El Celta sigue confundiendo reaccionar con competir

El Celta volvió a marcharse de Balaídos con las manos vacías en una noche europea. La derrota ante el Union Saint-Gilloise (1-2) dejó una sensación preocupante: los vigueses parecen necesitar verse contra las cuerdas para ofrecer su versión más competitiva. Y en Europa, reaccionar cuando el daño ya está hecho no siempre resulta suficiente.

El conjunto de Claudio Giráldez había conseguido lo más complicado: adelantarse ante un rival que llegaba invicto y con siete puntos de nueve posibles. El golazo de Pablo Durán parecía abrir un escenario favorable, pero los celestes fueron incapaces de aprovecharlo para imponer las condiciones del encuentro.

El principal problema no fue perder la ventaja, sino la manera de hacerlo. El Celta permitió que el conjunto belga recuperase protagonismo y encontrase espacios para atacar. Los números al descanso reflejaron esa situación: siete disparos visitantes por apenas tres de los gallegos.

Tampoco funcionó la gestión defensiva. El primer gol de Zeneli evidenció los espacios entre líneas, mientras que el segundo llegó después de una acción mal resuelta dentro del área. Dos situaciones diferentes que dejaron una misma conclusión: al Celta le está costando demasiado proteger su portería en Europa.

Lo más llamativo fue que, una vez por detrás en el marcador, apareció un equipo mucho más reconocible. Los vigueses adelantaron líneas, aumentaron su presencia ofensiva y comenzaron a generar las oportunidades que apenas habían encontrado durante buena parte del encuentro.

La entrada de Iago Aspas también contribuyó a mejorar el ataque, mientras Pablo Durán continuó siendo uno de los futbolistas más peligrosos. Sin embargo, Koffi apareció una y otra vez para evitar el empate, especialmente en el mano a mano de Javi Rueda. El Celta tuvo ocasiones para rescatar un punto, pero no encontró el acierto necesario.

Sería injusto, no obstante, reducir todo a los errores locales. El Union Saint-Gilloise demostró por qué estaba entre los mejores clasificados de la competición. Su presión, verticalidad y capacidad para alternar fases de dominio con un repliegue ordenado terminaron siendo determinantes.

La derrota también obliga a mirar hacia el banquillo. Giráldez consiguió mejorar al equipo con sus modificaciones, pero su planteamiento inicial no permitió controlar el partido durante suficiente tiempo. El técnico tendrá que encontrar soluciones para que sus futbolistas no dependan constantemente de una reacción desesperada.

Tres derrotas en cuatro jornadas son un balance demasiado pobre para un Celta que aspira a superar la fase de liga. La victoria en Glasgow había devuelto la ilusión, pero el tropiezo ante los belgas vuelve a situar al equipo en una posición comprometida.

Quedan cuatro jornadas y todavía existe margen para corregir el rumbo. Sin embargo, el próximo compromiso ante el Bournemouth adquiere una importancia considerable. El Celta necesita dejar de conformarse con competir por momentos y empezar a hacerlo durante los noventa minutos. @mundiario