Escalada total en el Golfo: EE UU hunde petroleros iraníes y Teherán amenaza a sus vecinos

La guerra abierta entre Estados Unidos e Irán ha entrado en una fase de escalada crítica tras quebrarse un mes de relativa calma. El Comando Central de EE UU (CENTCOM) confirmó la destrucción de cinco petroleros vinculados a la Guardia Revolucionaria (IRGC) —los buques Kaviz, Charminar, Horizon 1 y Riesco en el golfo de Omán, y el Derya en las inmediaciones de la estratégica terminal de la isla de Jark— en represalia por dos ataques balísticos iraníes fallidos contra un buque de guerra estadounidense. Como contraofensiva inmediata, Teherán bombardeó con misiles balísticos la base militar aérea de Al-Azraq en Jordania, dañando hangares de cazas de combate y refugios logísticos.

Paralelamente, la Guardia Revolucionaria elevó la presión internacional al amenazar con declarar zonas prohibidas de navegación e instar a la evacuación de tripulaciones en aguas de Kuwait y Baréin, advirtiendo que atacará de forma directa a cualquier embarcación que colabore con el bloqueo naval norteamericano en una confrontación que ya roza los 100 dólares por barril de crudo.

La confrontación se extiende por las rutas marítimas, las instalaciones petroleras y los territorios de los aliados regionales. Los hutíes, aliados de Irán, han atacado además cuatro ciudades del sur de Arabia Saudí, causando 73 heridos y provocando incendios en infraestructuras energéticas.

El CENTCOM anunció que sus fuerzas habían destruido cinco petroleros iraníes después de que la Guardia Revolucionaria Islámica intentara atacar durante dos días consecutivos un buque de guerra estadounidense con misiles balísticos. Según Washington, no hubo víctimas estadounidenses.

Las autoridades estadounidenses sostienen que los barcos formaban parte de una red clandestina utilizada para financiar a la Guardia Revolucionaria y a organizaciones aliadas de Irán. Estados Unidos afirma además que las tripulaciones fueron advertidas y abandonaron los buques antes de los ataques.

La doctrina de disuasión de la Casa Blanca fue resumida de forma tajante por el secretario de Estado, Marco Rubio, con una advertencia directa emitida tras los últimos incidentes en el golfo de Omán: «Irán sigue intentando atacar los buques navales de EE UU, y cada vez que lo hagan o intenten hacerlo, van a perder petroleros«. La declaración explicita la nueva lógica de asimetría impuesta por la administración Trump de responder a los desafíos militares balísticos de Teherán golpeando directamente su infraestructura de hidrocarburos.

Irán responde en Jordania y amplía la amenaza al Golfo

El riesgo crítico de esta estrategia radica en que transmuta una guerra de desgaste militar en una campaña de estrangulamiento de la capacidad exportadora de la terminal de la isla de Jark; un movimiento de alto voltaje que, lejos de amedrentar al régimen islámico, incentiva represalias contra la navegación comercial aliada en el estrecho de Ormuz y ya empuja el precio del crudo Brent hacia el umbral crítico de los 100 dólares por barril.

La respuesta iraní llegó mediante misiles balísticos contra una base estadounidense situada cerca de Al Azraq, en Jordania. Teherán aseguró haber causado daños importantes, pero las autoridades jordanas informaron de que sus defensas interceptaron 18 de los 20 proyectiles y que los otros dos cayeron en zonas despobladas, sin causar víctimas.

La importancia del ataque no reside solamente en los daños producidos. Jordania se convierte nuevamente en escenario de la confrontación entre Washington y Teherán, pese a no ser parte directa de la disputa estadounidense-iraní. Eso incrementa el riesgo de que los países que alojan tropas, bases o instalaciones logísticas estadounidenses terminen incorporándose progresivamente al campo de batalla.

Teherán ha elevado además la presión sobre Kuwait y Baréin. La Armada iraní amenazó con atacar petroleros situados en sus puertos y pidió a las tripulaciones que abandonaran los buques. La advertencia se fundamenta en la acusación iraní de que ambos países permiten la presencia militar estadounidense y colaboran con Washington.

