El cemento del Qizhong Forest Sports City dejará de ser para siempre la última fortaleza inexpugnable del tenis patrio. Durante más de tres lustros, el Masters 1.000 de Shanghái resistió como una anomalía estadística, el único eslabón de la dorada categoría ATP que se negaba a inscribir un apellido español en su palmarés oficial. Ese maleficio quedó enterrado este sábado con una sacudida histórica: apenas un suspiro después de que Alejandro Davidovich despidiera a Alexander Zverev, Rafa Jódar completó la obra maestra apeando con insultante aplomo a Daniil Medvedev (6-3 y 6-4 en 1h44) para teñir la final asiática de rojo y gualda.
La cita de este domingo (10:30 horas, Movistar+) adquiere tintes de acontecimiento legendario al rubricar la novena final íntegramente española de la era Masters 1.000 —computada desde 1990— y la primera de toda la serie sobre superficie rápida. Nueve primaveras han tenido que desfilar desde aquel lejano duelo sobre la arcilla de Montecarlo 2017 entre Rafael Nadal y Albert Ramos para reencontrar a dos compatriotas jugándose una corona de este tonelaje, un síntoma inequívoco del vigor inagotable de una escuela que desafía cualquier ley del desgaste generacional.
A sus 20 años y aposentado en el escalón trece de la jerarquía planetaria, Jódar se plantó en la pista central con las reservas físicas bajo mínimos tras una semana maratoniana de cuatro remontadas consecutivas. El desafío se antojaba monumental ante un Medvedev que en la víspera bromeaba con las ganas de sentir en vivo la pólvora del madrileño; sin embargo, fue el exnúmero uno moscovita quien terminó desbordado por el cañón de un novato que ya es el segundo tenista más precoz en amasar una veintena de victorias de Masters 1.000 en un solo curso, solo por detrás de los 28 zarpazos de Nadal con 19 abriles en 2005.
El pulso se cimentó en un primer parcial agónico, inaugurado con un asfixiante juego de trece minutos que marcó la pauta de la trifulca. A pesar de verse obligado a solicitar la asistencia del fisioterapeuta al adjudicarse la primera manga para aliviar la fatiga acumulada en sus articulaciones, Jódar no solo esquivó la trampa de desgaste propuesta desde el fondo por el ruso, sino que redobló la agresividad de sus tiros hasta provocar la paulatina pérdida de cordura de un Daniil impotente para contrarrestar sus latigazos.
«Ha sido un partido muy duro en el primer set. Todos los juegos han estado muy igualados, con bolas de ‘break’ para él y para mí. Estoy muy contento con cómo he gestionado los momentos importantes de esa primera manga y también con mi rendimiento al resto y al saque. Daniil es un rival muy complicado y hoy ha jugado bien, así que he tenido que dar mi mejor nivel para superarle», reconocía con asombrosa serenidad el pupilo capitalino tras consumar su segundo triunfo de la semana frente a una raqueta afincada entre los diez primeros del ranking.
La frontera del ‘top-ten’ y el asalto a las Finales de Turín
El impacto de la gesta asiática catapulta a Jódar hacia su tercera final en su temporada inaugural como profesional, sumándose al trofeo conquistado en la tierra de Marrakech y al subcampeonato peleado en el asfalto de Washington. Lejos de dejarse embriagar por los elogios, el madrileño enfocó de inmediato su mente en la recuperación celular de cara a la cita dominical: «Creo que esta semana está yendo muy bien para mí. Me estoy sintiendo muy cómodo en la pista, pero todavía queda un partido más. Ahora intentaré recuperarme bien para estar mañana en la mejor forma posible y tratar de llevarme esa final».
Las consecuencias numéricas del paso al frente de la joven perla española son devastadoras en la clasificación general. La victoria ante Medvedev garantiza a Jódar amanecer este próximo lunes, en el peor de los escenarios, como número once de la ATP; en caso de rematar la faena y adjudicarse el título frente a su compatriota, el madrileño romperá la barrera del ‘top-ten’ para codearse con la realeza absoluta del tenis con apenas unos meses de rodaje entre la élite.
Asimismo, la aventura shanghainesa blinda de forma casi definitiva su presencia en las inminentes Nitto ATP Finals. Asentado con firmeza en el noveno cajón de la ‘Race’ con 309 puntos de ventaja sobre el australiano Álex de Miñaur, la renuncia confirmada de Jannik Sinner convierte esa posición en pasaporte directo hacia Turín, situando a España en la tesitura privilegiada de contar con dos representantes de primer orden bajo la cubierta italiana.
Enfrente aguardará el renacido Alejandro Davidovich, quien a sus 27 años y desde el puesto 26 del escalafón universal aterriza en el desenlace henchido de fe tras dejar en la cuneta a Zverev. El choque fratricida supondrá el primer enfrentamiento oficial entre dos tenistas que representan caminos opuestos hacia la madurez: la sobria solidez del malagueño, curtido en mil batallas y rescates milagrosos, frente a la insolente frescura de un Jódar que no entiende de jerarquías ni de cansancio.
Con el trofeo de Shanghái esperando a su dueño en el centro de la pista, el tenis español se prepara para festejar una jornada de plenitud deportiva indiscutible. Atrás queda la leyenda negra de un campeonato maldito que durante décadas se resistió a las mejores generaciones de la Armada; este domingo, el relevo y la consagración colisionarán en China para sellar una página inolvidable en la historia de la raqueta nacional. @mundiario
