El gran regreso del petróleo venezolano tropieza con una realidad inesperada: falta casi de todo

La principal conclusión que deja el Venezuela International Oil and Gas Summit (VIOGS) celebrado en Caracas es que recuperar la industria petrolera venezolana será bastante más complejo que atraer grandes inversiones. El encuentro, celebrado entre el 28 y el 30 de septiembre, reunió a más de 250 compañías y cientos de ejecutivos internacionales, con la intención de presentar al país como un nuevo destino para el capital energético.

Sin embargo, dos interrupciones del suministro eléctrico durante el evento sirvieron como recordatorio de uno de los problemas estructurales que afectan al sector. La propia agenda de la cumbre incluyó una sesión dedicada a convertir los recursos de gas venezolanos en una fuente de electricidad más fiable, una señal de que el suministro energético forma parte del problema petrolero y no es una cuestión separada.

La contradicción es evidente: Venezuela dispone de enormes reservas y pretende elevar la producción, pero necesita reconstruir buena parte de la infraestructura que permite extraer, procesar y transportar ese petróleo.

Los grandes proyectos chocan con una industria deteriorada

El caso de GeoPark permite medir la dimensión de la apuesta. La compañía colombiana ha anunciado su entrada en Venezuela mediante el bloque Bare y contempla una inversión de hasta 7.000 millones de dólares para desarrollar el activo durante las próximas décadas. Su objetivo es aumentar de forma considerable la producción mediante la recuperación de pozos existentes y nuevas perforaciones.

El proyecto incorpora además tecnologías utilizadas en otros mercados, incluidos los pozos horizontales y herramientas de automatización. Pero la tecnología por sí sola no resuelve las carencias acumuladas durante años. Para que una inversión de esta magnitud produzca resultados necesita proveedores, equipos, electricidad estable, trabajadores especializados y una cadena logística capaz de responder con rapidez.

Ahí aparece uno de los mayores riesgos para la recuperación petrolera: que el dinero llegue antes que las condiciones necesarias para utilizarlo de forma eficiente.

El nuevo marco jurídico también tendrá que demostrar su eficacia

Otro de los elementos centrales de la cumbre fue el intento de construir un marco capaz de atraer capital extranjero. El VIOGS presentó la recuperación del sector como una oportunidad para reabrir Venezuela a compañías internacionales, mientras que los nuevos contratos de participación buscan ofrecer mecanismos diferentes para desarrollar los campos petroleros.

Pero la cuestión no termina en firmar contratos. Los inversores necesitan saber cómo funcionarán las reglas a largo plazo, quién supervisará los acuerdos y qué garantías existirán ante cambios regulatorios o restricciones internacionales.

El caso de NABEP ilustra, además, la dimensión geopolítica del nuevo escenario. La empresa anunció un acuerdo con Estados Unidos que contempla derechos sobre 17 proyectos y una inversión cercana a 100.000 millones de dólares, mientras Washington obtendría determinados derechos económicos y acceso preferente a parte de la producción.

Por eso, el verdadero desafío de Venezuela no consiste únicamente en conseguir capital. Consiste en transformar ese capital en producción sostenible sin que las limitaciones eléctricas, industriales, humanas y regulatorias terminen frenando los proyectos antes de que alcancen su potencial.

La cumbre ha puesto sobre la mesa enormes expectativas. Ahora comienza la parte más difícil: convertir los anuncios en barriles reales y mantenerlos en el tiempo. @mundiario