El plan de Trump en Oriente Próximo: ser el “ángel de la guarda” de Ormuz y cobrar por ello

El estrecho de Ormuz vuelve a ser la zona cero de la hostilidad entre Washington y Teherán. Tras el colapso del frágil pacto que garantizaba el libre tránsito marítimo, Donald Trump pateó el tablero estratégico con un movimiento sin precedentes: la Casa Blanca autoproclamó a Estados Unidos como el nuevo “ángel guardián” del estrecho. Bajo este control militar forzado, el gobierno estadounidense impondrá un peaje geopolítico obligatorio: una tasa del 20% sobre el valor de toda la carga que cruce por este corredor comercial.

La propuesta representa uno de los cambios más profundos planteados hasta ahora en torno al funcionamiento de Ormuz y abre un intenso debate sobre el futuro del principio de libre navegación internacional. La cuestión ya no es únicamente quién controla militarmente el paso entre el golfo Pérsico y el océano Índico, sino también quién puede cobrar por garantizar su seguridad.

El anuncio llega tras varios días de intensos ataques con misiles, drones y operaciones navales que han terminado por hacer descarrilar el memorando de entendimiento firmado semanas atrás entre Washington y Teherán. Aquel acuerdo pretendía mantener abierto el estrecho durante sesenta días mientras continuaban las conversaciones de paz. Sin embargo, las acusaciones mutuas de incumplimiento y la nueva escalada militar han devuelto el conflicto al punto de partida.

Fue entonces cuando Trump presentó públicamente su nueva estrategia.

En un mensaje publicado en Truth Social aseguró: «A partir de este momento, se conocerá a EE UU como «EL GUARDIÁN DEL ESTRECHO DE ORMUZ», pero, como tal y por una cuestión de JUSTICIA, se le reembolsará el 20 % de toda la carga transportada para cubrir todos y cada uno de los costes necesarios para realizar la tarea de garantizar la seguridad en esta zona tan volátil del mundo».

El mandatario añadió que «el proceso y la constitución comenzarán de inmediato«, aunque la Casa Blanca no detalló posteriormente qué mecanismo legal o internacional permitiría aplicar esa medida ni explicó cómo se recaudaría ese porcentaje.

Horas antes, durante una entrevista en Fox & Friends, Trump ya había anticipado su intención de que Washington asumiera un papel mucho más activo en la administración del estrecho. «Vamos a quedarnos con el estrecho y probablemente lo controlemos nosotros. Nos convertiremos en el guardián del estrecho. Quizá lo llamemos el ángel de la guarda del estrecho. Y nos deberían reembolsar el dinero por ello».

En esa misma intervención justificó el cobro argumentando que Estados Unidos lleva décadas garantizando la seguridad marítima sin recibir compensación económica. «Lo hemos custodiado a cambio de nada y ahora lo vamos a custodiar nosotros. Nos van a pagar mucho dinero por protegerlo».

¿Puede acabarse el libre tránsito?

Las declaraciones de Trump llegan precisamente cuando Irán mantiene una posición completamente opuesta, ya que, tras anunciar el cierre del estrecho por razones de seguridad, las autoridades iraníes sostienen que únicamente volverán a emitir permisos de navegación cuando se restablezca la estabilidad y cesen las operaciones militares estadounidenses en la región.

Durante las últimas semanas Teherán también ha defendido la implantación de un sistema permanente de permisos y tasas para los buques comerciales que crucen el estrecho —una propuesta que Estados Unidos había rechazado de manera reiterada—, aunque, paradójicamente, la propuesta estadounidense introduce ahora un planteamiento que, si bien difiere en su fundamento político, también implicaría algún tipo de compensación económica asociada al tránsito marítimo.

La diferencia fundamental reside en quién ejercería esa autoridad.

Mientras Irán sostiene que el memorando firmado en junio le otorgaba capacidad para gestionar el tráfico marítimo, Washington afirma que garantizará la libertad de navegación para todos los países excepto para los barcos iraníes o sus clientes. Trump lo resumió de forma explícita: «El estrecho de Ormuz está ABIERTO y seguirá ABIERTO, con o sin Irán. Vamos a restablecer EL BLOQUEO IRANÍ». Añadió además: «Todos los demás países podrán hacer un uso justo y libre del estrecho».

La cuestión jurídica es uno de los aspectos más delicados del debate. Según el derecho internacional del mar, los estrechos utilizados para la navegación internacional están sometidos al denominado derecho de paso en tránsito. Ese principio permite que los buques mercantes crucen estas rutas sin necesidad de autorización previa y limita considerablemente la capacidad de los Estados ribereños para imponer restricciones o cobrar peajes simplemente por atravesarlas.

Sí pueden existir tasas relacionadas con servicios específicos —como asistencia portuaria, remolque, practicaje o determinadas operaciones de seguridad solicitadas por un buque concreto—, pero no existe un mecanismo ampliamente reconocido que permita establecer un gravamen general del 20% sobre toda la carga comercial únicamente por cruzar el estrecho.

Precisamente por ello, la propuesta anunciada por Trump genera numerosas incógnitas jurídicas y diplomáticas que todavía no han sido aclaradas oficialmente.

Un corredor vital para la economía mundial

El interés por Ormuz va mucho más allá del enfrentamiento entre Washington y Teherán. Antes del inicio de la guerra, alrededor del 20 % del petróleo mundial y una parte muy significativa del comercio internacional de gas natural licuado atravesaban diariamente este corredor marítimo. Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Irak, Qatar e Irán dependen en gran medida de esta salida para exportar sus recursos energéticos hacia Asia, Europa y Norteamérica.

Cada interrupción del tráfico repercute casi inmediatamente sobre el precio internacional del crudo. No resulta casual que, tras los últimos anuncios de Trump y la continuidad del bloqueo iraní, el Brent volviera a aproximarse a los 80 dólares por barril, impulsado por el temor de los mercados a una prolongación de la crisis.

La propuesta estadounidense también introduce un nuevo elemento de incertidumbre para los principales aliados de Washington en el Golfo. Muchos de ellos exportan la mayor parte de su producción energética precisamente a través del estrecho de Ormuz. Si finalmente se implantara algún sistema de compensación económica, surgiría la incógnita de quién asumiría ese coste: los productores, las navieras, los compradores finales o una combinación de todos ellos.

Trump dejó entrever que espera que sean precisamente esos países quienes contribuyan a financiar el dispositivo estadounidense. «Nos van a reembolsar el dinero, porque las otras naciones son muy ricas. Están de nuestro lado y no se puede esperar que hagamos eso a cambio de nada.»

La propuesta llega, además, en un momento especialmente delicado para la economía mundial, ya que un incremento sostenido del coste del transporte energético podría trasladarse rápidamente al precio de los combustibles, la inflación y los costes logísticos internacionales. @mundiario