Había dos maneras de contemplar el mercado de fichajes del Deportivo de Juan Carlos Escotet. Una consistía en dejarse seducir por los nombres: Aubameyang, Angeliño, Adama Traoré, Marc Casadó, José María Giménez. La otra obligaba a hacerse una pregunta bastante más interesante: ¿qué estaba intentando construir realmente un recién ascendido que llevaba ocho años fuera de Primera y cuatro de ellos atrapado incluso en el tercer escalón del fútbol español? La victoria por 2-3 en casa del Villarreal no responde todavía a esa pregunta, porque cuatro jornadas no construyen una temporada, pero proporciona una primera pista. El Deportivo no ha regresado a Primera solo para administrarse con prudencia y esperar que haya tres equipos peores. Ha vuelto dispuesto a acelerar su reconstrucción.
La Cerámica era un magnífico lugar para comprobarlo. El Villarreal pertenece a esa categoría de equipos que marcan la distancia entre competir en Primera y simplemente habitarla. Juega la Champions, dispone de una plantilla muy superior en valor de mercado y durante muchos minutos sometió al Deportivo. Los coruñeses estuvieron dos veces por detrás, cometieron errores impropios de la categoría y atravesaron una segunda parte en la que apenas conseguían alejar el balón de su campo. Y ganaron. No porque fueran superiores durante 90 minutos, sino porque supieron resistir cuando fueron inferiores, atacar cuando el partido se abrió y aprovechar algo que empieza a distinguirlos: poseen futbolistas capaces de modificar un encuentro en una acción.
Sobre todos ellos aparece Pierre-Emerick Aubameyang. El gabonés llegó a A Coruña con el inevitable riesgo que acompaña a estas operaciones: 37 años, una carrera extraordinaria a sus espaldas y la sospecha de que el Deportivo podía estar fichando más pasado que futuro. Cuatro jornadas después sucede exactamente lo contrario. Aubameyang ha marcado en las cuatro, suma cuatro goles y en Villarreal añadió dos asistencias. El dato es extraordinario, pero su influencia resulta todavía mayor. El Deportivo fichó una celebridad internacional y se ha encontrado con un futbolista que sigue decidiendo partidos.
Aubameyang suma cuatro goles en cuatro jornadas y en Villarreal añadió dos asistencias. El reto ya no es reunir nombres: Hidalgo debe convertir una plantilla ambiciosa en un equipo estable de Primera
Ante el Villarreal lo hizo de todas las maneras. Falló ocasiones que normalmente convierte, se retrasó cuando el equipo dejó de encontrarlo y terminó transformándose en asistente. Antes del descanso filtró el balón que Luismi Cruz convirtió en el 1-1. Después, cuando el autogol de Adama parecía condenar al Deportivo al 2-1, encontró a Zakaria Eddahchouri para que empatase prácticamente de inmediato. Y en el minuto 88, cuando Sergi Cardona perdió la concentración, Aubameyang hizo lo que llevan haciendo toda la vida los grandes delanteros: detectó el error antes que nadie, arrancó hacia Luiz Júnior y definió por bajo. Dos asistencias y un gol en el campo de un equipo de Champions.
El comienzo tiene ya una pequeña dimensión histórica. Aubameyang ha superado la secuencia inicial de goleadores como Rábade, Elicegui, Pahiño, Bebeto, Makaay o Pandiani, que marcaron en las tres primeras jornadas de sus respectivos estrenos deportivistas. Eso no lo coloca todavía junto a ellos en la historia del club. Bebeto o Makaay necesitaron años y títulos para ocupar el lugar que ocupan. Pero cuatro goles en cuatro partidos permiten afirmar algo mucho más sencillo: Aubameyang es, hasta ahora, el gran futbolista del regreso del Deportivo a Primera.
Avalista de Adama, otro crack
Su importancia, además, empezó antes de marcar el primer gol. Su contratación cambió la percepción exterior del proyecto. Adama reconoció haber hablado con él y haber recibido buenas referencias del Deportivo antes de aceptar su fichaje. Es un detalle revelador: las estrellas no solo aportan rendimiento; también funcionan como avalistas. Cuando un futbolista que ha pasado por Borussia Dortmund, Arsenal, Barcelona, Chelsea o Marsella decide incorporarse a un recién ascendido, el siguiente jugador que recibe una llamada desde A Coruña escucha de otra manera. El propio proyecto adquirió credibilidad con su llegada.
Todo eso ayuda a explicar un mercado que, visto superficialmente, parece contradictorio. El Deportivo afronta la temporada con un coste de plantilla previsto en torno a 38 millones de euros, entre los más modestos de Primera, y las estimaciones manejadas sitúan su inversión en fichajes alrededor de 26 millones. Sin embargo, fue capaz de incorporar futbolistas acostumbrados a la Champions, la Premier y algunos de los grandes clubes europeos. La explicación está menos en una súbita abundancia de dinero que en el margen con el que llegó al ascenso: la temporada anterior el coste de la primera plantilla estaba por debajo de los 13 millones y el club no acumulaba una pesada mochila de compras obligatorias que se activasen al subir.
El Deportivo aprovechó ese espacio con una estrategia bastante más sofisticada que comprar nombres. Los contratos largos permiten repartir contablemente los traspasos durante varias temporadas –los nueve millones invertidos en Leo Román son el ejemplo más evidente– y el mercado se construyó en diferentes capas. Primero llegaron futbolistas jóvenes con posibilidades de crecimiento y revalorización; después se preservó una parte sustancial de la base del ascenso, con Yeremay, Mella o Mario Soriano; finalmente aparecieron jugadores de experiencia internacional capaces de reducir de golpe la distancia entre Segunda y Primera.
