A pocos días de las elecciones legislativas del 3 de noviembre de 2026, los demócratas mantienen sólidas expectativas de defender su actual control del Senado y expandir su presencia en el Congreso. La campaña se ve impulsada por encuestas favorables en contiendas clave de estados bisagra y un panorama inusualmente competitivo en Texas. El descontento generalizado con los índices de aprobación de Donald Trump (que se sitúan en el 33%), las preocupaciones por el coste de la vida y una fuerte movilización en la votación anticipada alimentan las proyecciones de la oposición de cara a los comicios de mitad de mandato.
En Míchigan, el candidato demócrata Abdul El-Sayed lidera la contienda frente al republicano Mike Rogers. Según el sondeo de Mitchell Research & Communications publicado por CBS Detroit, El-Sayed se sitúa por delante, consolidando la competitividad demócrata en este estado clave. Mientras tanto, en Texas, la carrera por el escaño que dejó vacante John Cornyn —tras perder las primarias republicanas contra el fiscal Ken Paxton— se mantiene clasificada como un «empate técnico» (Toss-up). La batalla se centra entre Paxton y el nominado demócrata, el representante estatal, y pastor, James Talarico, amenazando el histórico dominio conservador en el estado
Aunque diversos modelos estadísticos otorgan a los demócratas un 56% de probabilidad de retener la Cámara Alta y un 77% para la Cámara de Representantes, el margen de error y la volatilidad de los votantes indecisos impiden garantizar una victoria definitiva en el Capitolio.
Las encuestas de CNN publicadas el 29 de octubre colocan a James Talarico seis puntos por delante de Ken Paxton en Texas y a Abdul El-Sayed siete puntos por encima de Mike Rogers en Michigan. En paralelo, los modelos electorales favorecen a los demócratas para recuperar la Cámara de Representantes y les conceden opciones reales de conquistar el Senado. La pregunta es si ese impulso se traducirá en votos suficientes para cambiar el equilibrio de poder en Washington.
Las elecciones legislativas de Estados Unidos del 3 de noviembre se han convertido en un examen político para Donald Trump. No se elige al presidente: se renueva la Cámara de Representantes y un tercio del Senado. Sin embargo, el resultado medirá el respaldo a su segundo mandato y determinará cuánto margen tendrá para aprobar leyes, negociar presupuestos, impulsar nombramientos y defender su agenda durante los dos próximos años.
El Partido Republicano llega a la recta final con señales desfavorables. La guerra con Irán, el encarecimiento de la vida y los precios de la gasolina han erosionado la imagen de la Casa Blanca. Una encuesta de Reuters/Ipsos publicada el 26 de octubre situó la aprobación de Trump en el 32%, mientras los demócratas aventajaban a los republicanos en la preferencia genérica para el Congreso entre los votantes probables, por 53% frente a 44%. El mismo sondeo encontró que el 73% consideraba que el coste de la vida evolucionaba en la dirección equivocada.
La media de aprobación presidencial de Decision Desk HQ, citada por The Hill, situaba el 29 de octubre la aprobación de Trump en torno al 38,7%, frente a un 59,3% de desaprobación. Las cifras varían según la metodología, pero el diagnóstico es parecido: el presidente llega a las elecciones con más rechazo que apoyo.
Texas: Talarico convierte un bastión republicano en una oportunidad
La mayor sorpresa política de la recta final podría darse en Texas, donde una encuesta de CNN realizada entre el 20 y el 27 de octubre sitúa al demócrata James Talarico con el 49% de la intención de voto, frente al 43% del republicano Ken Paxton. Aunque la ventaja de seis puntos favorece al demócrata, el margen de error de 4,2 puntos porcentuales impide dar la carrera por resuelta en un estado donde los demócratas llevan tres décadas sin ganar una elección estatal. Si Talarico lograra derrotar a Paxton, el resultado rompería con ese patrón histórico y podría alterar el equilibrio de fuerzas en el Senado.
La candidatura demócrata parece beneficiarse tanto del descontento con Trump como de las dificultades de Paxton para generar respaldo transversal. Según CNN, Talarico obtiene el apoyo del 63% de los votantes latinos probables y del 64% de los votantes de minorías raciales en conjunto. También atrae al 22% de los votantes de esas comunidades que afirman haber votado por Trump en 2024. En cambio, el 24% de los republicanos encuestados mantiene una opinión desfavorable de Paxton.
