“En shock”: el canciller Merz encara la derrota ante AfD y alerta del deterioro de la CDU

    La política alemana ha entrado en una fase de profunda incertidumbre institucional que sacude directamente al Gobierno federal en Berlín. El resultado de los comicios en el estado oriental de Sajonia-Anhalt ha supuesto un descalabro histórico sin paliativos para la Unión Cristianodemócrata (CDU) y, por extensión, para la figura del canciller federal, Friedrich Merz, quien reconoció públicamente encontrarse «profundamente conmocionado» por lo que calificó como una «sacudida tectónica» para el sistema de partidos.

    La formación ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) —liderada en esta región por Ulrich Siegmund— se alzó con una victoria incontestable al obtener el 43,8% de los votos y 39 de los 83 escaños del Parlamento regional (Landtag) en Magdeburgo, quedándose a tan solo tres asientos de la mayoría absoluta.

    Por el contrario, la gobernante CDU sufrió el peor registro de su historia en este territorio al desplomarse hasta el 17,2% de los sufragios y retener apenas 15 diputados, perdiendo de golpe la mitad del respaldo electoral del 37,1% cosechado en 2021. Con este escenario, el candidato regional democristiano, Sven Schulze, admitió formalmente que el encargo prioritario de formar gobierno le corresponde ahora a la AfD.

    El propio canciller federal, Friedrich Merz, ha reconocido abiertamente la magnitud sin precedentes del revés electoral. En una comparecencia ante la prensa en Berlín tras reunirse con la cúpula de la CDU, el jefe del Ejecutivo alemán admitió: «Estamos todos profundamente consternados. No habíamos esperado una derrota de estas dimensiones, aunque tenemos que aceptarla«. El mandatario calificó los datos de Sajonia-Anhalt como la derrota electoral más grave para las filas democristianas en décadas y reconoció de forma explícita que la debacle «sacude al partido hasta sus cimientos» y acarreará profundas repercusiones.

    La gravedad del escenario ya no reside únicamente en el desplome territorial en el este de Alemania. El foco político se traslada ahora al propio futuro del liderazgo de Merz —cuya popularidad se encuentra en mínimos históricos en los sondeos—, a la cohesión de su Gobierno de coalición con el Partido Socialdemócrata (SPD) y al cuestionamiento frontal de la estrategia de «cordón sanitario» con la que el bloque tradicional de Berlín pretendía neutralizar el imparable crecimiento de la AfD.

    Merz reconoce que el problema también está en Berlín

    El canciller no ha atribuido el resultado exclusivamente a factores regionales. Ha reconocido que su propia figura estuvo presente durante toda la campaña y que sus bajos índices de aprobación contribuyeron al deterioro electoral de la CDU. Según datos citados por Euronews, un 78% de los encuestados consideraba que Merz se estaba desempeñando peor de lo esperado como canciller, mientras que también existía un elevado nivel de decepción entre los propios votantes de la CDU/CSU.

    La autocrítica tiene una consecuencia política inmediata: Merz ya no puede presentar el resultado como un problema exclusivamente de la organización regional. El propio canciller ha advertido de que “Esto sacude a nuestro partido hasta sus cimientos. No podemos simplemente volver a la normalidad, ni yo ni el gobierno federal”.

    El diagnóstico es particularmente delicado porque la CDU gobierna Alemania en coalición con el SPD y buena parte de las decisiones que generan descontento —economía, pensiones, energía, migración o sanidad— corresponden precisamente al Ejecutivo federal. Merz, sin embargo, no ha anunciado un cambio de rumbo. Su posición es prácticamente la contraria: sostiene que Alemania necesita reformas fundamentales y que su determinación para llevarlas adelante permanece intacta. La dificultad consiste ahora en explicar cómo pretende aplicar reformas impopulares cuando su partido acaba de sufrir una derrota histórica.

    El resultado de Sajonia-Anhalt ha reactivado además una discusión que ya estaba presente dentro de la CDU: cómo recuperar a los electores que se están desplazando hacia la AfD sin romper la cooperación con el SPD ni cuestionar el denominado cordón sanitario.

    El hasta ahora diputado regional de la CDU, Alexander Räuscher —quien ha perdido su escaño en el parlamento de Magdeburgo debido al desplome de su partido—, cuestionó abiertamente la estrategia de pactos de su formación y la convivencia política con los socialdemócratas. En una entrevista exclusiva concedida al diario alemán Die Welt tras conocerse los resultados, Räuscher criticó con dureza la falta de diferenciación frente a sus aliados de Gobierno:

    «Cometemos el error de aceptar a un socio de coalición como el SPD, que ha celebrado la transición energética hasta el último día antes de las elecciones y se convence de que con ello las cosas irían mejor para los ciudadanos». El propio Räuscher, representante del ala más conservadora en el distrito de Harz, añadió de forma contundente: «Eso sencillamente no es cierto. Ahí tendríamos que haber marcado más el perfil de la CDU. Hace tiempo que deberíamos haber puesto un freno y haber dicho: eso no lo aceptamos«.

