El pulso entre Irán y EE UU alcanza un punto crítico tras los ataques en Kuwait, Baréin y Qatar

La Guardia Revolucionaria iraní confirmó que sus fuerzas aeroespaciales atacaron cuatro instalaciones utilizadas por el Ejército estadounidense: dos ubicadas en Kuwait y otras dos en Baréin. La operación fue presentada por Teherán como una respuesta directa a la segunda noche consecutiva de bombardeos ordenados por Washington contra territorio iraní.

Fuentes iraníes aseguraron además que los ataques alcanzaron un sistema de defensa antiaérea Patriot en Kuwait, depósitos militares de combustible en Baréin y una infraestructura de comunicaciones en Qatar. Sin embargo, las autoridades de estos países no han confirmado todos estos daños.

Los ejércitos de la región activaron sus mecanismos defensivos. Baréin aseguró que sus sistemas interceptaron y destruyeron varios objetivos aéreos, mientras que en Qatar la población recibió avisos en sus teléfonos móviles para permanecer en el interior de sus viviendas y alejarse de ventanas ante el riesgo de explosiones.

Aunque la ofensiva iraní no se prolongó durante horas ni parece haber alcanzado la magnitud de una campaña militar prolongada, el mensaje estratégico es claro: Teherán demuestra que tiene capacidad para atacar infraestructuras estadounidenses en una zona considerada clave para la seguridad energética mundial.

La guerra golpea instalaciones sensibles y deja decenas de víctimas en Irán

Mientras Irán respondía con ataques en el extranjero, Estados Unidos continuaba sus operaciones militares dentro del país persa. Uno de los bombardeos estadounidenses impactó en las inmediaciones de la planta nuclear de Bushehr, según informó el vicegobernador de esa provincia iraní, aunque todavía no se han detallado los daños ocasionados.

El Ministerio de Sanidad iraní informó de que los ataques estadounidenses de los últimos días han dejado al menos 14 muertos y 78 heridos. Más de 40 personas continúan hospitalizadas, aunque las autoridades no han precisado cuántas de las víctimas eran civiles.

La Guardia Revolucionaria ha advertido a Washington de que una nueva agresión provocaría una respuesta todavía más contundente, aumentando el riesgo de que los enfrentamientos pasen de ataques puntuales a una confrontación regional de mayor alcance.

Uno de los objetivos alcanzados por Estados Unidos fue también un puente ferroviario situado en la conexión entre Teherán y Mashad, una infraestructura relevante en un momento simbólico para Irán, ya que estaba previsto el entierro del anterior líder supremo del país tras varios días de ceremonias multitudinarias.

Los países del Golfo intentan evitar una escalada mayor

A pesar de la nueva oleada de ataques, los gobiernos de la región tratan de contener la crisis. El ministro de Exteriores de Qatar, Mohammed bin Abdulrahman al Thani, mantuvo una conversación con su homólogo iraní, Abbas Aragchí, para abordar la creciente tensión y defender una salida diplomática.

Doha criticó las acciones militares que han puesto en riesgo la estabilidad regional y advirtió de que los ataques contra buques en el estrecho de Ormuz y las posteriores represalias están debilitando cualquier posibilidad de mantener un alto el fuego alcanzado previamente entre Washington y Teherán.

La disputa también ha abierto un nuevo frente político entre Irán y Europa. Teherán acusó a varios aliados europeos de Estados Unidos de facilitar las operaciones militares después de que el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, señalara que bases europeas habían sido utilizadas en miles de operaciones relacionadas con la ofensiva contra Irán.

Las próximas horas serán decisivas para determinar si los ataques quedan limitados a una demostración de fuerza o si abren una fase más peligrosa de enfrentamiento directo en Oriente Próximo. @mundiario