El portavoz del movimiento integrista, Zabihullah Mujahid, dijo en la rueda de prensa: «Hemos perdonado a todos los que han luchado contra nosotros». «No queremos enemigos internos ni externos», insistió.
La amnistía, como define el diccionario de la Real Academia Española, es el «perdón de cierto tipo de delitos, que extingue la responsabilidad de sus autores». Así, en Afganistán, todos aquellos que trabajaron para el gobierno o para otros gobiernos extranjeros contrarios a los talibanes, quedarían ‘exculpados’. Como afirmó Mujahid «nadie llamará a sus puertas para preguntarles por qué ayudaron».
En cuanto a la prensa, como apuntó el portavoz, podrá seguir siendo independiente. Eso sí, no debe trabajar en contra de los «valores nacionales».
Con todo, esa imagen moderada, que trata de equiparar el gobierno de los talibanes en Afganistán al de otras monarquías islámicas de Oriente Medio, no termina de convencer, pues los integristas aseguran que, igualmente, todo el mundo en Afganistán tendrá que respetar la ley islámica. Su aplicación extrema puede a volver a provocar situaciones tan terroríficas como las vividas durante el primer régimen talibán en el país, con graves violaciones a los derechos humanos.

