Por: Héctor E. Contreras.
Isaías 61:10-11
¿Qué significado tiene el manto para el pueblo judío, llamado el pueblo de Dios? En la costumbre hebrea se le llama “El talit gadol» y es utilizado por los hombres en el momento de la oración, en sus lugares de reunión. Entre los judíos se le llama al manto también “asquenazi”, porque es la costumbre de cubrirse con el talit gadol y está reservado solamente para los hombres casados. Para los hebreos, el manto no es más que un accesorio religioso en forma de chal, utilizado en los servicios religiosos del judaísmo. Antiguamente, al manto se le consideraba un conjunto de prendas de abrigo; un sobretodo y era como una indumentaria masculina y femenina amplia y sin mangas. En el mensaje de hoy, encontraremos el valor intrínseco de esta vestimenta en hombres, que verdaderamente representaban el reino de Dios en su tiempo. Entiendo, que todo lo que encierra el manto y como era utilizado, no es lo que causaba los grandes milagros, con los cuales hasta enfermos eran sanados, sino el poder de Dios, que actuaba en aquellos hombres que le obedecían fielmente a su Señor.
“Partiendo de allí, halló a Eliseo hijo de Safat, que araba con doce yuntas delante de sí, y él tenía la última. Y pasando Elías delante de él, echó sobre él su manto”, I-Reyes 19:19. El manto, llamado también túnica, era el artículo más importante que una persona podía poseer. Se usaba para protegerse del clima, como lecho, para sentarse y también como maleta. Podía darse como garantía por una deuda o podía ser hecha tiras para mostrar pesar. Elías echó su manto en los hombros de Eliseo, para mostrar que él sería su sucesor. Más tarde, cuando hubo terminado la transmisión de poder, Elías dejó su túnica para Eliseo. Al echar sobre Eliseo su manto, simbolizaba que había escogido a este hombre, para que recibiera la autoridad y el poder su cargo. Es lo declarado anteriormente en este mismo capítulo, cuando Dios hablaba a Elías y le decía: “Ve, vuélvete por tu camino, por el desierto de Damasco; y llegarás, y ungirás a Hazel por rey de Siria. A Jehú hijo de Nimsi ungirás por rey sobre Israel; y a Eliseo hijo de Safat, de Ahel-mehola, ungirás para que sea profeta en tu lugar”, I-Reyes 19:15-16. Dios echa su manto en ti. ¡Acéptalo!
“Y pasé yo otra vez junto a ti, y te miré, y he aquí que tu tiempo era tiempo de amores; y extendí mi manto sobre ti, y cubrí tu desnudez; y te di juramento y entré en pacto contigo, dice Jehová el Señor, y fuiste mía. Te lavé con agua, y lavé tus sangres de encima de ti, y te ungí de aceite; y te vestí de bordado, te calcé con tejón, te ceñí de lino y te cubrí de seda”, Ezequiel 16:8-9. Estas palabras, dirigidas por Dios al pueblo de Jerusalén, es para hacerles recordar su anterior condición de menosprecio entre las naciones cananeas. Utilizando el lenguaje figurado de una niña pequeña que crece hasta convertirse en una mujer madura. Dios le recuerda que la levantó desde un nivel muy bajo a una gran gloria como su esposa. Sin embargo, esto no le sirvió de nada, traicionó la confianza que Dios había puesto en ella y se prostituyó entre las naciones paganas adoptando sus costumbres. Si dejamos a Dios fuera, para cualquier cosa que queramos hacer, entre esto nuestra educación, la familia, nuestra carrera o el placer, lo estaremos abandonando de la misma forma.
Lo más importante a resaltar, que Dios sigue teniendo de nosotros misericordia y extiende su manto, cubriendo nuestra desnudez y lavándonos de todos nuestros pecados con la sangre preciosa de su amado Hijo, Jesucristo el Señor. ¡Bendito sea Dios para siempre! Dios, por mucho tiempo ha cuidado de ti, aunque te hayas desviado y prostituído, Él sigue teniendo ese amor inagotable para tu vida.
