Por: La Redaccion
En el batallar político, las alfombras, los vinos y la cantidad de nuevos amigos constituyen en el esplendor de sus errores muchas veces una de las grandes fatalidades de aquellos, que tienen y guardan la responsabilidad de dirigir gente. Por eso unos los llaman el líder, otros el patrón y aquellos el Don.
Todo raya en la posibilidad de las “oportunidades” que veas en los nuevos cargos, nombramientos y responsabilidades ejecutivas lleguen siempre como las moscas a oler, consumir y contaminar. Lo triste de todo es que estos nuevos funcionarios jóvenes no lo entienden y muchas veces quizás no sea el caso de Hugo Beras, pero la infla del poder los confunde, los nuevos amigos plantean cosas y otras los funcionarios superiores, las exigen; es un contagio como antes fue el SIDA te enferma, destruye y desacredita.