El perfil de Talarico, legislador estatal y antiguo maestro, puede ayudarle a atraer a votantes que no se identifican necesariamente con todo el programa demócrata, pero que tienen reservas sobre el candidato republicano. El resultado dependerá de si ese apoyo se mantiene cuando los electores acudan a las urnas.
También cuenta la participación anticipada. Más de cinco millones de personas habían votado anticipadamente en Texas a fecha del miércoles 28 de octubre, según el Election Lab de la Universidad de Florida. Un análisis de ABC News basado en modelos de la firma L2 calculó que, al comienzo de la semana, el 51% de los votantes anticipados correspondía a personas modeladas como probables votantes demócratas, frente al 45% de probables republicanos.
El dato apunta a un posible cambio respecto a 2022, pero requiere cautela: no revela el voto real de cada persona. La afiliación se estima mediante modelos, y todavía faltan los votos que se depositarán el día electoral. Los republicanos conservan una ventaja estructural en buena parte del estado y podrían reducir la distancia si movilizan a los electores menos habituales.
La carrera refleja una dinámica habitual en las elecciones de mitad de mandato: no basta con que los votantes estén descontentos con el presidente, también importa la capacidad de cada candidato para movilizar a su propia base y atraer a los independientes. Michigan también ofrece a los demócratas una oportunidad especialmente importante porque deben defender sus escaños competitivos y ganar terreno en estados donde Trump obtuvo avances en 2024.
¿Pueden los demócratas recuperar el Congreso?
Los datos de CNN amplían el mapa de posibilidades demócratas. En Maine, el demócrata Troy Jackson aventaja a la republicana Susan Collins por 49% a 45%. En Kansas, Adam Hamilton aparece por delante del senador republicano Roger Marshall, también por 49% a 45%. En ambos casos, las diferencias están dentro del margen de error de 4,5 puntos y no permiten identificar un favorito seguro.
La fotografía general de cara a los comicios resulta inusual, ya que los demócratas no solo compiten en estados disputados, sino que se muestran competitivos en territorios que Donald Trump ganó con claridad en 2024. Por ejemplo, en Kansas, un estado tradicionalmente republicano, la debilidad de Marshall y el perfil de Hamilton han hecho que una contienda que parecía poco atractiva entre en el radar nacional. Por el contrario, en Maine —una de las mejores oportunidades demócratas para ganar un escaño—, Collins conserva apoyos clave entre electores críticos con Trump que valoran su trayectoria propia.
La Cámara de Representantes parece la vía más probable. El modelo de Decision Desk HQ del 29 de octubre otorgaba a los demócratas un 80% de posibilidades de conquistarla, con una proyección de 238 escaños. La mayoría requiere 218. La previsión es favorable, pero no infalible: un error sistemático en las encuestas o una movilización republicana superior a la esperada podría cambiar el desenlace.
El Senado es una batalla más compleja. Los republicanos parten de una ventaja de 53 a 47, por lo que los demócratas necesitan una ganancia neta de cuatro escaños para alcanzar 51. Decision Desk HQ calculaba una probabilidad del 60% de que los demócratas lograsen el control, con una proyección de 52 senadores. Esa estimación depende de que varias contiendas competitivas se resuelvan a su favor, no solo Texas y Michigan.
Si los demócratas ganan la Cámara, podrían bloquear o modificar proyectos legislativos, abrir investigaciones y ejercer una supervisión más intensa sobre el Gobierno. Si además conquistan el Senado, su capacidad para condicionar nombramientos y negociar la agenda presidencial aumentaría de forma considerable. Pero no podrían destituir políticamente a Trump mediante estas elecciones ni anular automáticamente sus decisiones: el presidente conservaría el poder ejecutivo y seguiría contando con instrumentos institucionales propios.
El análisis de ABC News detecta señales de mayor entusiasmo demócrata entre votantes menos habituales en Texas y Georgia. Sin embargo, los registros anticipados no indican por quién ha votado cada ciudadano y tampoco permiten anticipar con certeza quién acudirá el 3 de noviembre. Más de 39 millones de estadounidenses habían votado anticipadamente hasta la tarde del miércoles 28 de octubre, según la Universidad de Florida.
La cuestión decisiva es si el rechazo a Trump se traducirá en participación sostenida y si los republicanos conseguirán movilizar a sus simpatizantes menos motivados. Los demócratas llegan a la última semana con motivos reales para el optimismo, pero no con una victoria asegurada. @mundiario
