Abelardo de la Espriella ya habla como presidente. Apenas cuatro días después de imponerse por un estrecho margen al candidato oficialista Iván Cepeda, el abogado penalista recibió este jueves la credencial del Consejo Nacional Electoral (CNE) que certifica oficialmente su victoria y aprovechó la ceremonia para enviar un aviso a navegantes: mano tendida a la sociedad colombiana y confrontación política abierta con el presidente saliente, Gustavo Petro.
El acto celebrado en Corferias, en Bogotá, simbolizó el comienzo formal de la transición presidencial en Colombia, pero también confirmó que el nuevo mandatario no renunciará a la narrativa que lo llevó al poder. Aunque moderó el tono respecto a la campaña, De la Espriella mantuvo intacta la dureza de sus críticas hacia el actual Gobierno. “La persona a la que he de suceder se encargó de degradar la majestad de la Presidencia, debilitar las instituciones y dividir a los colombianos”, afirmó durante su intervención, en la que volvió a referirse al Ejecutivo saliente como un “régimen”.
Consciente de que gobernará un país profundamente fracturado, De la Espriella trató de proyectar una imagen de unidad nacional. “Convoco a todos los colombianos a caminar juntos en esta nueva etapa. Dejemos atrás las divisiones, recuperemos la confianza en las instituciones y volvamos a sentir orgullo de nuestra bandera”, proclamó el líder del movimiento Defensores de la Patria.
El presidente electo, que ganó las elecciones por poco más de 250.000 votos, sabe que más de la mitad del electorado no respaldó su candidatura. La suma de los votos obtenidos por el izquierdista Cepeda y las papeletas en blanco superó ligeramente sus apoyos. Por ello insistió en que gobernará para todos.
“En estas elecciones no hubo vencedores ni vencidos. Seré el presidente de todos los colombianos”, prometió. También garantizó “plenas garantías” para quienes ejerzan la oposición dentro del marco constitucional. Sin embargo, esa voluntad de reconciliación no alcanzó a Petro, con quien el enfrentamiento político parece lejos de concluir.
“Disponen de un mes para organizar su sometimiento al Estado de derecho”, fue el ultimátum del presidente electo a todos los grupos criminales que operan en Colombia y que combatirá con todo “el imperio de la ley”. https://t.co/if1kX8q65f pic.twitter.com/aFv4WBpcXR
— Revista Semana (@RevistaSemana) June 25, 2026
El outsider respaldado por las élites
El dirigente conservador mantuvo buena parte de la retórica empleada durante la campaña. Nada más subir al escenario exclamó: “¡viva Cristo Rey!”, una de las frases que marcaron sus mítines electorales. Posteriormente reivindicó la victoria como un episodio casi providencial. “Ya empezó la ‘Patria Milagro’. Habernos librado de la peor amenaza para nuestra libertad es ciertamente un hecho providencial”, sostuvo.
El nuevo mandatario describió el resultado electoral como una victoria frente a quienes, según él, pretendían “arrodillar a la patria”. “¡Salvamos la democracia! ¡Salvamos la patria!”, proclamó entre aplausos. De la Espriella reiteró además que recibirá un país sumido en una profunda crisis institucional, económica y de seguridad, y anunció la puesta en marcha de una auditoría integral de la Administración saliente. “Realizaremos un empalme anticorrupción para determinar la verdadera magnitud del saqueo y el deterioro institucional que heredamos”, aseguró.
Pese a reivindicarse como un dirigente ajeno a la política tradicional, la victoria de De la Espriella fue posible gracias a una compleja coalición de apoyos. Durante la campaña insistió en presentarse como un outsider enfrentado a la “politiquería” y al “establecimiento”. “Fue un triunfo del pueblo contra los partidos, contra la politiquería, su dinero y sus medios de comunicación”, afirmó este jueves.
Sin embargo, numerosos sectores políticos tradicionales terminaron respaldando su candidatura en la segunda vuelta, especialmente importantes clanes regionales del Caribe y buena parte del electorado uribista. El nuevo presidente logró consolidar el voto conservador en Antioquia, bastión histórico de la derecha colombiana, donde obtuvo una ventaja superior al millón de votos sobre Cepeda, una diferencia decisiva para alcanzar la Presidencia. También consiguió reducir significativamente la tradicional hegemonía de la izquierda en la costa Caribe, región de la que procede y donde centró buena parte de su campaña.
Un país partido en dos
El mapa electoral deja una fotografía en la que Colombia continúa dividida en dos grandes bloques políticos. Mientras De la Espriella se impuso ampliamente en buena parte del centro y del oriente del país, Cepeda mantuvo el liderazgo en las regiones costeras del Caribe y del Pacífico. La fractura también se reflejó en Bogotá, donde la izquierda logró imponerse, aunque con una ventaja mucho menor de la prevista. Esta polarización constituye uno de los principales desafíos para el nuevo mandatario.
Durante la ceremonia de entrega de credenciales, el presidente del CNE, Cristian Quiroz, recordó precisamente la necesidad de recomponer el tejido político y social del país. “Venimos de una contienda intensa, propia de una democracia viva, pero debemos recordar que somos una sola nación”, señaló.
De la Espriella recogió parcialmente el mensaje. Tendió la mano a los votantes de la izquierda, pero mantuvo el tono beligerante hacia el presidente saliente, evidenciando que la confrontación política seguirá siendo uno de los ejes centrales del nuevo ciclo político colombiano. A menos de dos meses de su investidura, prevista para el próximo 7 de agosto, el presidente electo ya ha dejado clara cuál será su hoja de ruta: reconciliación con la sociedad, pero ruptura absoluta con el legado político de Petro. @mundiario
