El detalle rojo que convirtió el uniforme de Felipe VI en el protagonista inesperado del funeral de Harald

En un funeral real, hasta el último botón tiene algo que decir. Y la aparición de Felipe VI en Oslo ha demostrado que un uniforme militar puede contar una historia mucho más interesante de lo que parece a primera vista. El monarca español acudió al último adiós a Harald V acompañado por la reina Letizia y la reina Sofía, pero fue su impecable uniforme de gala de la Armada el que permitió descubrir una auténtica colección de símbolos.

El protagonista inesperado fue el fajín rojo que cruza su cintura. A simple vista puede parecer un complemento más dentro de una indumentaria solemne. En realidad, es una pieza vinculada directamente al momento en que el actual monarca asumió el mando supremo de las Fuerzas Armadas y recibió de su padre, don Juan Carlos, el testigo militar de la Corona.

El fajín que recibió justo antes de convertirse en rey

Hay prendas que forman parte del protocolo y otras que, además, cuentan una historia familiar. El fajín del Ret pertenece claramente al segundo grupo.

Don Juan Carlos se lo impuso el 19 de junio de 2014, en el Palacio de la Zarzuela, pocas horas antes de que Felipe jurara la Constitución y fuera proclamado rey ante las Cortes Generales. Aquel gesto no fue meramente ceremonial: simbolizó el traspaso al nuevo monarca del mando supremo de las Fuerzas Armadas.

Doce años después, la misma pieza ha vuelto a aparecer en una escena de enorme solemnidad. Y precisamente en un momento en el que las monarquías europeas se reunían en Oslo para despedir a Harald V, el último rey noruego fallecido tras 35 años de reinado.

El rojo, además, no está elegido al azar. Es el color tradicional de la faja militar española y está históricamente asociado a los oficiales de mayor graduación. En el caso de Felipe VI, el conjunto se completa con los elementos que identifican sus cinco estrellas como capitán general.

Un uniforme pensado para despedir a un jefe de Estado

La elección del Rey tampoco fue una cuestión de gusto personal. Para una ceremonia como la celebrada en Oslo existe un código militar muy concreto.

El Rey vistió el uniforme de gala de la Armada, reservado para ocasiones solemnes como los funerales de jefes de Estado. La combinación incluye levita azul marino, camisa blanca, corbata negra, condecoraciones, guantes blancos y la característica faja roja para los oficiales generales.

El resultado es una imagen especialmente sobria, pero también muy cargada de detalles. El negro aporta el tono de duelo; el blanco rompe la severidad; y las bandas y medallas convierten el pecho del monarca en una especie de mapa de su trayectoria institucional.

Y hay algo más: Felipe VI no llevaba simplemente un uniforme militar. Lo lucía como capitán general de las Fuerzas Armadas, la máxima graduación militar que ostenta como jefe del Estado.

 

El curioso guiño noruego que llevaba sobre el pecho

Entre las numerosas condecoraciones había una especialmente apropiada para la ocasión: la Gran Cruz de la Real Orden Noruega de San Olaf.

La distinción fue concedida cuando todavía era Príncipe de Asturias. Su presencia en Oslo adquiere ahora una dimensión especial porque no solo forma parte de su historial de honores: también funciona como un discreto gesto de respeto hacia la familia de Harald y hacia Noruega en una jornada marcada por el duelo.

Es uno de esos detalles que pueden pasar desapercibidos para quien observa la fotografía durante unos segundos, pero que cambian completamente la lectura del estilismo cuando se conoce su significado.

El uniforme, en definitiva, no solo decía “rey de España”. También decía “invitado especial de Noruega”.

El Toisón de Oro también tiene historia familiar

Otra de las piezas que destacan es el Toisón de Oro, una de las distinciones más importantes vinculadas a la Corona española.

Felipe recibió esta prestigiosa orden en 1981, cuando tenía apenas 13 años y todavía era Príncipe de Asturias. Se la entregó su padre, convirtiéndose desde entonces en una de las piezas más reconocibles de su trayectoria como heredero y, posteriormente, como rey.

Así, en Oslo se produjo una curiosa mezcla de pasado y presente: una condecoración recibida durante su infancia, un fajín entregado en la transición hacia el trono y las distinciones que hoy corresponden a su condición de capitán general.

El estilismo tenía, por tanto, bastante menos de “look de funeral” y mucho más de álbum familiar convertido en uniforme.

La conexión con Leonor está también en las condecoraciones

Y aquí aparece uno de los detalles más interesantes de todo el conjunto. El monarca luce las tres Grandes Cruces correspondientes a los tres Ejércitos: Mérito Militar, Mérito Naval y Mérito Aeronáutico. Su hija, la princesa Leonor, también ha ido incorporando estas distinciones después de completar las diferentes etapas de su formación militar.

La coincidencia tiene una enorme carga simbólica. Leonor está siguiendo el camino militar que corresponde a la heredera y que, llegado el momento, la llevará a asumir la condición de capitana general de las Fuerzas Armadas.

De esta manera, la imagen de Felipe VI en el funeral de Harald también permite mirar hacia el futuro de la Corona española: el uniforme que hoy representa al padre contiene algunas de las piezas que ya forman parte de la trayectoria militar de su hija.

Guantes blancos, gorra y una imagen de máxima solemnidad

El estilismo se completó con otros dos elementos que pueden parecer accesorios, pero que también responden al protocolo: los guantes blancos y la gorra de plato de la Armada.

Los guantes forman parte de la indumentaria reglamentaria del uniforme de gala y aportan todavía más solemnidad a la escena. Felipe los llevaba en la mano mientras saludaba a autoridades y asistentes.

La gorra de plato, por su parte, completa la imagen militar y refuerza la identificación del Rey como capitán general.

Mientras a su alrededor desfilaron reyes, príncipes y representantes de las principales casas reales europeas, el jefe de Estado español apostó por una imagen en la que prácticamente nada quedó al azar. El funeral de Harald reunió a monarcas de Suecia, Dinamarca, España, Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, Mónaco y Jordania, además de otros miembros de la realeza internacional.

En un funeral marcado por la solemnidad, el uniforme de Felipe VI terminó convirtiéndose en una pequeña lección de historia de la monarquía española. @mundiario