La expulsión de Marcos Alonso ofrece una explicación evidente para el derrumbe del Celta en la segunda mitad, pero quedarse únicamente ahí sería simplificar demasiado lo sucedido en Balaídos. El equipo de Claudio Giráldez ya había mostrado problemas mucho antes de quedarse con diez: tuvo el balón, manejó los porcentajes de posesión y se adelantó pronto, pero apenas consiguió transformar ese dominio territorial en peligro real.
Los números de la primera parte son especialmente reveladores. El Celta llegó al descanso con un 61,9% de posesión, pero había realizado únicamente un disparo, precisamente el que Iago Aspas convirtió en el 1-0 en el minuto 14. Osasuna, con solo un 38,1% de balón, ya acumulaba cuatro remates. Tener la pelota no estaba significando atacar más.
La tendencia incluso se había advertido mucho antes. A los 25 minutos, los vigueses dominaban la posesión con un abrumador 73,4% frente al 26,6%, mientras el balance de disparos era de 1-2 para Osasuna. Aspas había encontrado un gol extraordinario desde fuera del área, pero después de ponerse por delante el Celta dejó de acelerar. Abel Bretones rozó el empate desde lejos, Raúl García probó a Radu y los navarros fueron acercándose con mayor frecuencia pese a disponer mucho menos del balón.
Ahí aparece el verdadero problema de la noche celeste. La posesión fue demasiado horizontal e inerte. El equipo movió con paciencia, juntó pases y obligó a Osasuna a defender durante largos periodos, pero faltaron rupturas, profundidad y presencia dentro del área. El gol de Aspas nació más de la calidad individual del capitán que de una secuencia ofensiva capaz de desmontar al rival. Después de marcar, el Celta fue perdiendo ritmo y Osasuna empezó a sentirse cada vez más cómodo.
Entonces llegó la acción que cambió definitivamente el encuentro. Marcos Alonso vio inicialmente amarilla por su entrada sobre Iker Muñoz, pero Miguel Sesma Espinosa acudió al monitor y convirtió la amonestación en expulsión. Giráldez sacrificó inmediatamente a Aspas para introducir a Starfelt y recomponer la estructura defensiva. Cuatro minutos después, Kike Barja hizo el empate.
Jugar prácticamente toda la segunda parte con diez condicionó cualquier intento de reacción, pero tampoco puede convertirse en una explicación para todo. Al minuto 75, el dato era demoledor: el Celta continuaba con un solo disparo en todo el partido mientras Osasuna ya sumaba nueve. Además, aquella superioridad inicial con balón había desaparecido por completo: la posesión estaba prácticamente igualada, 50,3% para los vigueses y 49,7% para los navarros.
Osasuna entendió mucho mejor el nuevo escenario. Ramis introdujo a Rubén García y Ante Budimir en el minuto 57 y apenas unos minutos después llegó la mano de Javi Galán que terminó en penalti. Budimir convirtió el 1-2 y los visitantes pasaron a controlar el encuentro frente a un Celta incapaz de encontrar una vía clara para atacar en inferioridad. La entrada posterior de Hugo Álvarez aportó algo más de profundidad, pero fueron acciones puntuales, no una reacción sostenida.
Giráldez movió el banquillo con Carreira, Hugo Álvarez, El-Abdellaoui y posteriormente Jutglà, aunque el dibujo terminó siendo más una cuestión de supervivencia que una verdadera ofensiva. Osasuna pudo dormir fases del partido con posesiones largas y el Celta solo consiguió instalarse algo más cerca del área cuando los navarros decidieron replegarse para proteger el resultado. Incluso en el añadido, la ocasión más clara para cambiar el marcador estuvo cerca de ser el 1-3, cuando Budimir no consiguió culminar una gran acción de Rubén García.
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— Celta (@RCCelta) August 27, 2026
El debate, por tanto, va más allá de la roja. El Celta necesita que su posesión sirva para algo. Ya había mostrado dificultades para generar ocasiones en Mestalla y ante Osasuna volvió a acumular pases sin convertirlos en amenaza. Con once futbolistas fue incapaz de aumentar una ventaja conseguida gracias al talento de Aspas; con diez, directamente dejó de tener el control del encuentro. La expulsión cambió el partido, sí, pero el problema ofensivo ya estaba encima de la mesa mucho antes. @mundiario
