El VAR, cada vez más cuestionado: ¿tecnología o errores humanos?

El VAR llegó al fútbol para corregir errores y hacer las competiciones más justas. Sin embargo, ocho años después de su implantación en La Liga, las polémicas arbitrales siguen siendo protagonistas cada jornada y las nuevas tecnologías parecen generar tantas preguntas como respuestas.

No bastaba con las discusiones sobre los fueras de juego semiautomáticos, las manos, los penaltis o las expulsiones. Ahora también se cuestiona el funcionamiento del balón conectado, una tecnología estrenada esta temporada que permite identificar el instante exacto en el que un futbolista toca la pelota.

La última controversia nació en el derbi vasco entre Athletic Club y Real Sociedad. En el minuto 44, Jon Aramburu disputó un balón con Nico Williams dentro del área y el colegiado señaló un penalti que el VAR confirmó. Álex Berenguer transformó la pena máxima y anotó el definitivo 2-1.

La polémica llegó después del encuentro. El Comité Técnico de Árbitros reconoció que existió un desfase de sincronización de entre 20 y 40 milisegundos entre los datos del balón y las imágenes del VAR. Tras corregirlo, las mediciones apuntaron a que Aramburu había tocado la pelota, por lo que la decisión de señalar penalti pudo ser incorrecta.

El CTA defendió que los árbitros actuaron correctamente con la información disponible, mientras que la Real Sociedad denunció errores tanto en la apreciación inicial como en la revisión de las imágenes. Una situación difícil de justificar cuando precisamente se ha incorporado una herramienta que debería reducir las dudas y no multiplicarlas.

Tampoco sería justo afirmar que estos problemas son exclusivos del fútbol español. La Premier League, la Bundesliga o la Serie A también acumulan controversias relacionadas con el videoarbitraje. De hecho, la UEFA ha advertido sobre el exceso de intervenciones en acciones milimétricas y la necesidad de unificar los criterios arbitrales.

Pero tampoco podemos ignorar lo que ha mejorado el VAR. En las ocho primeras jornadas de la Premier League 2026/27, el porcentaje de decisiones acertadas en acciones clave pasó del 88% sobre el césped al 99% después de las intervenciones del videoarbitraje. Goles anulados correctamente por fuera de juego o mano demuestran que la tecnología sigue evitando injusticias que antes podían decidir partidos.

Lo que resulta más difícil de comprender es la negativa de La Liga a incorporar la tecnología de línea de gol, utilizada desde hace años en otras grandes competiciones. La patronal considera excesivo su coste, estimado en cuatro millones de euros, y argumenta que se utilizaría en muy pocas ocasiones. Sin embargo, basta con que una de esas acciones decida un campeonato para cuestionar semejante ahorro.

Y aquí también conviene hablar de prioridades económicas. En 2023 se aprobó una modificación retributiva que permitía a Javier Tebas alcanzar los 5,47 millones de euros, aunque las últimas cuentas oficiales reflejan que percibió 3,32 millones en la temporada 2024/25, menos que el ejercicio anterior. Son partidas económicas diferentes, pero resulta legítimo preguntarse por qué determinadas inversiones se consideran demasiado caras mientras la dirección de la competición maneja remuneraciones millonarias.

El VAR ha contribuido a hacer el fútbol más justo, pero todavía está lejos de ofrecer la seguridad que prometía. Los errores humanos seguirán existiendo, aunque deberían reducirse con herramientas fiables y procedimientos transparentes. Porque lo verdaderamente preocupante ya no es que un árbitro se equivoque, sino que, después de revisar una jugada desde todos los ángulos y con toda la tecnología disponible, el fútbol siga sin poder explicar con certeza qué ocurrió. @mundiario