Es una evolución especialmente delicada porque desplaza el objetivo desde las fuerzas militares estadounidenses hacia la infraestructura económica y comercial de sus aliados.

Del mismo modo, los rebeldes hutíes de Yemen lanzaron una ola masiva de ataques coordinados con decenas de misiles balísticos y drones que impactaron infraestructuras estratégicas en las provincias fronterizas del sur de Arabia Saudí. De acuerdo con el portavoz militar del grupo, el general de brigada Yahya Saree, la ofensiva alcanzó la Ciudad para Industrias Primarias y de Transformación de Jizán, la Base Aérea Rey Khalid en Khamis Mushait y complejos de la estatal Saudi Aramco en las regiones de Abha y Najran.

El Ministerio de Energía saudí confirmó que los impactos provocaron incendios de gran magnitud y obligaron a la suspensión temporal de operaciones industriales en el sur del reino. Por su parte, las autoridades sanitarias y agencias como Associated Press informaron de al menos 73 civiles heridos, entre ellos mujeres y niños. Las columnas de humo negro sobre la refinería de Jizán y otras instalaciones de servicios públicos fueron detectadas por sistemas de monitoreo satelital, evidenciando una escalada que asesta un golpe directo a las rutas alternativas de transporte de crudo ante el estrangulamiento del estrecho de Ormuz.

La ofensiva supone un cambio relevante porque introduce de nuevo a Arabia Saudí en el centro de la guerra. El conflicto yemení había reducido su intensidad después de la tregua de 2022, pero la nueva escalada amenaza con reactivar una guerra que durante años enfrentó a la coalición liderada por Riad con los hutíes. Aunque los hutíes mantienen capacidad de decisión propia, su alineamiento con Teherán permite que sus ataques sean interpretados dentro de la estrategia regional de presión sobre Estados Unidos y sus aliados.

Ormuz vuelve a ser el gran punto de riesgo

La consecuencia económica más inmediata vuelve a sentirse en el mercado del petróleo, donde el crudo Brent llegó a situarse en torno a los 98,63 dólares por barril para posteriormente acercarse de nuevo a la barrera de los 100 dólares. Al mismo tiempo, los movimientos de buques a través del estrecho de Ormuz han caído significativamente en comparación con los niveles registrados antes de la guerra. Como muestra de ello, Reuters reportó que únicamente seis buques de materias primas atravesaron el estrecho este martes, frente a una media de 12 tránsitos diarios durante los diez días anteriores.

Por Ormuz circula normalmente una parte decisiva del comercio mundial de petróleo y gas. Cualquier interrupción prolongada afecta al precio de la energía, al transporte, a la inflación y, finalmente, a los consumidores. Ahí reside la principal paradoja de la actual estrategia. Washington intenta reducir los ingresos petroleros iraníes y mantener abiertas las rutas internacionales, mientras Teherán utiliza precisamente esas rutas como instrumento de presión. Cuanto mayor sea la amenaza sobre la navegación, mayor será la prima de riesgo incorporada al petróleo.

La destrucción de cinco petroleros no parece haber debilitado la voluntad iraní de responder. Del mismo modo, los ataques iraníes contra objetivos estadounidenses y las operaciones hutíes no han obligado hasta ahora a Washington y sus aliados a abandonar la presión.

Por ahora, el mercado del petróleo sigue lejos de una crisis de suministro comparable a las grandes conmociones históricas. Pero la proximidad de los 100 dólares revela que los operadores están incorporando un riesgo creciente. Y mientras Ormuz continúe parcialmente bloqueado y las instalaciones energéticas de la región sean objetivos militares, cada nueva represalia tendrá una dimensión económica que excederá con mucho el campo de batalla.

La guerra, por tanto, no ha terminado ni se encuentra estabilizada. El mes de relativa calma de agosto ha demostrado ser una pausa, no un acuerdo. Con Estados Unidos golpeando la capacidad petrolera iraní, Teherán amenazando a los aliados regionales de Washington y los hutíes ampliando sus ataques contra Arabia Saudí, el conflicto vuelve a adquirir una dinámica de escalada cuyo alcance dependerá, en buena medida, de si el estrecho de Ormuz puede recuperar una navegación estable antes de que la presión militar se transforme en una crisis energética internacional. @mundiario