EL PERDON FUENTE DE LA LIBERTAD.

EN TU SEMANA.

Mensaje  semanal del pastor  Héctor Contreras.

Iglesia Metodista Libre, Inc La Senda.

PARA:  EL GRAN SANTO DOMINGO . COM 

Prensa Hispana ,e Hispana Multimedios agradece la presencia semanal del pastor Hector Contreras en nuestro periódico digital El Gran Santo Domingo, sus articulos son de grandes aportes. El pastor Contreras es ejemplo de familia,espiritualidad y ministerio fiel.

Números 14:17-18

En su travesía a través del desierto, antes de llegar a la tierra que Dios había prometido a su pueblo Israel, el líder que conducía aquella multitud de gente de todo tipo por mandato de Dios, Moisés, este escogió 12 príncipes para hacer un reconocimiento de la tierra a la cual debían entrar.

Al llegar la comisión después de realizar el levantamiento de lugar, rindieron su informe a Moisés y a Aarón de todo lo que a su entender pudieron investigar y ver de aquella tierra desconocida para todos.

Sólo 2 de los líderes, los que sirvieron de guía a los demás escogidos, uno por cada tribu, se atrevieron a contrarrestar a la mayoría de los que conformaban este grupo. Estos fueron Josué y Caleb.

Al escuchar el informe negativo de la la mayoría de los comisionados, el pueblo comenzó a llorar y a quejarse, sus lamentos fueron tan fuertes, que permanecieron toda una noche quejándose contra el liderazgo escogido por Dios.

Fueron sus palabras y rebeldía tal, que dijeron: «¡Ojalá muriéramos en la tierra de Egipto; o en este desierto ojalá muriéramos!», Números 14:2, añadiendo, ¿No nos sería mejor volvernos a Egipto?, verso 3.

Al ver la rebelión del pueblo, dice la Biblia que Moisés y Aarón se postraron rostro en tierra delante de toda la congregación, verso 5. Más adelante, la multitud habló de apedrear a los líderes con todo y haberles rogado se abstuvieran de la actitud que habían tomado en contra de lo que eran los designios de Dios para con su pueblo Israel, verso 10.

Esta rebelión que se originó en pleno desierto en contra de todo cuanto Dios quería para toda aquella gran congregación, el Señor alza su voz y dice a
«¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me creerán, con todas las señales que he hecho en medio de ellos? Yo los heriré de mortandad y los destruiré, y a tí te pondré sobre gente más grande y más fuerte que ellos», Números 14:11-12.

Con toda su arrogancia y rebelión en contra de lo que Dios tenía decidido para su propio bienestar, porque quería lo mejor para todos, la mayoría estaba pensando aún en lo que habían dejado atrás en Egipto, donde hombres y mujeres; incluyendo también a los niños, eran esclavos, subyugados al poder total del faraón. Te pondré sobre gente más grande y fuerte

En verdad, Moisés no buscaba nada que no fuera estar delante y dentro de los propósitos de su Señor. Como líder, en ocasiones debemos librar grandes batallas en beneficio siempre del bienestar mas alto en favor de las personas que guiamos, que nos siguen y también nos escuchan.

Sin importar las palabras, el enojo de Dios contra un pueblo completamente enardecido, rebelde, con una mente en total oscuridad, hay un hombre que conoce acerca de la misericordia de su Dios.

Moisés dice: «Yo te ruego que sea magnificado el poder del Señor, como lo hablaste, diciendo: Dios, tardo para la ira y grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebelión, aunque de ningún modo tendrá por inocente al culpable», Números 14:17-18. Tardo para la ira y grande en misericordia.

La ira, por largos años, ha sido la causa de grandes guerras; muerte y destrucción son las secuelas de estos acontecimientos bélicos, los cuales traen a los pueblos, naciones y por qué no, incluye también a familias, grandes pérdidas.

Una guerra no es solamente bélica, existe la guerra psicológica, la que se convierte en la más destructiva de todas, porque va desde el armamentismo más sofisticado, hasta alcanzar grandes dimensiones catastróficas, llevando al mundo a una bancarrota total.

En pleno desierto, aunque no existían los armamentos sofisticados de hoy, pero si había una gran cantidad de ellos dispuestos a renegar lo que había en el corazón de Dios. La ira nos conduce hacia el precipicio de donde no existe regreso.

Moisés, en su intercesión delante de Dios, teniendo conocimiento de lo que era capaz su Señor, también sabía de su gran misericordia. Tardo para la ira,

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