El Comité de Disciplina de la Federación ha sancionado con un partido de suspensión a Jawad El Yamiq por la tarjeta roja directa vista en el descuento del Zaragoza-Eibar. El dictamen, lejos de dejar margen al debate, se apoya en el acta arbitral como si fuera una piedra sagrada: la resolución insiste en que el árbitro estaba en posición óptima y que su relato tiene “fiabilidad” reforzada por la cercanía con la acción.
El Zaragoza, que presentó alegaciones, se ha encontrado con una puerta cerrada. Disciplina sostiene que las imágenes aportadas por el club no desvirtúan la versión del colegiado, sino que son “plenamente compatibles” con lo descrito. Traducción al idioma del aficionado: aunque el vídeo exista, si no rompe el acta en mil pedazos, el acta manda. Y en este caso, manda con autoridad.
Pero lo más relevante no es el partido de sanción, sino el razonamiento. Disciplina interpreta que El Yamiq no hace un gesto reflejo para zafarse del agarrón, sino una reacción voluntaria y consciente. Es decir, considera que el movimiento de brazos es deliberado, una respuesta al forcejeo previo, y por eso descarta cualquier atenuante de accidentalidad. El central, para el Comité, no “se suelta”: responde.
La resolución añade un matiz que también pesa: aunque el balón no estuviera en juego, la acción se produce “con ocasión del juego” y como consecuencia directa de un lance. Por tanto, encaja en el artículo 130.1 del Código Disciplinario. Es la típica letra fría que en Segunda se siente como un martillo: no importa el contexto emocional del choque, importa el encaje jurídico.
La reacción del Zaragoza ha sido inmediata. El club ha anunciado que presentará recurso ante el Comité de Apelación “con el firme propósito” de que se reconozca el “error material manifiesto” y se deje sin efecto tanto la roja como la sanción. El comunicado, además, es de los que suenan a enfado contenido: respeto a los árbitros, sí, pero exigencia de rigor, coherencia y uniformidad.
Y ahí está el verdadero corazón del asunto: el Zaragoza no pelea solo por El Yamiq, pelea por un relato. Porque el partido del sábado en León ante la Cultural no es uno más: es un duelo directo por la supervivencia. En estas semanas, cada sanción es un mundo, y cada ausencia es una grieta. Por eso el club quiere al central disponible para Sellés, aunque tenga que ir a la guerra administrativa.
Lo que queda ahora es la segunda parte del partido, pero en los despachos. Y en España, ya se sabe: hay expulsiones que duran 90 minutos… y otras que se juegan durante toda la semana. @mundiario
