El Deportivo de A Coruña salió de Anoeta sin puntos, pero con argumentos suficientes para considerar que mereció, al menos, un empate. La derrota por 3-2 frente a la Real Sociedad dejó una sensación contradictoria: la frustración de haber desperdiciado buena parte del encuentro por errores defensivos y la satisfacción de comprobar que el equipo de Antonio Hidalgo posee personalidad, recursos futbolísticos y capacidad de reacción para competir en escenarios exigentes de Primera División. Lo que parecía una goleada inevitable terminó convertido en un asedio coruñés que solo la inspiración de Álex Remiro y la falta de precisión en los últimos metros impidieron transformar en una remontada memorable.
El resultado admite una doble lectura. La Real Sociedad aprovechó mejor sus oportunidades, castigó las desconexiones defensivas del Deportivo y supo resistir cuando el partido se volvió en su contra. Pero el conjunto gallego ofreció suficientes méritos ofensivos para discutir la justicia del marcador. Sus 21 remates, nueve más que los donostiarras, el 60% de posesión y los 515 pases completados frente a los 348 del adversario describen una superioridad estadística que no se tradujo en el resultado. Son cifras que, sin explicar por sí solas todo lo sucedido, ayudan a comprender por qué el empate habría sido una recompensa razonable.
El Deportivo tuvo el 60% de posesión y remató 21 veces, frente a los 12 disparos de la Real Sociedad. Mario Soriano, Yeremay y Adama lideraron una reacción que mereció mejor recompensa en Anoeta
El encuentro comenzó, además, con un Deportivo atrevido, dispuesto a disputar el control del balón y a explotar la movilidad de sus futbolistas más creativos. Mario Soriano encontró espacios entre líneas, Yeremay desbordó con frecuencia y Bil Nsongo amenazó una defensa realista que tardó en asentarse. En apenas ocho minutos, los visitantes habían generado dos ocasiones que pudieron alterar el desarrollo del partido. Remiro respondió a un disparo de Yeremay y Villares no acertó a aprovechar el rechace, mientras Mamadou Sarr evitaba otra oportunidad peligrosa del delantero camerunés.
Sin embargo, el fútbol castiga con especial dureza a los equipos que alternan momentos de brillantez con desconexiones defensivas. El Deportivo perdió progresivamente el control del centro del campo y permitió que la Real Sociedad encontrase soluciones donde antes solo había dificultades. Jon Martín abrió el marcador mediante una acción de estrategia mal defendida por los visitantes y Zakharyan amplió la ventaja con un disparo desde la frontal. Dos goles en pocos minutos que dejaron al descubierto uno de los problemas más preocupantes del conjunto de Hidalgo: su vulnerabilidad cuando el adversario consigue acelerar el juego cerca del área.
La ausencia de Aubameyang, principal referencia ofensiva blanquiazul, condicionaba las posibilidades del Deportivo, pero no explica por sí sola el resultado. Nsongo realizó un partido de enorme generosidad, fijó centrales, atacó los espacios y provocó el penalti que devolvió definitivamente la emoción al encuentro. Le faltó acierto en la definición, aunque su actuación confirmó que puede ser una alternativa útil. La cuestión no reside únicamente en encontrar sustitutos para los ausentes, sino en conseguir que el equipo mantenga su equilibrio competitivo con independencia de quién ocupe cada posición.
El tercer gol, firmado por Gonçalo Guedes tras una rápida transición, pareció sentenciar el partido. La jugada nació después de una caída de Luismi Cruz en el área realista que los visitantes consideraron merecedora de penalti, aunque el árbitro no apreció infracción. El Deportivo reclamó una decisión diferente, pero el episodio no debería ocultar la facilidad con la que la Real recorrió el campo hasta colocar el 3-0. Fue otro ejemplo de la distancia que todavía separa al equipo coruñés de la regularidad necesaria para consolidarse en Primera.
Y entonces apareció el mejor Deportivo. Hidalgo modificó el equipo, introdujo piernas frescas y encontró en Adama Traoré un factor decisivo para transformar el partido. Su profundidad por la derecha abrió espacios, sus centros multiplicaron las oportunidades y su capacidad para superar rivales obligó a la Real Sociedad a retroceder. También Riki aportó criterio en la circulación y una asistencia de tacón que permitió a Mario Soriano marcar un magnífico gol desde fuera del área.
El 3-1 devolvió la confianza a un equipo que se había visto superado, y el penalti cometido por Pablo Marín sobre Nsongo, acompañado de la expulsión del futbolista realista, cambió definitivamente el escenario. Yeremay convirtió la pena máxima con seguridad y el Deportivo se encontró a un solo gol del empate, con casi media hora por delante y superioridad numérica. Anoeta pasó de celebrar una victoria aparentemente cómoda a contemplar con inquietud una remontada que parecía cada vez más cercana.
