Biden iba acompañado de la primera dama, Jill Biden, y su primera parada fue en el escenario de la tragedia. Depositaron un ramo de rosas blancas en el memorial improvisado que los familiares y vecinos han instalado en la entrada del centro educativo. Allí hay 21 cruces blancas, con los nombres y las fotografías de las víctimas, cubiertos con mensajes, recuerdos y flores.
El presidente de EE.UU. se pararon allí, entrelazaron los brazos, pasaron por las fotos de las víctimas, las tocaron con las manos. Biden se secó una lágrima de la mejilla y desde el otro lado de la acera, donde se congregaron vecinos, se escucharon gritos: «Necesitamos ayuda», «necesitamos cambio».
Ni el presidente ni su mujer se acercaron a ellos. Se metieron en ‘La bestia’ -el coco blindado en el que se mueve el mandatario- y se alejaron hacia su siguiente destino, la Iglesia del Sagrado Corazón, el único templo católico de Uvalde.
Biden y su esposa, durante la visita al memorial de las víctimas de Uvalde
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Reuters
Críticas a los agnetes
Los gritos, sin embargo, eran el testimonio de la desesperación y de la indignación del pueblo tras la matanza. Muchos no pueden entender cómo alguien como Salvador Ramos, un joven de 18 años que había dado muestras de problemas de salud mental y actitudes violentas, puede comprar armas de estilo militar sin problema. Y la respuesta policial a su ataque es cada vez más cuestionada: la policía no confrontó de inmediato a Ramos en su llegada a la escuela y el atacante pasó cerca de una hora parapetado en la clase donde ejecutó su carnicería sin que los agentes de policías intervinieran.
Quizá en un intento de responder a ello, el Departamento de Justicia anunció, en medio de la visita de Biden a Uvalde, que llevaría a cabo una investigación de la respuesta policial a la matanza.
«El objetivo de la investigación es proporcionar un relato independiente sobre las acciones y respuestas de las fuerzas de seguridad aquel día y para identificar lecciones y mejores prácticas para los servicios de emergencias y para responder ante ataques con armas de fuego», dijo su portavoz, Anthony Coley.
Es la segunda vez en dos semanas que Biden viaja para consolar a víctimas de matanzas con armas de fuego. El pasado 13 de mayo acudió a Búfalo, la segunda mayor ciudad del estado de Nueva York, donde un joven mató a diez personas, la mayoría de ellas negras, en un crimen con motivación racista.

