España le debe un gran favor a José Mourinho por el rendimiento de Huijsen

El fútbol de élite mide la verdadera talla de sus protagonistas en su capacidad para reaccionar ante los golpes más duros del destino deportivo. Hace apenas seis meses, el 30 de marzo, Dean Huijsen acariciaba el gran sueño de su vida tras completar los 90 minutos con la selección española frente a Egipto, viéndose prácticamente con el billete asegurado en la lista definitiva de 26 elegidos por Luis de la Fuente. Sin embargo, el bajón colectivo del Real Madrid en la recta final de curso le arrastró fuera de la convocatoria para un Mundial que la propia Roja acabaría coronando.

Aquella convocatoria representó un auténtico mazazo para el joven zaguero hipano-neerlandés que aseguró en una entrevista que concedió al diario Marca que todo aquello fue «un momento muy triste» que sacudió a todo su entorno. La dolorosa ausencia caló hondo en un futbolista que ya se sentía partícipe del proyecto, forzándole a convivir con la desilusión mientras contemplaba por televisión cómo sus compañeros tocaban la gloria planetaria en territorio norteamericano.

Lejos de hundirse en el lamento, la respuesta del defensor se fraguó durante el periodo estival mediante un riguroso plan de reconstrucción mental y física. Huijsen comenzó su reseteo buscando desconectar de la asfixia mediática, para transformar de inmediato las vacaciones en un campamento de trabajo intensivo en tierras asiáticas antes de instalarse en Marbella para entrenar en solitario junto a su padre.

Ese sacrificio en la sombra, enfocado a perfeccionar la velocidad en el repliegue y blindar la fortaleza psicológica, le permitió aterrizar en la pretemporada blanca como un auténtico tiro. El aterrizaje de José Mourinho en el banquillo del Santiago Bernabéu supuso el espaldarazo definitivo: el estratega portugués apenas necesitó un par de sesiones para detectar la jerarquía del zaguero y confiarle el mando de la retaguardia madridista.

La progresión de Huijsen bajo las órdenes de The Special One ha sido meteórica, adelantando en la rotación a figuras consagradas como Antonio Rüdiger e Ibrahima Konaté. Su presencia en el once merengue ha sido prácticamente ininterrumpida a lo largo de este arranque de curso, habiendo disputado todos los minutos posibles salvo el choque liguero ante el Rayo Vallecano por descanso y la última media hora del derbi madrileño a causa de una rigurosa expulsión.

El aplomo del derbi y la consagración ante Croacia

Aquel tropiezo fortuito en el Metropolitano representó el único lunar en un inicio de temporada impecable, pero también sirvió como baremo de su madurez. A diferencia del curso pasado, donde la caldera rojiblanca le generó dudas, el defensor no se vino abajo y completó un partido de notable solvencia hasta el lance con Giuliano Simeone, demostrando que la presión ambiental ya no condiciona su toma de decisiones sobre el césped.

Esa renovada coraza mental se reflejó con absoluta nitidez en su regreso a la escena internacional con la camiseta de España frente a Croacia. Sobre el césped del Sánchez-Pizjuán, Huijsen completó una actuación soberbia, gobernando el juego aéreo, anticipando con precisión y sacando el balón jugado con la serenidad propia de un veterano campeón del mundo, desprovisto de cualquier atisbo de ansiedad por tener que reivindicarse.

La exhibición en suelo sevillano ratifica que Luis de la Fuente recupera a un activo capital para el relevo generacional de la zaga nacional. Marcado desde hace tiempo en los informes federativos como un central de época por envergadura y trato de balón, su rendimiento confirma que las conclusiones obtenidas en las categorías inferiores estaban plenamente justificadas cuando el contexto competitivo aprieta.

El zaguero encara el porvenir con la ambición intacta de hacer historia tanto en Chamartín como en el combinado nacional. Su capacidad de superación sin alzar la voz ni buscar justificaciones externas le ha devuelto al primer plano por méritos propios, convirtiendo aquel verano amargo en el trampolín hacia su consolidación definitiva en la élite.

Dean Huijsen ha transformado la adversidad en liderazgo puro. Con la confianza ciega de Mourinho en el Real Madrid y las puertas de la selección abiertas de par en par, el joven central demuestra que el camino hacia la grandeza no se define por las caídas, sino por la determinación y el silencio con los que uno decide levantarse. @mundiario