El Real Madrid volvió a las andadas. Después de marcharse al descanso con un 0-2 que parecía dejar resuelta su visita al Martínez Valero, el equipo de José Mourinho protagonizó una segunda parte horrorosa. Sin intensidad, sin control y con demasiados futbolistas desconectados cuando tocaba trabajar sin balón, permitió que uno de los peores equipos de este inicio de La Liga le empatase un encuentro que tenía completamente en sus manos.
El problema no fue únicamente futbolístico. También fue de actitud. El Madrid salió del vestuario como si el partido hubiese terminado y sus hombres de ataque prácticamente desaparecieron cuando tocó ayudar al resto. Mbappé fue el ejemplo más evidente. El francés había marcado el 0-2 y acabaría dando una gran asistencia en el 2-3, pero durante demasiados minutos ofreció muy poca colaboración defensiva. Y no fue el único.
Con varios jugadores por delante del balón y una presión prácticamente inexistente, el centro del campo comenzó a sufrir y el equipo se partió. Cada posesión del Elche obligaba a los futbolistas que permanecían detrás a recorrer demasiados metros. Lo preocupante no fue una acción aislada, sino comprobar cómo el Madrid permitió que el encuentro cambiase completamente sin ofrecer una respuesta colectiva a lo que estaba sucediendo.
Y enfrente estaba el Elche. Un equipo que llegó a esta jornada sin conocer la victoria y con únicamente dos puntos sumados en las cinco primeras jornadas. No era el Barcelona, el Atlético ni uno de los grandes equipos europeos contra los que determinados periodos de dominio pueden entrar dentro de la lógica de un partido. Era un rival de la zona baja al que el propio Madrid permitió creer en una remontada que parecía imposible al descanso.
Osorio marcó el 1-2 y lo que hasta entonces podía considerarse una mala fase terminó convirtiéndose en un problema enorme. Mourinho movió el banquillo, pero su equipo siguió sin recuperar el control. El Madrid no reaccionó al aviso y continuó jugando con fuego, incapaz de recuperar la intensidad de la primera mitad y cada vez más expuesto ante un Elche que ya había comprobado que podía hacerle daño.
Fer Niño terminó castigándolo con el 2-2 en el minuto 83. El empate dejó al descubierto todo lo que había hecho mal el Madrid desde el descanso: perdió el control, dejó de defender como bloque y desperdició una ventaja de dos goles contra un adversario claramente inferior. De tener el partido prácticamente resuelto pasó a necesitar desesperadamente otro tanto para evitar un tropiezo difícil de justificar.
El 2-3 llegó en el descuento. Mbappé encontró el espacio y puso un gran balón para que Carlos Espí apareciese completamente solo y empujase a puerta vacía el tanto de la victoria. Un gol decisivo para el resultado, pero que no puede utilizarse para maquillar lo anterior. El Madrid ganó porque encontró una última acción cuando el partido se moría, no porque hubiese corregido los enormes problemas mostrados durante la segunda mitad.
Ahí debe aparecer la autocrítica. Ganar no convierte automáticamente un mal partido en uno bueno y el 2-3 tampoco puede esconder 45 minutos impropios de un equipo que pretende competir por todos los títulos. Mourinho tiene motivos para revisar especialmente el trabajo colectivo sin balón y la implicación defensiva de sus futbolistas ofensivos. Ante rivales de mayor entidad, conceder tantas facilidades puede tener un precio mucho mayor.
La noche dejó además otra imagen difícil de pasar por alto antes de comenzar el encuentro. Los jugadores saltaron al césped con las camisetas de apoyo a Ceuta y el lema «Todos somos caballas», pero Konaté, Mbappé y Vinícius aparecieron con la prenda recogida a la altura del pecho, impidiendo que el mensaje se mostrase como en el resto de sus compañeros. Mbappé y Vinícius se la quitaron además antes del pasamanos, mientras Konaté sí la mantuvo durante el saludo.
Los tres futbolistas actuaron de forma diferente al resto de sus compañeros, aunque ninguno ha explicado públicamente el motivo y, por tanto, no puede darse por acreditado qué pretendían evitar con su decisión. En el césped, en cambio, las conclusiones fueron mucho más evidentes. El Madrid consiguió tres puntos, pero volvió a desconectarse, dejó de trabajar como equipo y estuvo a pocos minutos de tirar por completo un partido que ganaba 0-2. El resultado fue bueno; la segunda parte estuvo muy lejos de serlo. @mundiario