El campo del Villarreal permitió contemplar por primera vez buena parte de ese puzle. José María Giménez entró directamente en el once y ofreció una actuación que explica por qué su fichaje puede ser tan importante como cualquiera de los grandes nombres ofensivos. Defendió hacia delante, corrigió, aportó jerarquía y mejoró a sus compañeros. Después de 13 temporadas en el Atlético, el uruguayo no parece necesitar demasiado tiempo para comprender las exigencias de Primera. Marc Casadó debutó en la segunda mitad y también dejó una impresión prometedora. Adama tuvo un estreno mucho más traumático: marcó en propia puerta el 2-1 y durante unos segundos debió de desear que se lo tragase el césped de La Cerámica. Pero continuó jugando y dejó detalles de la potencia que puede aportar cuando se integre plenamente en el equipo.
Noticia estimulante para Antonio Hidalgo
Ese margen de mejora quizá sea la noticia más estimulante para Antonio Hidalgo. El Deportivo suma ocho puntos sin haber podido utilizar todavía durante buena parte de estas primeras jornadas la plantilla definitiva cerrada al final del plazo para fichar. Giménez acaba de debutar, Casadó también, Adama necesita adaptación y Angeliño deberá añadir otra variante a un equipo que conserva además el talento de Yeremay. Los ocho puntos no son el resultado final de la construcción; han llegado cuando todavía hay operarios trabajando.
Pero la victoria también dejó razones para la prudencia. El Deportivo sigue concediendo demasiado mediante errores propios. Leo Román dudó en su salida y permitió a Pepé marcar el 1-0. El guardameta se rehabilitó después con una magnífica parada ante Moleiro, pero la secuencia se repite: cuatro jornadas han dejado demasiadas concesiones evitables. En la segunda mitad, además, el Villarreal dominó durante largos periodos y obligó al equipo de Hidalgo a defender demasiado cerca de su área. Un conjunto con aspiraciones de consolidarse en Primera no puede depender cada semana de remontadas heroicas.
Ahí está precisamente la diferencia entre la ilusión y el análisis. Ocho puntos de doce permiten entusiasmarse; no permiten cambiar todavía el objetivo. La clasificación provisional en posiciones europeas carece de significado en septiembre y hablar de un nuevo Superdépor sería una manera rápida de convertir un proyecto interesante en una obligación absurda. Aquel Deportivo de Lendoiro ganó la Liga, conquistó Copas, disputó regularmente la Champions y alcanzó una semifinal europea. Este acaba de ascender.
Europa, en el punto de mira
Lo verdaderamente relevante es que el club parece haber aprendido algo de su propia historia: antes de pensar en Europa necesita construir una estructura que permita permanecer en Primera. El club ha explicado que, una vez conseguida la permanencia, la aspiración es situar al Deportivo en aproximadamente tres años entre los 10 o 12 mayores presupuestos de la categoría. El entorno admite que desde la propiedad existe el sueño de regresar algún día a Europa, pero como horizonte, no como obligación inmediata.
Ese proyecto tampoco comenzó con Aubameyang. Desde 2020, alrededor de Abanca se ha desarrollado una reconstrucción financiera e institucional de enorme dimensión. Según las cifras oficiales, entre la deuda acumulada y las sucesivas ampliaciones de capital, el esfuerzo realizado se aproxima a 180 millones de euros. El Deportivo que acaba de volver a Primera no es económicamente el mismo club que descendió. Ha cambiado la propiedad, se ha profesionalizado la estructura y se ha intentado reconstruir desde abajo una entidad que llegó a pasar cuatro temporadas en la tercera categoría.
También existe una apuesta que merece atención porque contradice la tentación de construir únicamente a golpe de talonario. El club pretende que alrededor de una cuarta parte de la primera plantilla haya pasado por Abegondo, mientras continúa desarrollando su ciudad deportiva. La voluntad declarada es además conservar a los jugadores considerados fundamentales en lugar de convertir el proyecto en una plataforma permanente de compraventa. Yeremay representa mejor que nadie esa filosofía.
A la espera de un equipo
El riesgo de semejante ambición es evidente. Los fichajes cambian las expectativas. A un recién ascendido con una plantilla modesta se le perdonan determinadas derrotas; a un equipo que presenta a Aubameyang, Giménez, Casadó, Angeliño y Adama se le empieza a exigir otra cosa. Hidalgo tendrá que gestionar egos, minutos, cesiones, jóvenes, veteranos y una grada que lleva demasiados años esperando como para que resulte fácil pedirle paciencia. Escotet habilitó los recursos. Ahora corresponde al entrenador demostrar que detrás del catálogo existe un equipo.
La Cerámica ofreció la primera evidencia seria de que puede existir. El Deportivo no jugó intimidado, reaccionó dos veces, integró a varios debutantes y acabó ganando con un contragolpe de su futbolista más importante. Hace poco más de dos años estaba en Primera Federación. Hace cuatro meses todavía era un equipo de Segunda. Ahora acaba de ganar en el campo de un participante en la Champions.
La pregunta que rodeaba al Deportivo después del mercado era cómo había conseguido fichar a tantos jugadores de ese nivel. La reconstrucción económica, el margen salarial, los contratos largos, la estabilidad institucional y el efecto llamada de los primeros fichajes permiten empezar a responderla. La pregunta verdaderamente interesante es la siguiente: qué ocurrirá si todo esto funciona.
Cuatro jornadas siguen siendo demasiado pocas para saberlo. Pero el 2-3 de Villarreal introduce una novedad importante. Hasta ahora el nuevo Deportivo era, fundamentalmente, una promesa construida en los despachos. Desde La Cerámica empieza a ser también una realidad sobre el césped. Y entre ambas cosas corre Aubameyang, a los 37 años, como si todavía tuviera todo por demostrar. @mundiario
