Las 10 claves de la derrota del Dépor: la Real sobrevivió al caos

La Real Sociedad consiguió una victoria de enorme valor ante el Deportivo de La Coruña, pero el 3-2 de Anoeta dejó mucho más que tres puntos para los donostiarras. El equipo de Pellegrino Matarazzo llegó a dominar por tres goles, encontró soluciones ofensivas y parecía tener el partido bajo control, hasta que la expulsión de Jon Martín abrió una puerta que el conjunto gallego estuvo cerca de atravesar por completo. El Dépor reaccionó con personalidad, aprovechó la superioridad numérica y convirtió el tramo final en un ejercicio de resistencia para los locales. El resultado coloca a la Real en la sexta posición, aunque también expone una fragilidad que puede costarle cara frente a rivales con mayor capacidad para castigar sus desconexiones.

La primera clave estuvo en el arranque del Deportivo. La presencia de Yeremay Hernández aportó velocidad, desequilibrio y profundidad a un equipo que encontró espacios para acercarse al área de Álex Remiro. El guardameta tuvo que intervenir en los primeros minutos ante las llegadas visitantes, mientras la Real necesitaba tiempo para asentarse y encontrar su ritmo. El Dépor demostró que podía incomodar a su rival si aceleraba las jugadas y atacaba los espacios, una amenaza que nunca desapareció del todo, ni siquiera cuando el marcador comenzó a inclinarse claramente a favor de los donostiarras.

La segunda clave fue la capacidad de la Real para cambiar el desarrollo del encuentro. Después de un inicio favorable a los gallegos, los locales comenzaron a ganar presencia en campo contrario y encontraron en las acciones a balón parado una vía decisiva. Carlos Soler participó en la elaboración de la jugada que terminó con Jon Martín cabeceando el primer gol. El central aprovechó su fortaleza en el juego aéreo para abrir un partido que hasta entonces había ofrecido alternativas para ambos equipos. Ese tanto cambió el escenario emocional y táctico: el Deportivo perdió parte de la seguridad inicial y la Real encontró espacios para imponer su fútbol.

El tercer factor fue la aparición de Arsen Zakharyan. El futbolista ruso amplió la ventaja con un zurdazo desde la frontal que evidenció la importancia de aprovechar los balones sueltos en zonas peligrosas. La Real no necesitó elaborar una larga combinación para castigar a su rival: le bastó con detectar el espacio y ejecutar con precisión. El 2-0 permitió a los donostiarras marcharse al descanso con una ventaja considerable y reforzó la sensación de que el partido comenzaba a estar bajo control. Sin embargo, el marcador no debía confundirse con un dominio absoluto, porque el Deportivo había encontrado situaciones para hacer daño y todavía conservaba recursos ofensivos para regresar al encuentro.

La cuarta clave llegó tras el descanso, cuando la Real volvió a golpear en el momento más delicado para el Deportivo. Barrenetxea inició una transición rápida y encontró a Gonçalo Guedes, que controló con calidad y definió con un disparo cruzado para establecer el 3-0. La jugada parecía sentenciar el encuentro y premiaba la capacidad de los locales para atacar los espacios cuando el rival adelantaba sus líneas. El problema fue que el tercer gol también pudo generar una confianza excesiva. Con una ventaja tan amplia, la Real dejó de necesitar riesgos y el Deportivo, sin nada que perder, comenzó a encontrar motivos para insistir. El partido estaba aparentemente resuelto, pero todavía quedaba la parte más imprevisible.

La expulsión que cambió el partido

La quinta clave fue la reacción del Deportivo después de encajar el tercer tanto. En lugar de aceptar la derrota, el conjunto gallego mantuvo la presión y encontró en Mario Soriano al futbolista capaz de iniciar la remontada. Su disparo lejano redujo la diferencia y devolvió la incertidumbre a un encuentro que parecía terminado. El gol tuvo un efecto que fue más allá del marcador: obligó a la Real a reconsiderar su manera de defender y recordó a los locales que el rival todavía tenía argumentos para competir. En el fútbol, una ventaja amplia puede convertirse en una carga cuando el equipo que la disfruta deja de controlar los tiempos y permite que el adversario recupere la confianza.

