Escogidos para servir

Por:  Héctor E. Contreras.

Juan 17:15-19, I-Pedro 1:2

El capítulo 17 del Evangelio de Juan, en sus primeros versos, encontramos la famosa oración de Jesús que comienza con el verso 1 y es el punto final de algo así como una graduación y el inicio de una encomienda. En ella Jesús entrega su misión a los discípulos y, por extensión, a todos los creyentes que vendrían después de ellos. En su oración, Jesús dice: “Como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que me diste. Y esta es la vida eterna: que te conozcan a tí, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”, Juan 17:2-3. Todo el capítulo 17 contiene la oración de Jesús y a partir de ella, aprendemos que el mundo es un tremendo campo de batalla, donde las fuerzas bajo el mando de Satanás y las que están bajo la autoridad de Dios están en guerra. A Satanás y sus fuerzas los motiva un amargo odio hacia Cristo y sus fuerzas, es decir, los creyentes. Jesús oró por sus discípulos, incluyendo a quienes lo seguimos hoy en día. Pidió a Dios que guardase del poder de Satanás a sus creyentes escogidos, apartándolos puros y santos,uniéndolos mediante su verdad.

Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo: Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones”, Jeremías 1:4-5. Dios te conoció de la misma manera que a Jeremías, mucho antes de que tú nacieras o incluso lo conocieras. Pensó en tí e hizo planes para tu vida. Cuando te sientas desconsolado o que no eres digno, recuerda que Dios siempre te ha considerado muy valioso y ha tenido en su mente un propósito para tí. De Jeremías dice: “Te di por profeta a las naciones”. Dios tiene un propósito para cada creyente, pero Él designa a algunos para una clase específica de trabajo. Por ejemplo: Sansón, Jueces 13:3-5, David, I-Samuel 16:12-13, Juan el Bautista, Lucas 1:13-17 y Pablo, Gálatas 1:15-16, recibieron el llamado para realizar un trabajo especial para Dios. Cualquiera que sea el trabajo que tú hagas, debes hacerlo para la gloria de Dios, según Filipenses 1:11. Si Dios te da una tarea específica, acéptala con gozo y hazla  con excelencia. 

Si Dios no te ha dado una asignación, procura siempre cumplir la misión común para todos los creyentes: Amar, obedecer y servir a Dios, hasta que su dirección se defina para tí. ¿Amén? Ojalá que así sea. 

No te ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad”, Juan 17:15-19. Un seguidor de Cristo se santifica, es apartado para uso sagrado, lavado y hecho santo al creer y obedecer la Palabra de Dios, según Hebreos 4:12. Ya ha aceptado el perdón mediante la muerte en sacrificio de Cristo Jesús, Hebreos 7:26-27. Sin embargo, la aplicación diaria de la Palabra de Dios tiene un efecto purificador sobre nuestros corazones. Las Escrituras señalan el pecado, nos mueve a confesar, renueva nuestra relación con Cristo y nos guían de regreso al buen camino. 

Jesús no pidió que Dios quitara a los creyentes del mundo, sino que los usara en el mundo. Como Jesús nos envía al mundo, no tenemos que tratar de escaparnos de Él. Tampoco debemos evitar toda relación con inconversos, sino que tenemos el llamado de ser sal y luz en la tierra, Mateo 5:13-16, y debemos hacer la obra que Dios nos ha enviado a realizar. Al final, Jesús no ora para que sus discípulos sean sacados del mundo, sí lo hace para que se les libre de su maldad en el nombre del Padre. También ora para que sean santificados; esto es, apartados para el ministerio de la verdad, versos 17-19. ¡Dios es Bueno! Amados del Señor y nos ha escogido para su servicio en este mundo que tanto necesita de Él. ¿Amén

Pedro, apóstol de Jesucristo, a los expatriados de la dispersión en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas”, I-Pedro 1:1-2. La frase “los expatriados de los dispersión”, tiene como trasfondo el exilio de la diáspora judía en el AT y los destinatarios de esta carta eran predominantemente cristianos gentiles. “Elegidos”: 

Al igual que Dios escogió a Israel, escogió también a la Iglesia desde la eternidad como su propio pueblo. “Nos hizo renacer”: Se refiere al nuevo nacimiento, según el verso 23 de este mismo capítulo, que nos dice: “Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre”. Este último verso se traduce como “siendo renacidos”. Es el Cristo viviente que hace posible una esperanza viva en Él. Es en la presciencia de Dios, del griego “prógnítsis”, que es igual a “conocimiento previo” o “preconocimiento”. Es el aspecto de la omnisapiencia de Dios por el que los acontecimientos futuros son conocidos por Él de antemano y sin mediar ninguna indicación objetiva de que están por ocurrir.

Por esta presciencia de Dios, es que, como en la cita del profeta Jeremías, cuando el mismo Dios nos dice: “Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué”. Tú, amado hermano, amado amigo lector de este mensaje, Dios ya te ha escogido para que le sirvas, para que anuncies al mundo todo cuánto Él te ha dado y puesto a tu disposición. Ya has sido escogido, ya has sido santificado en Él y por Él, sólo debes aceptar el reto y decir que sí, estoy dispuesto a cumplir tus propósitos en mí.

Dios te bendiga, Dios te guarde y Dios haga de tí un hombre, una mujer en disposición de aceptar y cumplir sus propósitos contigo.

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