El serial disciplinario en torno al Manchester City ha sumado un episodio de enorme trascendencia tras salir a la luz sus movimientos en la sombra. Según una revelación exclusiva difundida por la agencia económica Bloomberg, la cúpula directiva del conjunto mancuniano mantuvo negociaciones secretas con la Premier League con el propósito de pactar una sensible rebaja en el castigo derivado de sus irregularidades financieras. La entidad intentó llegar a un acuerdo extraprocesal antes de que el tribunal independiente dictara su demoledora resolución.
Los contactos bilaterales se desarrollaron en la antesala de formalizarse la sentencia condenatoria, momento en el que los mandatarios del club intentaron frenar el impacto deportivo de las investigaciones. La propuesta formal consistía en asumir el desembolso de una multa económica de proporciones históricas a cambio de que la patronal blindara su permanencia en la máxima categoría y no despojara a la institución de ninguno de los títulos conquistados a lo largo de la última década.
Sin embargo, los rectores de la liga inglesa desestimaron de raíz la iniciativa planteada por los dirigentes emiratíes. La patronal declinó la opción de mercantilizar la sanción y ratificó su determinación de aplicar las penalizaciones reglamentarias de forma íntegra. El veredicto final, que deberá pronunciarse una vez se desahogue el recurso de apelación interpuesto por los abogados de la entidad ‘citizen’, está previsto para resolverse durante el próximo mes de febrero.
La negativa de la competición cobró todo su sentido tras publicarse las conclusiones del tribunal fiscalizador, que declaró a la entidad culpable de las infracciones imputadas en el pliego de cargos. El dictamen considera probado que la institución incurrió en una manipulación contable sistemática y continuada entre los ejercicios de 2009 y 2018. El objetivo principal de estos ardides no era otro que burlar el marco del Fair Play Financiero para inflar artificialmente su capacidad de gasto.
El expediente sancionador certificó a finales del mes pasado que la entidad alteró sus balances oficiales en más de 900 millones de libras esterlinas, cifra equivalente a cerca de 1.200 millones de dólares al cambio actual. La instrucción determinó que el club orquestó una red de patrocinios ficticios para enmascarar inyecciones directas de capital procedentes de Abu Dabi. Estas maniobras eludieron tanto las restricciones internas de la Premier League como la normativa económica fijada por la Uefa.
La amenaza del descenso y el clamor del fútbol inglés
La magnitud del fraude acreditado por los auditores independientes abre un abanico punitivo sin precedentes en la historia del fútbol profesional británico. Entre las medidas disciplinarias contempladas figuran desde multas económicas sin parangón y deducciones masivas de puntos en la tabla clasificatoria, hasta la posibilidad real de ordenar el descenso administrativo a una división inferior. El volumen del engaño contable ha dejado en una posición sumamente delicada el relato institucional del club.
Pese a la gravedad de los hechos acreditados, la directiva del Manchester City ha formalizado un recurso de apelación bajo la consigna pública de defender su inocencia hasta las últimas instancias judiciales. Desde el club sostienen que disponen de argumentos probatorios para desvirtuar las conclusiones de la comisión, si bien el rechazo de la patronal a negociar un acuerdo previo demuestra que las autoridades deportivas no están dispuestas a conceder tratos de favor.
La revelación de Bloomberg ha provocado un terremoto de reacciones en el resto de los clubes que integran la competición, desatando una indignación generalizada. Técnicos y rivales directos han alzado la voz para exigir que la justicia deportiva actúe con máxima contundencia sin dejarse amedrentar por el músculo financiero de los propietarios extranjeros. Figuras como Jesse Marsch han denunciado públicamente que el dopaje financiero era conocido por todos en el sector, reclamando la pérdida de categoría.
La controversia erosiona asimismo el prestigio deportivo de los éxitos cosechados sobre el césped durante la época más laureada de la entidad. Las sospechas sobre la legitimidad de sus trofeos empañan la huella futbolística del proyecto de Pep Guardiola, cuyo dominio en Inglaterra queda salpicado por la confirmación judicial de que la plantilla se configuró vulnerando de forma flagrante los topes salariales que asfixiaban a sus competidores.
Con la fecha de febrero marcada en rojo en el calendario judicial, la Premier League se encuentra ante la encrucijada más decisiva de su historia moderna. La negativa a canjear sanciones deportivas por compensaciones monetarias envía un mensaje de firmeza a la comunidad internacional. Si el tribunal de apelación ratifica la culpabilidad del Manchester City, el fútbol inglés se verá obligado a ejecutar un castigo ejemplar que garantice que ningún imperio económico esté por encima del reglamento. @mundiario