Fue entonces cuando los coruñeses ofrecieron sus mejores argumentos. Yeremay asumió responsabilidades, Mario Soriano dirigió las operaciones desde el centro del campo y Adama convirtió la banda derecha en una fuente permanente de peligro. Remiro tuvo que intervenir repetidamente para conservar la ventaja, especialmente ante las llegadas de Adama y Riki. La Real Sociedad apenas encontraba continuidad con el balón y se defendía como podía ante un Deportivo que atacaba con decisión y convencimiento.
También conviene reconocer que el conjunto donostiarra dispuso de ocasiones para cerrar definitivamente el encuentro. Oyarzabal, que había comenzado en el banquillo, protagonizó un contragolpe que terminó con una extraordinaria intervención de Leo Román. Aquella parada mantuvo viva la esperanza visitante y recordó que el Deportivo, pese a su dominio territorial, seguía expuesto a los riesgos de atacar con tantos futbolistas. La expulsión de Amatucci en los últimos minutos, cuando el italiano derribó al delantero realista en una acción comprometida, terminó por reducir las posibilidades de completar la remontada.
Yeremay está dando pasos importantes hacia una mayor madurez competitiva. Ya no se limita a ofrecer acciones aisladas de talento, sino que interviene de manera continuada
El balance individual también permite extraer conclusiones alentadoras. Mario Soriano volvió a demostrar que buena parte del fútbol del Deportivo pasa por sus botas. Sus 110 intervenciones reflejan una participación extraordinaria y su gol confirmó una capacidad para llegar desde segunda línea que puede resultar determinante durante la temporada. Yeremay, por su parte, está dando pasos importantes hacia una mayor madurez competitiva. Ya no se limita a ofrecer acciones aisladas de talento, sino que interviene de manera continuada, asume responsabilidades y condiciona los planteamientos defensivos de sus adversarios.
La aportación de Adama merece una consideración especial. Su entrada revolucionó el ataque blanquiazul y plantea una pregunta legítima sobre la conveniencia de aprovechar antes su velocidad y profundidad. Hidalgo acertó con los cambios que permitieron recuperar el control del encuentro, aunque también deberá analizar por qué su equipo necesitó encontrarse tres goles por detrás para mostrar su versión más convincente. Las remontadas hablan bien del carácter de una plantilla, pero recurrir constantemente a ellas supone aceptar un desgaste innecesario.
El Deportivo acumula además una circunstancia que no debería pasar inadvertida: ha encajado goles en las ocho jornadas disputadas. La capacidad ofensiva permite competir y levantar resultados adversos, pero una defensa que concede oportunidades con tanta frecuencia termina convirtiéndose en una carga demasiado pesada. No se trata de cuestionar la ambición del equipo ni de reclamar un planteamiento conservador, sino de encontrar un equilibrio entre la voluntad de atacar y la obligación de proteger mejor su portería.
La Real Sociedad también tiene motivos para reflexionar. Su eficacia durante el primer tiempo y el acierto de Guedes le permitieron construir una ventaja considerable, pero la incapacidad para administrar el 3-0, incluso antes de quedarse con diez jugadores, revela problemas de control y continuidad. El equipo de Pellegrino Matarazzo consiguió tres puntos importantes para sus aspiraciones europeas, aunque necesitó una actuación sobresaliente de Remiro y terminó pidiendo la hora ante un adversario al que había tenido aparentemente derrotado.
Para el Deportivo, la principal enseñanza de Anoeta no debería ser únicamente que estuvo cerca de completar una remontada extraordinaria. Su actuación demuestra que dispone de talento para discutirle el dominio del juego a un rival de entidad, pero también que todavía debe aprender a competir durante los noventa minutos sin conceder ventajas difíciles de recuperar. En Primera División, los errores se pagan con una contundencia que rara vez admite compensaciones posteriores.
El equipo de Hidalgo perdió, pero no salió empequeñecido de San Sebastián. Al contrario, su reacción reforzó la impresión de que cuenta con una plantilla capaz de ofrecer fútbol atractivo, personalidad y resistencia ante las adversidades. El empate habría hecho justicia a su insistencia ofensiva, aunque la victoria realista tampoco puede desligarse de los errores que los propios coruñeses cometieron.
La diferencia entre un equipo que simplemente compite y otro que consigue asentarse en Primera reside precisamente en convertir esas buenas actuaciones en puntos. El Deportivo tiene argumentos para lograrlo, pero necesita defender mejor y aprovechar con mayor contundencia sus oportunidades. En Anoeta volvió a demostrar que nunca conviene darlo por derrotado. Su siguiente desafío consiste en dejar de necesitar remontadas heroicas para obtener los resultados que su fútbol merece. @mundiario
