Francia intenta recuperar la normalidad después de una de las mayores oleadas de protestas y disturbios de los últimos años. Las movilizaciones del sábado reunieron a cientos de miles de personas en unas 110 marchas, pero la protesta social terminó derivando en saqueos, incendios y ataques contra edificios públicos. Más de 2.000 personas han sido detenidas y el Gobierno ha desplegado toques de queda en varias de las grandes ciudades afectadas.
Imágenes como la del incendio que destruyó el Ayuntamiento de Limoges han hecho mella en la clase política para asumir el calado de la crisis. La Policía detuvo a un hombre de 34 años señalado como principal sospechoso y vinculado por las autoridades a la ultraizquierda. El Ayuntamiento de Limoges confirmó que el detenido estaba fichado por los servicios de inteligencia y pertenecía a ese entorno de agitadores extremistas y antifascistas.
Pero incluso antes de que las investigaciones hayan establecido quién organizó, coordinó o protagonizó cada episodio violento, la mayoría de los partidos han volteado a mirar hacia Jean-Luc Mélenchon. El primer ministro, Sébastien Lecornu, situó desde el comienzo a La Francia Insumisa (LFI) bajo sospecha política. Después se incorporaron al discurso otros sectores del arco parlamentario, desde la extrema derecha hasta el centro y parte de la socialdemocracia.
El exprimer ministro Édouard Philippe y líder del partido Horizons, una de las principales figuras del centroderecha de cara a las presidenciales de 2027, ha acusado a los insumisos de cuestionar los fundamentos de la República. Raphaël Glucksmann, líder de Plaza Pública y ganador de las primarias del espacio del Partido Socialista, ha cargado también contra una estrategia que, a su juicio, puede alimentar el caos y terminar beneficiando a la extrema derecha.
Desde la derecha, el ex primer ministro Gabriel Attal (Renacimiento) y el exministro del Interior Bruno Retailleau (Los Republicanos) se han sumado a las críticas. Marine Le Pen, líder del Reagrupamiento Nacional (RN), ha sostenido que las reivindicaciones sociales fueron “secuestradas” por la extrema izquierda. Emmanuel Macron, por su parte, ha prometido que quienes hayan intentado atacar las instituciones republicanas responderán ante la justicia.
La acumulación de acusaciones resulta en una avalancha sobre uno de los candidatos presidenciales con más enteros de pasar a segunda vuelta en abril. Pero no existe un único bloque ideológico enfrentado a Mélenchon, la presión sobre LFI procede de sectores muy diferentes que comparten, al menos, la preocupación por el papel de la violencia política y callejera.
Selon M. Lecornu, « un mouvement de l’ultra-gauche a envie d’organiser un désordre profond dans le pays jusqu’à l’élection présidentielle ». De qui parle-t-on ? Où ? Quand ? Comment ? Ce n’est pas une plaisanterie ! M. Lecornu et d’autres affirment d’ailleurs que nous comptons tirer parti du désordre pour gagner cette élection. Comment peuvent-ils nous croire aussi stupides ? Retour au sérieux. Ça suffit de jouer les apprentis-dictateurs qui manient les oppositions politiques au fouet !
— Jean-Luc Mélenchon (@JLMelenchon) October 20, 2026
Una comisión investigará qué ocurrió
La Asamblea Nacional abrirá una comisión de investigación para analizar los acontecimientos del sábado, los posibles fallos del dispositivo policial y el papel de los grupos que participaron en los episodios violentos. La magnitud de las protestas sorprendió a las autoridades. Las previsiones manejadas inicialmente situaban en torno a 200.000 los manifestantes, mientras que la cifra final se aproximó a los 800.000 participantes. El propio Gobierno ha reconocido errores en la preparación del dispositivo.
