La realeza se vuelca con Harald V: el espectacular cortejo que convirtió Oslo en el gran escenario de Europa

Oslo se convirtió este miércoles en el gran punto de encuentro de la realeza europea. El funeral de Estado de Harald V no fue únicamente la despedida a un monarca que permaneció 35 años en el trono: fue también una impresionante exhibición de protocolo, tradición y poder institucional, con once casas reales y numerosos dirigentes internacionales reunidos para acompañar a la familia noruega en uno de sus días más difíciles.

El momento más solemne comenzó con el traslado del féretro desde el Palacio Real hasta la catedral de Oslo. Encabezando el cortejo caminó el nuevo rey Haakon VIII junto a sus hijos, la princesa heredera Ingrid Alexandra y el príncipe Sverre Magnus, además de la princesa Marta Luisa. Detrás avanzaron las distintas delegaciones reales, mientras miles de ciudadanos se agolpaban en las calles para contemplar el último adiós al soberano.

La imagen resultaba casi cinematográfica. El féretro de Harald, cubierto por el estandarte real noruego, avanzó por el centro de Oslo mientras los representantes de las principales monarquías europeas seguían el protocolo establecido. La policía a caballo, las bandas militares y la guardia de honor completaron una escena en la que cada paso, cada uniforme y cada posición estaban cuidadosamente calculados.

El despliegue fue enorme. Carlos Gustavo de Suecia encabezó la representación de su familia, acompañado por Victoria y Daniel y otros miembros de los Bernadotte. También estuvieron Abdalá y Rania de Jordania, Alberto y Charlene de Mónaco, Guillermo y Máxima de Países Bajos, Felipe y Matilde de Bélgica, Felipe VI y Letizia, Federico y Mary de Dinamarca, así como la familia gran ducal de Luxemburgo.

De Felipe VI a Guillermo: nadie quiso faltar

La lista de invitados convirtió el funeral en una auténtica cumbre internacional. Además de los monarcas europeos, participaron representantes de Japón y el príncipe Guillermo del Reino Unido, que acudió en representación de la Corona británica. Carlos III no estuvo presente, pero envió sus condolencias y su hijo asumió el papel de representante de la monarquía británica.

A ellos se sumaron dirigentes de más de una veintena de países, entre ellos el presidente ucraniano Volodímir Zelenski y varios jefes de Estado europeos. En total, la ceremonia reunió a una representación internacional poco habitual para una despedida real.

 

 
 
 
 
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Y mientras los rostros conocidos ocupaban el centro de la escena, Oslo ofrecía otra de las grandes imágenes de la jornada: miles de ciudadanos permanecieron en silencio a ambos lados del recorrido. La despedida de Harald no quedó limitada a las paredes de la catedral; toda la ciudad se convirtió en parte del funeral.

Mette-Marit, protagonista de una nueva etapa

Entre todas las imágenes, una de las más observadas fue la de la nueva familia real noruega. Haakon VIII encabezó el cortejo como nuevo soberano, mientras la reina Mette-Marit acompañó a la reina viuda Sonia en coche. Para ambas, la jornada tenía una carga emocional extraordinaria.

La nueva reina atraviesa además un momento especialmente delicado. Tras someterse a un trasplante de pulmón, su presencia en el funeral había despertado expectación. Finalmente acudió a la ceremonia, aunque no realizó a pie el recorrido junto al resto de la familia.

La otra gran protagonista fue Sonia. Tras 57 años de matrimonio, la reina viuda tuvo que despedirse públicamente del hombre con quien compartió prácticamente toda su vida adulta. Su dolor quedó reflejado durante el cortejo, en una de las imágenes más emotivas de la jornada.

 

 
 
 
 
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Ingrid Alexandra estrena su papel histórico

El funeral también permitió comprobar visualmente hasta qué punto la monarquía noruega ya ha entrado en una nueva generación. Ingrid Alexandra, de 22 años, apareció junto a su padre y su hermano en el cortejo, en uno de sus primeros grandes actos como heredera al trono.

La escena tenía un enorme valor simbólico: mientras Harald representaba la generación que acaba de desaparecer, su nieta encarnaba la que tendrá que asumir el futuro de la institución. Entre ambos extremos quedaba Haakon, convertido oficialmente en rey tras la muerte de su padre.

El último viaje de Harald

Después de la ceremonia religiosa, el féretro fue trasladado hasta la fortaleza de Akershus para el entierro privado. Allí Harald descansará junto a otros miembros de la familia real noruega. La jornada incluyó también un sobrevuelo de cazas F-35 y una última procesión acompañada por la música fúnebre de Chopin.

 

 
 
 
 
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Con la salida del cortejo de la catedral terminó una etapa de 35 años. Harald V deja una imagen muy particular dentro de las monarquías europeas: la de un rey cercano, poco dado a las distancias excesivas del protocolo y profundamente vinculado a la sociedad noruega. Más de 46.000 personas habían pasado ya ante su féretro durante la capilla ardiente para despedirse de él.

Pero quizá la fotografía más importante de este funeral no sea únicamente la del rey fallecido. Es la de una familia real que cambia de manos delante de millones de espectadores: Haakon VIII ya ocupa el trono, Mette-Marit es reina e Ingrid Alexandra se prepara para convertirse algún día en la futura soberana.

Harald se ha ido, pero su funeral ha servido también para presentar oficialmente al mundo la nueva cara de la Corona noruega. @mundiario