    Con estas declaraciones, el político instó a la dirección de su partido en Berlín a plantar cara en materia energética y a frenar la ampliación desmedida de las zonas destinadas a energías renovables, un factor que, según su análisis, propició la masiva fuga de votos de centroderecha hacia las filas de AfD.

    El SPD, socio minoritario del Ejecutivo, tampoco parece dispuesto a ignorar el dramático mensaje de las urnas tras desplomarse hasta el 9,3% de los sufragios en la región. Su líder nacional y actual vicecanciller de Alemania, Lars Klingbeil, reconoció abiertamente en declaraciones a la cadena de televisión ZDF que «las decisiones tomadas en Berlín también han generado debates allí sobre el terreno» y consideró la contundente victoria de la AfD como una clara «señal para Berlín».

    Klingbeil enfatizó que el resultado constituye un motivo ineludible para reflexionar internamente sobre el rumbo y la agenda de reformas del Gobierno federal. En la misma línea, el vicepresidente de la formación, Alexander Schweitzer, reclamó de forma categórica reabrir la discusión sobre las medidas pactadas entre ambos partidos de la coalición nacional, sentenciando que «es completamente evidente que hay que debatir sobre esas reformas».

    Esta crisis de resultados introduce una severa tensión adicional en el corazón de la política germana. Por un lado, la debacle electoral de la CDU amenaza con dinamitar el liderazgo de Merz, espoleando a las facciones más duras del partido a exigir un giro radical hacia posiciones marcadamente conservadoras en temas como la transición ecológica y la inmigración. Por otro lado, este giro derechista arriesga la propia supervivencia de la Gran Coalición federal con el SPD, paralizando de forma inmediata la tramitación parlamentaria de los grandes proyectos económicos y estructurales que la administración de Merz necesita consensuar para mantener la estabilidad del país.

    La confianza en Alemania se sacude

    La repercusión del resultado no se limita a la política doméstica. Merz ha intentado dejar claro que el avance de la AfD no modificará la posición alemana respecto a Ucrania. La formación ultraderechista mantiene posiciones contrarias a buena parte de la política de apoyo militar a Kiev y defiende una relación diferente con Moscú.

    Por ello, Merz quiso enviar un enérgico mensaje de firmeza a los socios estratégicos de Alemania e internacionales. «Y quiero dejar esto muy claro: 2.500 kilómetros al este de aquí, hay gente que está especialmente encantada con este resultado electoral», afirmó con contundencia, en una alusión directa al Kremlin y al régimen de Vladímir Putin.

    Tras el varapalo de los comicios en el estado oriental de Sajonia-Anhalt, Merz alertó de que el país enfrenta una «amenaza muy concreta» para su seguridad interna, y advirtió de que Moscú busca desestabilizar el sistema de valores de Occidente. Con todo, el líder democristiano enfatizó que el respaldo político, económico y militar de Berlín hacia Ucrania no retrocederá «ni un solo milímetro» bajo su mandato.

    La honda preocupación que sacude a las instituciones en Berlín radica en que la consolidación electoral de la AfD termine condicionando pilares estratégicos del Estado. El temor no se restringe a un endurecimiento radical de la política migratoria y fronteriza, sino al riesgo de que el auge ultra quiebre el tradicional consenso europeísta de Alemania, debilite la coalición en la Unión Europea, paralice el envío de asistencia a Kiev y bloquee los planes presupuestarios destinados a la modernización de la defensa nacional.

    La presión sobre Merz no terminará con Sajonia-Anhalt. Las próximas elecciones regionales de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, previstas para el 20 de septiembre, ofrecen una nueva oportunidad para medir si el resultado ha sido excepcional o forma parte de una tendencia más amplia.

    La CDU necesita recuperar credibilidad sin abandonar su estrategia de reformas; el SPD debe decidir cuánto está dispuesto a modificar el programa de Gobierno; y Merz tiene que demostrar que puede transformar una derrota regional en un reajuste político nacional.

    La incógnita fundamental es si la CDU conseguirá recuperar terreno ocupando parte del espacio electoral que está alimentando a la AfD o si, por el contrario, el endurecimiento del discurso terminará desplazando todavía más el centro político. Merz ha descartado una cooperación con la AfD y ha prometido continuar con las reformas. Pero el resultado de Sajonia-Anhalt demuestra que mantener el rumbo ya no será suficiente: el canciller tendrá que conseguir que una parte significativa del electorado vuelva a considerar que ese rumbo responde a sus preocupaciones.

    La frase pronunciada por el canciller tras confirmarse la debacle electoral resume la gravedad del escenario: «Este es un resultado tras el cual no podemos volver a la normalidad». Aunque Merz ha descartado de plano su dimisión asegurando que «rendirse no es una opción», la presión interna arrecia. Mientras el ala más dura le exige romper definitivamente el cordón sanitario o endurecer su agenda en inmigración y energía, facciones moderadas temen que una derechización radical del partido termine por dinamitar la coalición con el SPD en Berlín y fracture las bases democristianas a las puertas de las próximas citas electorales. @mundiario