El avance de los candidatos respaldados por el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, en las primarias demócratas para las elecciones legislativas de noviembre ha encendido todas las alarmas en el ala moderada del partido. Varios congresistas centristas advierten ya de una auténtica “guerra” interna para impedir que socialistas democráticos y progresistas radicales arrastren al Partido Demócrata hacia posiciones más escoradas a la izquierda.
La contundente irrupción electoral del llamado “ala Mamdani” ha abierto una nueva fractura en la oposición al presidente estadounidense, Donald Trump. Mientras los sectores progresistas celebran la consolidación de un bloque ideológico cada vez más influyente, los congresistas moderados han decidido pasar a la ofensiva para impedir un giro que consideran potencialmente letal para las aspiraciones electorales del partido.
La tensión es especialmente visible en la Cámara de Representantes, donde numerosos demócratas centristas temen que el crecimiento de los autodenominados socialistas democráticos complique la reconquista de la mayoría parlamentaria y termine proporcionando a los republicanos una poderosa herramienta electoral. “Va a haber una guerra”, resumía crudamente un legislador moderado en declaraciones recogidas por Axios. Otro congresista fue aún más lejos al definir a los nuevos dirigentes progresistas como “lanzadores de bombas, no solucionadores de problemas”.
Las recientes primarias celebradas en Nueva York han actuado como catalizador de la crisis interna. Los triunfos de Darializa Avila Chevalier y Claire Valdez, ambas vinculadas a los Socialistas Democráticos de América (DSA), así como la derrota del congresista Dan Goldman frente al progresista Brad Lander, han reforzado la sensación de que una nueva generación de dirigentes de izquierdas está ganando terreno dentro del partido.
Estos resultados se suman a otras victorias progresistas registradas en distintos estados y a nuevas candidaturas que aspiran a desbancar a representantes del establishment demócrata. Si estas tendencias se mantienen, la próxima legislatura podría contar con el mayor bloque de izquierda organizado dentro del Partido Demócrata en lo que va de siglo. Para muchos dirigentes centristas, el desafío ya no es anecdótico. “¿Vamos a permitir que los socialistas tomen el control del partido o vamos a plantar cara?”, se preguntaba públicamente el congresista por Nueva Jersey Josh Gottheimer, uno de los referentes del ala moderada. Gottheimer fue aún más explícito al marcar distancias ideológicas y zanjó al afirmar que “muchos creemos, como yo, que si eres socialista, no eres demócrata”.
Hakeem Jeffries, ante el mayor desafío de liderazgo
Más allá de las discrepancias ideológicas, el principal temor entre los moderados es estrictamente electoral. Numerosos congresistas consideran que los republicanos utilizarán las posiciones más controvertidas de algunos candidatos progresistas —como la abolición de la policía, de las prisiones o de las fronteras— para atacar a los demócratas en distritos competitivos.
Greg Meeks, uno de los dirigentes demócratas más influyentes de Nueva York y aliado cercano del líder del grupo parlamentario Hakeem Jeffries, reconoció abiertamente su preocupación. “En lugar de concentrar todos nuestros recursos en combatir a los republicanos y a Donald Trump, los estamos utilizando para pelearnos entre nosotros”, lamentó. La inquietud ha llegado hasta tal punto que un legislador demócrata que representa un distrito bisagra confesó a CNN haber mantenido conversaciones con donantes sobre la posibilidad de abandonar el partido si continúa creciendo la influencia del DSA.
La situación coloca al líder demócrata en la Cámara, Jeffries, en una posición extremadamente delicada. Representante por el distrito neoyorquino de Brooklyn y figura central del establishment demócrata, ha intentado rebajar públicamente la tensión y minimizar el impacto político del fenómeno Mamdani.
“No”, respondió tajantemente cuando fue preguntado por la prensa sobre si estas victorias podían perjudicar al partido en los distritos decisivos. Sin embargo, las tensiones son evidentes. Jeffries apoyó durante las primarias a Adriano Espaillat y Dan Goldman, ambos derrotados por los candidatos cercanos al alcalde de Nueva York. Aunque mantiene una relación cordial con Mamdani, ha admitido que existen importantes diferencias. “El alcalde y yo acordamos discrepar profundamente sobre algunos de sus apoyos”, reconoció. La consolidación de un bloque progresista más numeroso obligará previsiblemente a Jeffries a ejercer un difícil equilibrio entre la unidad interna y la contención ideológica.
El espejo del trumpismo
Desde el sector progresista, en cambio, las victorias son interpretadas como la confirmación de que una parte creciente del electorado demócrata exige un cambio profundo. El congresista Ro Khanna, uno de los referentes del ala izquierda, celebró los resultados como “una gran victoria del progresismo”. “Somos un nuevo partido dispuesto a desafiar el statu quo”, afirmó.
Los aliados de Mamdani sostienen además que el verdadero motor de estas victorias no ha sido la ideología, sino la capacidad para conectar con la creciente inseguridad económica de amplias capas de la población. “La gente no vota etiquetas; vota ideas que mejoren su vida”, sostiene Morris Katz, uno de los estrategas más próximos al alcalde neoyorquino. Las campañas progresistas han centrado gran parte de su mensaje en el coste de la vivienda, la sanidad pública, la desigualdad y la precariedad económica, asuntos que también preocupan a muchos votantes moderados.
Algunos dirigentes centristas observan inquietantes paralelismos entre el ascenso de la izquierda demócrata y la irrupción del movimiento MAGA dentro del Partido Republicano. Tom Suozzi, congresista moderado por Long Island, considera que ambos fenómenos responden a una misma realidad: el descontento económico y la percepción de que las élites tradicionales han dejado de representar a amplios sectores sociales.
“El DSA y la extrema izquierda, igual que MAGA y la extrema derecha, están organizados y saben conectar con la inseguridad económica de la gente”, señaló a la prensa estadounidense. La diferencia, subraya, reside en las soluciones propuestas. Mientras el progresismo interpreta sus recientes éxitos como el inicio de una transformación estructural del partido, los moderados consideran que todavía representan a una minoría muy activa pero insuficiente para definir el rumbo nacional de los demócratas.
Lo que nadie discute es que la batalla ideológica ya ha comenzado y que su desenlace condicionará el futuro del Partido Demócrata en la era posterior a Joe Biden.
