El valor de nuestro testimonio

Por: Héctor E. Contreras.

Juan 1:6-8 y 20-23.

“También dio Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre él. Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua, aquél me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo. Y yo lo ví, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios”, Juan 1:32-34. Dios le había dado una señal a Juan el Bautista de cómo conocería AQUEL del cual él daba testimonio. La señal consistía en una paloma sobre la cabeza de Jesús en el río Jordán. Esta paloma no era más que el mismo Espíritu Santo. La tarea de Juan era guiar a la gente hacia Cristo por medio de su testimonio. Hoy, en el tiempo actual, debe ser también la tarea de cada creyente. Testificar acerca de lo que Dios ha hecho en su vida por medio de Cristo Jesús. Dios te llama hoy y ahora a que lleves su Palabra a todos aquellos que necesitan de ella. No te dé temor hablar de lo que Dios ha hecho en tí. Se hace necesario proclamar la verdad de Jesucristo, que es Él mismo.

“Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios. Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado, ; y lo torcido se enderece, y lo áspero se allane. Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá; porque la boca de Jehová ha hablado”, Isaías 40: Preparar un camino y enderezar calzada, significa quitar los obstáculos o extender la alfombra roja para la llegada del Señor. Esa fue la misión de Juan el Bautista cuando se convirtió en el precursor de AQUEL que había de venir después de él. El desierto es una ilustración de las pruebas y los sufrimientos que enfrentamos en la vida. Pero lo que nos acontece en nuestro diario vivir, no debe obstaculizar nuestra fe. Isaías anunció al pueblo que se preparara para ver la obra de Dios. Juan el Bautista utilizó estas mismas palabras cuando exhortó a la gente a prepararse para la llegada del Mesías. “Pues éste es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo: Voz que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor”, Mateo 3:3.

Juan el Bautista preparó el camino a Jesús. Urgió a la gente para que confesara sus pecados. Es lo que debes hacer tú; testificar de lo que Dios ha hecho con tu vida.

“Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz”, Juan 1:6-8. Nosotros, en la actualidad, como Juan el Bautista, no somos la fuente de la luz de Dios; simplemente reflejamos esa luz. Jesucristo, que es la LUZ verdadera, nos ayuda a ver nuestro caminar hacia Dios y nos muestra cómo transitar a lo largo de ese camino. Cristo quiere reflejar su luz a través de sus seguidores a un mundo incrédulo, quizás porque los incrédulos no son capaces de soportar la poderosa gloria resplandeciente de su luz pura. La palabra testimonio se refiere a nuestro papel de reflejar la luz de Cristo Jesús. Nunca debemos presentarnos ante otros como la luz, sino indicarles que fijen su mirada en Cristo, quien es verdaderamente la LUZ que resplandece en medio de la oscuridad.

El Evangelio de Juan recoge varios testimonios sobre Cristo, mostrando que la fe en Él está basada en la evidencia. El testimonio de Juan el Bautista, así como otras evidencias, hace inexcusable el rechazo de Jesús por parte del mundo. La frase venía a este mundo, verso 9 del capítulo 1, se refiere a Cristo, no a todo hombre. Con su venida, Él se ha convertido en la LUZ VERDADERA para aquellos que creen y le confiesan, además, Él también es esa LUZ que, en sentido general, alumbra la conciencia humana y hace de esa manera responsable a toda la humanidad ante Dios, según la siguiente declaración: “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa”, Romanos 1:18-20. ¿Por qué Dios revela su ira contra los pecadores? Porque éstos sustituyen la verdad acerca de Él con fantasías e imaginaciones, ya que, según la siguiente declaración:

“Ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén”, Romanos 1:25. La gente tiende a creer en mentiras que respaldan sus propias creencias egocéntricas. Este verso nos enseña que, hoy más que nunca debemos tener mucho cuidado con los datos a los que permitimos moldear nuestras propias convicciones. A través de la TV, la música, películas y el resto de los medios masivos de comunicación que nos presentan estilos de vida pecaminosos y valores malsanos, constantemente nos bombardean con actitudes y creencias opuestas por completo en la Biblia. Te invito a tener cuidado con lo que permites que llegue a formar parte de tus opiniones. La Biblia es la única forma de la verdad. Evalúa las demás opiniones a la luz de sus enseñanzas para tu vida.

“Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es de quien yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo”, Juan 1:15 y “Este es el que viene después de mí, el que es antes de mí, del cual yo no soy digno de desatar la correa de su calzado”, Juan 1:27. En ambos versos, Juan el Bautista manifiesta su fidelidad a Dios en cuanto a lo personal de él como precursor del ministerio terrenal de Cristo. El manifestó que no era digno ni siquiera de ser un esclavo de Cristo. Sin embargo, fue el mismo Jesús que dijo las siguientes palabras acerca de Juan el Bautista: “Os digo que entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista, pero el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él”, Lucas 7:28. Esto nos lleva a decir que, si una persona como Juan se siente indigno de ser esclavo de Cristo, ¡Cuánto más nosotros deberíamos deponer nuestro orgullo para servir a Cristo! Cuando entendemos de veras quién es Cristo, nuestro orgullo y prestigio desaparecen.

Juan el Bautista fué único. Vistió en forma rara, se alimentó con cosas extrañas y presentó un mensaje poco común a los habitantes de Judea que salieron a su encuentro en regiones desoladas. Es bueno destacar que, Juan no intentaba buscar provecho personal con su peculiaridad, en cambio, se propuso obedecer. Sabía que tenía un papel específico que cumplir en el mundo: anunciar la venida del Salvador, poniendo todas sus energías para cumplir esta gran tarea.

Con el testimonio de Juan el Bautista debemos aprender lo siguiente: 1-) Dios no garantiza una vida segura y fácil a los que le sirven, 2-) Debemos cumplir con los deseos de Dios, los cuales son la inversión más grande que podamos hacer en la vida y 3-) Defender la verdad es más importante que la vida mismo.

Que la gracia de Dios nos alcance y podamos ser testigos fieles de su amor.

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