La sexta clave fue la expulsión de Jon Martín, que terminó de alterar el equilibrio del partido. El árbitro señaló penalti por un agarrón del defensor a Nsongo y mostró la tarjeta roja al futbolista de la Real. Yeremay transformó la pena máxima y situó el 3-2 en el marcador. En cuestión de minutos, los donostiarras pasaron de controlar el encuentro a defender una ventaja mínima con un hombre menos. La decisión arbitral modificó el escenario, pero no explica por sí sola la remontada frustrada del Deportivo: el equipo gallego había comenzado a crecer antes de la expulsión y ya había encontrado una vía para amenazar a Remiro. La roja aceleró el derrumbe local, aunque la reacción visitante también fue mérito propio.

La séptima clave estuvo en el comportamiento de Remiro bajo presión. El guardameta de la Real tuvo que responder a varias llegadas peligrosas de Yeremay y Adama, además de intervenir ante un remate a bocajarro de Riki. Sus paradas evitaron que el Deportivo completara una remontada que, por momentos, parecía posible. En un encuentro de estas características, el portero deja de ser únicamente el último defensor y se convierte en una pieza determinante para sostener la confianza colectiva. La Real había perdido el control territorial y sufría para salir de su campo, pero Remiro mantuvo al equipo con vida. Sin sus intervenciones, la ventaja de tres goles habría terminado siendo insuficiente para asegurar los puntos.

Yangel Herrera jugador de la Real Sociedad. / @RealSociedad
Yangel Herrera jugador de la Real Sociedad. / @RealSociedad

La octava clave fue la incapacidad de la Real para administrar el resultado con inteligencia. El equipo de Matarazzo había demostrado recursos para golpear en transición y aprovechar las acciones a balón parado, pero no encontró la misma claridad cuando tuvo que defender una ventaja amplia. La expulsión condicionó sus opciones, aunque también dejó al descubierto errores de posicionamiento y dificultades para frenar las llegadas del Deportivo. En lugar de cerrar los espacios y obligar al rival a atacar desde posiciones menos peligrosas, los donostiarras concedieron situaciones que alimentaron la esperanza gallega. El equipo terminó sufriendo un partido que tenía prácticamente resuelto, una experiencia que puede servir de advertencia para los próximos compromisos de LaLiga.

La novena clave fue la tensión del desenlace, que terminó con ambos equipos en igualdad numérica después de la expulsión de Amatucci. Oyarzabal había dispuesto de una ocasión para ampliar la ventaja, pero Leo Román evitó el cuarto tanto de la Real. En el otro extremo, Remiro volvió a aparecer para frustrar una nueva llegada visitante. La sucesión de ocasiones mostró que el encuentro había perdido cualquier estructura reconocible y se había convertido en una batalla por sobrevivir a cada ataque. Para el Deportivo, la reacción dejó motivos para creer en su capacidad competitiva, aunque no bastó para transformar el esfuerzo en puntos. Para la Real, el pitido final significó alivio tanto como celebración.

La décima clave es lo que deja el resultado para ambos equipos. La Real Sociedad alcanza la sexta posición y suma una victoria importante para sus aspiraciones, pero tendrá que corregir su manera de gestionar los partidos cuando dispone de una ventaja cómoda. Un equipo que aspira a consolidarse en la zona alta no puede permitir que un 3-0 se transforme en una agonía sin revisar qué falló. El Deportivo, por su parte, se marcha sin premio pese a haber demostrado carácter y capacidad de reacción. Su remontada parcial confirma que tiene recursos para competir, aunque también recuerda el coste de conceder goles que obligan a perseguir resultados casi imposibles. Anoeta dejó tres puntos para los locales y una lección para los dos: en el fútbol, dominar el marcador no siempre significa dominar el partido. @mundiario