“Anda y clama a los oídos de Jerusalén, diciendo: Así dice Jehová: Me he acordado de ti, de la fidelidad de tu juventud, del amor de tu desposorio, cuando andabas en pos de mí en el desierto, en tierra no sembrada. Santo era Israel a Jehová, primicias de sus nuevos frutos. Todos los que le devoraban eran culpables; mal venía sobre ellos, dice Jehová. Oíd la palabra de Jehová, casa de Jacob, y todas las familias de Israel”, Jeremías 2:2-4. Apreciamos a un amigo que permanece fiel a sus compromisos y nos desilusiona el que no pueda cumplir una promesa. Dios admiró a su pueblo cuando le obedeció al principio, pero se contrarió cuando se negaron a cumplir lo prometido. Las tentaciones nos distraen, en cuanto a nuestros deberes para con Dios.
Te invito a pensar en un compromiso original de obedecer a Dios y preguntarte a tí mismo si sigues siendo fiel a Él. Si en algo has fallado, como a Jerusalén, Dios se ha acordado de ti y echa sobre ti su manto santo para cubrirte, arroparte y por último, bendecirte y no solo a ti, sino a todos los que te rodean; esto incluye progenie, negocios, estudios y mucho más.
“Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase, sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó”, Juan 13:2-4. Jesús fue el siervo modelo y mostró su disposición de servicio a sus discípulos. Lavar los pies de los huéspedes era una tarea que debía llevar a cabo un sirviente de la casa cuando llegaban los invitados. Pero Jesús se despojó de todo su señorío, dejando a un lado su manto y ciñéndose una toalla, para enjugar los pies de los que le hacían compañía esa noche. Él, siendo el Señor, fue el ejemplo vivo de servicio, entrega y dedicación, lo que debe ser motivo de inspiración para este tiempo a todos nosotros y despojarnos de todo lo que nos impide ser verdaderos siervos al servicio de nuestro Dios. ¿Estás tú dispuesto a seguir el ejemplo de servicio de Cristo? ¿A quién puedes servir hoy? Hay una gran bendición especial para ti si te decides en ser lo suficientemente humilde, tomando el ejemplo de nuestro Señor.
“En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestidura de salvación, me rodeó de manto de justicia, como a novio me atavió, y como a novia adornada con sus joyas. Porque como la tierra produce su renuevo, y como el huerto hace brotar su semilla, así Jehová el Señor hará brotar justicia y alabanza delante de todas las naciones”, Isaías 61:10-11. La palabra “me” es posible que se refiera al Mesías, la persona ungida por el Espíritu de Jehová, según el siguiente verso: “El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel”, Isaías 61:1. El lenguaje figurado del novio y novia , se utiliza para describir al pueblo de Dios, según esta declaración:
“Y oí la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía” ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina! Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino en las acciones justas de los santos”, Apocalipsis 19:6-8. Dios nos viste con su vestidura de salvación y nos rodea con su manto santo para convertirnos en hombres y mujeres de los cuales se producen renuevos y brotan las semillas de justicia para gloria de su nombre. La vestidura de Dios para con la humanidad, le eleva hasta las alturas espirituales jamás soñadas por alguien. Nos convierte en hombres y mujeres servidores de su reino aquí en la tierra.
“Viéndolo Eliseo, clamaba: ¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo! Y nunca más le vio; y tomando sus vestidos, los rompió en dos partes. Alzó luego el manto de Elías que se le había caído, y volvió, y se paró a la orilla del Jordán. Y tomando el manto de Elías que se le había caído, golpeó las aguas, y dijo: ¿Dónde está Jehová, el Dios de Elías? Y así que hubo golpeado del mismo modo las aguas, se apartaron a uno y otro lado, y pasó Eliseo”, II-Reyes 2:12-14. Elías fue llevado a los cielos sin morir. Es la segunda persona en las Escrituras que tuvo esa experiencia, siendo el primero Enoc, según Génesis 5:21-24. Al profeta desgarrarse la ropa simbolizaba luto, ya que Eliseo y el pueblo de Dios habían acabado de perder a uno de sus héroes espirituales. El manto del profeta era un símbolo de la autoridad que había recibido de parte de Dios para continuar la obra que realizaba Elías. Cuando Eliseo golpeó el agua, no fue por falta de respeto a Dios o a Elías, sino una súplica al Señor para que confirmara que Él lo había designado sucesor de Elías, confirmando así el inicio de su ministerio como profeta de Dios.
Dios te llama hoy y echa sobre ti su manto santo, y con esto te autoriza y te unge en el nombre de Jesucristo su Hijo, para proclamar con autoridad que eres especial para Él. Dios te bendiga y te guarde eternamente y para siempre.



