El Congreso de Colombia ha entregado a Abelardo de la Espriella su primera victoria política de peso desde que llegó a la Casa de Nariño. Después de varias horas de negociaciones, cambios de alianzas y cuentas al límite, el pleno eligió a los nueve magistrados del nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE) con una mayoría claramente favorable al Gobierno: siete puestos para las fuerzas de derechas que respaldan al presidente y dos para el Pacto Histórico.
El CNE es el organismo encargado de vigilar la financiación de las campañas, investigar las actuaciones de partidos y candidatos y adoptar decisiones que pueden tener consecuencias directas sobre el sistema electoral. Su nueva composición marcará, por tanto, buena parte del escenario político colombiano durante los próximos cuatro años.
La victoria adquiere además un significado especial para un Gobierno que había comenzado su relación con el nuevo Congreso con dificultades para imponer sus preferencias. Esta vez, el ministro del Interior, Rodrigo Lara, logró articular una mayoría suficiente para evitar que el Pacto Histórico alcanzara los tres magistrados que pretendía obtener.
La operación estuvo lejos de ser sencilla. Las negociaciones se prolongaron durante unas cinco horas y estuvieron condicionadas por una cuestión especialmente delicada, el orden de los candidatos dentro de las listas. La coalición gubernamental pretendía inicialmente presentar una plancha común con siete nombres. El problema era que los partidos no querían ocupar las posiciones con menos posibilidades de obtener los votos necesarios. La aritmética electoral hacía que cada puesto adicional exigiera una cantidad mayor de apoyos y aumentara el riesgo de que alguno de los candidatos quedara fuera.
Cambio Radical, finalmente, optó por competir con una lista propia y consiguió colocar a Gersel Pérez. La coalición oficialista tuvo que rehacer sus cálculos y terminó presentando una candidatura conjunta de seis nombres, mientras el Pacto Histórico concurría con su propia plancha. El resultado terminó dando la razón a la estrategia gubernamental. La lista respaldada por los partidos de la coalición obtuvo 169 votos, frente a los 48 de la candidatura del partido del expresidente Gustavo Petro y los 28 de la lista de Cambio Radical, según los resultados publicados tras la votación.
El nuevo CNE queda así integrado por Nubia Stella Martínez, del Centro Democrático; Silvio Carrasquilla, del Partido Liberal; Juan Carlos Wills, del Partido Conservador; Juan Felipe Lemus, de La U; José Antonio Parra, de Salvación Nacional; Plinio Alarcón, de MIRA; Gersel Pérez, de Cambio Radical; y las representantes del Pacto Histórico Cielo Rusinque y Ana Jimena Bautista.
El primer pulso ganado por De la Espriella
La elección supone un balón de oxígeno político para el Ejecutivo. El Gobierno consigue demostrar que dispone de una mayoría parlamentaria capaz de coordinarse cuando están en juego posiciones institucionales estratégicas. El resultado también revela que la gobernabilidad de De la Espriella no dependerá exclusivamente de su propio movimiento. Los partidos tradicionales —liberales, conservadores y La U— continúan siendo piezas determinantes para construir mayorías, mientras que otras formaciones, como MIRA y Cambio Radical, han obtenido capacidad de influencia propia.
El otro gran protagonista de la jornada es el Pacto Histórico. La formación de Petro aspiraba a conseguir tres puestos en el CNE, pero terminó con dos: Cielo Rusinque y Ana Jimena Bautista. La derrota tiene una lectura doble. Por un lado, el petrismo conserva una representación relevante dentro del organismo electoral. Por otro, no consiguió ampliar su presencia mediante acuerdos con sectores de la Alianza Verde y otras fuerzas independientes.
El candidato de En Marcha, el exministro Guillermo Rivera, tampoco logró los apoyos necesarios. La división de los sectores que podían haber respaldado una alternativa adicional terminó facilitando la mayoría de la coalición gubernamental. El episodio deja, además, al descubierto las dificultades del Pacto Histórico para actuar como un bloque completamente cohesionado en el nuevo Congreso.
Un CNE decisivo para los próximos cuatro años
Entre los siete magistrados vinculados a la mayoría gubernamental destaca especialmente José Antonio Parra, elegido por Salvación Nacional, la formación que avaló la candidatura presidencial de De la Espriella. Su llegada al CNE está rodeada de controversia por su trayectoria en el propio organismo electoral. Parra ocupaba la dirección de Inspección y Vigilancia del CNE saliente y participó en la estructuración de contratos relacionados con los testigos electorales que han sido objeto de investigaciones por posibles sobrecostes y presuntos direccionamientos.
La elección no implica, por sí misma, una declaración de responsabilidad sobre esas actuaciones. Pero su designación introduce un elemento de escrutinio adicional en un organismo que precisamente tiene entre sus funciones vigilar la financiación y el comportamiento de las organizaciones políticas.
La importancia de la votación se entiende mejor por las competencias del organismo. El nuevo CNE tendrá que intervenir en un escenario político marcado por la intensa polarización entre el Gobierno de De la Espriella y la oposición liderada por el Pacto Histórico.
Además de controlar aspectos relacionados con la financiación electoral y el funcionamiento de los partidos, el Consejo tendrá capacidad para adoptar decisiones que afecten a la competencia política y a la configuración del sistema de partidos. Por eso, la composición aprobada por el Congreso no es un asunto menor. Siete de los nueve magistrados proceden de fuerzas alineadas con el Gobierno o con los partidos que lo respaldan, mientras que dos representan al principal bloque opositor. @mundiario