Lecornu ha anunciado un despliegue policial masivo ante las nuevas movilizaciones convocadas por los chalecos amarillos. En París, Lyon, Niza y Lille se mantienen restricciones nocturnas en las zonas más afectadas, mientras las autoridades buscan impedir que una nueva jornada de protesta vuelva a degenerar en violencia. El objetivo de esa investigación será precisamente determinar si existe una estructura política detrás de los disturbios o si, como sostienen otras fuentes, confluyeron una protesta social de gran magnitud, grupos violentos de ultraizquierda y delincuentes oportunistas sin una dirección política común.
Mediapart publicó un intercambio de mensajes atribuido a un comisario de los servicios de inteligencia territorial en el que este cuestionaba que se atribuyera a LFI la organización del movimiento. Según el medio, el agente afirmaba que esa conclusión no podía sostenerse objetivamente y sugería que existían decisiones políticas detrás de la petición de señalar al partido de Mélenchon.
La Fiscalía de París también introdujo una cautela relevante. Su responsable, Laure Beccuau, afirmó que no podía confirmar que los autores de la violencia registrada en París estuvieran políticamente vinculados a la ultraizquierda, una declaración que contrasta con algunas de las afirmaciones realizadas desde el Gobierno. Lecornu ha rechazado cualquier acusación de instrumentalización de los servicios policiales. El primer ministro sostiene que en Francia no existe un sistema de espionaje político contra la oposición y ha acusado a LFI de utilizar torticeramente la información publicada por Mediapart.
Mélenchon habla de una “crisis de régimen”
La respuesta del líder de La Francia Insumisa ha sido frontal. Mélenchon sostiene que Francia atraviesa una “crisis de régimen” y ha responsabilizado al Gobierno y al dispositivo policial de haber generado las condiciones para el caos. El partido dispone de una implantación especialmente fuerte entre sectores jóvenes, estudiantes y parte de las periferias urbanas, especialmente los conocidos banlieues, precisamente algunos de los espacios sociales que alimentan las movilizaciones. Esa capacidad de movilización puede convertirse en una ventaja política para la izquierda radical, pero también en una fuente de desgaste si una parte de la opinión pública identifica las protestas con violencia organizada.
Por ahora, Mélenchon mantiene el respaldo de una parte significativa de su electorado. Los sondeos publicados en octubre muestran, además, que la ofensiva contra él no ha impedido que conserve una posición central en la carrera presidencial. En una media de las últimas encuestas disponible el 19 de octubre, Le Pen aparece en torno al 32,7 %, Mélenchon alrededor del 15,5 %, Philippe en el 13,1 % y Glucksmann en el 12,3 %.
La proximidad entre Mélenchon y Philippe convierte cada movimiento político en especialmente relevante. La disputa por el segundo puesto de la primera vuelta es también una disputa por quién puede representar al bloque capaz de enfrentarse a Le Pen en el balotaje, aunque el resultado final dependerá de una campaña todavía por comenzar.
El verdadero temor del centro francés
Ahí se encuentra una de las razones que explican parte de la intensidad de la ofensiva contra los insumisos. Desde hace años, el centro político francés intenta preservar un espacio situado entre la extrema derecha y la izquierda radical. La aparición de Mélenchon como candidato competitivo altera ese equilibrio. Si LFI consiguiera desplazar a las opciones socialdemócratas y centristas, el mapa de alianzas de la segunda vuelta cambiaría radicalmente.
Glucksmann acaba de imponerse en las primarias socialistas, pero todavía no ha conseguido trasladar esa victoria interna a una posición comparable a la de los principales candidatos en las encuestas. Mientras tanto, Philippe mantiene una base relevante y Mélenchon ha experimentado un crecimiento en algunas mediciones recientes.
Por eso el conflicto de las calles llega en el peor momento para LFI desde el punto de vista electoral. Cada imagen de un edificio público en llamas, cada saqueo y cada enfrentamiento policial alimenta el argumento de quienes pretenden presentar a Mélenchon como una amenaza para el orden republicano. Pero también existe el riesgo contrario: que la ofensiva política termine reforzando la percepción entre los simpatizantes de LFI de que existe una operación coordinada para aislar a su líder. @mundiario
