jugadores ganen títulos con el Barça. Me gustaría que los jugadores tuvieran como prioridad al Barça, y creo que lo tienen», reflexionó, evidenciando la preocupación que existe en la caseta por las lesiones en convocatorias internacionales.
Para concluir, Laporta ratificó que el homenaje pendiente a Lionel Messi sigue en pie —aunque descartó su regreso en activo sobre el césped del Spotify Camp Nou— y abordó la compleja viabilidad económica de las secciones. «Estamos orgullosos de todas, configuran el club polideportivo más grande del mundo e invertimos todo lo que podemos. Pero provocaban menos margen salarial. Acumulan 50 Champions, pero la mayoría de ingresos vienen del fútbol y con ellos pagamos las secciones, esto es así», sentenció para cerrar una asamblea marcada por la crudeza de los números y la firmeza del discurso. @mundiario
