Se impuso la lógica de un monólogo absoluto. Tras un asedio incesante sobre el área rival, al vigésimo remate de España llegó la vencida para romper el muro. Dibu Martínez se había erigido como el gran héroe de la Albiceleste al salvar a Argentina una y otra vez con intervenciones milagrosas a lo largo de casi todo el encuentro, pero la insistencia ibérica encontró su premio definitivo en las botas de Ferran Torres.
La jugada decisiva nació de la genialidad de Nico Williams, cuya precisa asistencia sirvió para que el delantero oriundo de Foios conectara el balón al fondo de las redes. Ese agónico 1-0 desató la locura en las gradas y le permite al atacante de la Comunidad Valenciana entrar por la puerta grande en la historia de los Mundiales de fútbol. Su nombre quedará grabado para siempre con letras de oro gracias a una anotación que vale toda una Copa del Mundo.
Como ya es costumbre en el libreto táctico de la Roja, el 7 español inició el compromiso desde el banquillo, esperando pacientemente su oportunidad. Fue en el minuto 61 del partido cuando Luis de la Fuente decidió agitar el ataque y darle entrada en sustitución de un desgastado Mikel Oyarzabal. Ferran volvió a responder con creces a la confianza ciega de su seleccionador, demostrando ser el revulsivo más letal del torneo.
En esta ocasión, su impacto no llegó a través de una asistencia de oro como la que firmó ante Portugal en la ronda de octavos de final. El destino le tenía preparado un premio mucho mayor: el gol más importante de toda su carrera profesional y, sin lugar a dudas, la diana más trascendental para el balompié español en los últimos 16 años, emulando la mítica hazaña de Johannesburgo en 2010.
Este campeonato se traduce en un reconocimiento gigante para un futbolista que ha sido duramente criticado por la opinión pública debido a su falta de atino en los últimos metros durante la temporada. El fútbol y la perseverancia le han devuelto la gloria en el escenario ideal. España se proclama campeona del mundo gracias al primer gol de Ferran en todo el certamen, confirmando que no importa la cantidad de dianas, sino saber aparecer en el momento más definitivo de la historia.
Pudieron ser dos
El incansable Ferran Torres estuvo a punto de protagonizar una acción que habría desatado el éxtasis absoluto en las filas españolas y sentenciado por completo el encuentro. Aprovechando un desajuste defensivo del combinado argentino, el astuto atacante de la Roja leyó la jugada a la perfección para robar la cartera a los centrales. Sin pensárselo dos veces, se lanzó en velocidad vertical hacia el área custodiada por un Emiliano «Dibu» Martínez que salía a la desesperada.
En el mano a mano frente al guardameta del Aston Villa, el 7 español demostró una tremenda frialdad y una confianza renovada en sus capacidades. Con un gesto técnico impecable, el delantero conectó un remate milimétrico y raso que superó la estirada del arquero argentino, colándose en el fondo de las mallas. El banquillo de la Roja y la marea de aficionados españoles en el MetLife Stadium estallaron en una celebración eufórica que parecía poner el broche de oro a la gran final.
Sin embargo, la inmensa alegría ibérica se congeló en el acto cuando el asistente levantó el banderín en la banda de forma instantánea. No hizo falta una revisión del VAR ni sembrar la incertidumbre en los monitores; la posición adelantada era cierta, milimétriccaso eso sí, para el ojo humano del juez de línea. Ferran se había adelantado por apenas unos centímetros al último defensor de la Albiceleste en el momento preciso del pase, invalidando lo que hubiese sido un golpe letal.
¿Se lo imaginan por un instante? Aquella anotación frustrada por la bandera arriba habría significado la guinda perfecta para un día que, de por sí, ya se presentaba como inolvidable en la carrera profesional del atacante español. Firmar un doblete en el escenario más imponente del deporte rey y ante la Argentina de Lionel Messi habría silenciado de forma definitiva e inapelable a todos aquellos detractores que cuestionaron su presencia en la lista de convocados.
A pesar del trago amargo y la frustración momentánea por ver el banderín levantado, el destino ya le tenía reservado a Ferran Torres su lugar de honor en los altares del balompié de su país. Su gol anterior ya había inclinado la balanza y, con el pitido final en el horizonte, la anécdota del fuera de juego quedó en un segundo plano. El atacante valenciano pudo celebrar por todo lo alto, sabiendo que su nombre ya formaba parte de la leyenda dorada de las Copas del Mundo. @mundiario
