El idilio de Yassir Zabiri con el gol no entiende de casualidades ni de falsas modestias. Cuando el delantero marroquí aseguró en su presentación que su objetivo era firmar un mínimo de diez dianas, no iba de farol: tras apenas cinco jornadas, el atacante ya ha recorrido la mitad de ese camino gracias a un estelar doblete que sirvió para voltear el tanto inicial del Alavés y certificar la segunda victoria del curso para los cántabros en El Sardinero.
El encuentro comenzó con un ritmo eléctrico y la tensión propia de las grandes citas, con el Racing avisando de inmediato por medio de Iñigo Vicente y un cuadro vitoriano que respondió a base de dureza en la medular y zarpazos intermitentes. La lata se rompió pasada la veintena de minutos cuando Koski cazó un rechace en el área para adelantar a los visitantes, un golpe que dejó momentáneamente grogui a un conjunto local incapaz de encontrar la brújula sobre el tapete.
Sin embargo, cuando peor pintaban las cosas para los intereses racinguistas emergió la brújula de Iñigo Vicente para servir un pase milimétrico al espacio. Zabiri le ganó la espalda a la defensa con una fe inquebrantable, se plantó mano a mano ante Sivera y ajustó el balón al palo largo con sutileza para mandar el partido al descanso con tablas en el marcador y la sensación de que todo era posible.
La segunda mitad comenzó con un guion calcado al servicio del recital ofensivo verdiblanco, donde de nuevo la sociedad formada por Vicente y el ariete marroquí dinamitó el entramado defensivo alavés. Tras una delicatessen del mediapunta que habilitó a Salinas en profundidad, el lateral sirvió un caramelo al área chica que Zabiri empujó a la red a puerta vacía, completando la remontada y desatando la euforia en las gradas.
El tramo final transcurrió entre el control local y el susto mayúsculo protagonizado por Aitor Mañas en el tiempo de descuento, tras sufrir una conmoción a causa de un violento cabezazo fortuito que obligó a retirarle en camilla bajo la ovación unánime de El Sardinero. Un cierre de infarto para una noche redonda donde el Racing celebró tres puntos de oro y la consagración definitiva de un depredador llamado Zabiri.
La rebelión de los recién ascendidos
El Deportivo de La Coruña ha dejado atrás los fantasmas del pasado para instalarse en una realidad tan inesperada como fascinante desde su ansiado retorno a Primera División. Tras atravesar un calvario de travesías por el desierto, amargos descensos y años de sufrimiento institucional, el histórico conjunto gallego ha dibujado un arranque de curso absolutamente pletórico que devuelve la ilusión a Riazor.
Incapaces de conocer la derrota en este tramo inicial, los pupilos dirigidos por Antonio Hidalgo se han atornillado con jerarquía en la quinta posición de la tabla, una zona noble que otorga billete directo a la Europa League. Lejos de conformarse con la mera permanencia, el bloque herculino afronta el exigente examen de este domingo a domicilio frente al Getafe con la firme ambición de blindar su estatus europeo.
En el Coliseum, los blanquiazules buscarán prolongar una inercia triunfal que va mucho más allá de los simples números sobre el césped. La escuadra gallega se ha convertido en el espejo donde se miran los recién ascendidos, demostrando que la frescura competitiva y el descaro táctico pueden dinamitar los pronósticos establecidos y plantar cara a cualquier transatlántico del campeonato.
Este idílico despertar no hace sino inyectar un necesario soplo de aire fresco al panorama futbolístico nacional, recordando que las grandes instituciones nunca mueren del todo, sino que solo necesitaban recuperar el latido de su grandeza.
El Dépor ha vuelto a la élite no solo para ocupar espacio, sino para reclamar por derecho propio el trono que la historia siempre le guardó en silencio. @mundiario
