Por: Héctor E. Contreras.
“Tanta prisa tenemos por hacer, escribir y dejar oír nuestra voz en el silencio de la eternidad, que olvidamos lo único realmente importante: “que es vivir”, Albert Einstein. Se hace necesario vivir el “tiempo” de hoy, porque existe un mundo que marcha muy apresurado. Es una necesidad urgente utilizar bien el tiempo, siempre en beneficio de nuestros semejantes y de nosotros mismos. Sobre el tiempo, el apóstol Pedro escribió lo siguiente: “Mas, oh amados, no ignoremos esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”, II-Pedro 3:8-9. La perspectiva divina del tiempo responde a la crítica de los versos anteriores, donde aparece la palabra “tardanza”, referente al regreso del Señor y constituye una reacción humana ante el cálculo divino del tiempo. Recuerdo a los amigos lectores que, el mejor tiempo, es el tiempo de Dios. Y plasmo en este mensaje las palabras de un hermano en la fe muy querido, quien, en su lenguaje cibaeño dice sobre el tiempo: “Ei Señoi nunca llega taide”. Continuemos firmes hacia adelante, sabiendo que nuestro Dios está por nosotros, ahora y siempre.
“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar”, Eclesiastés 3:1-4. Estos versos nos enseñan, que Dios tiene un plan para todas las personas, por lo tanto, proporciona ciclos de vida y trabajo para que lo realicemos. A pesar de que nos enfrentamos con muchos problemas que parecen contradecir los planes de Dios, estos no deben ser obstáculos para creer en Él, sino más bien oportunidades para descubrir que, sin Dios, los problemas de la vida no ofrecen soluciones duraderas.
Todas las experiencias enumeradas en estos versículos son oportunas en ciertos momentos. El secreto de estar en paz con Dios es descubrir, aceptar y apreciar el momento perfecto según Él. El peligro está en dudar o resentirse por el sentido de oportunidad de parte de Dios.
“Y Daniel habló y dijo: Sea bendito el nombre de Dios de siglos en siglos, porque suyos son el poder y la sabiduría. Él muda los tiempos y las edades; quita reyes, y pone reyes; da la sabiduría a los sabios, y la ciencia a los entendidos”, Daniel 2:20-21. Este capítulo de Daniel, trata sobre los sueños del rey Nabucodonosor y la revelación de Dios por medio de Daniel. Daniel pidió a Dios que le revelara los sueños, porque el rey le había dado a Daniel tiempo para encontrar la respuesta. Daniel buscó a sus tres amigos y oraron juntos. Esto también nos enseña que, cuando estés en un momento difícil, cuenta tus necesidades a tus amigos de confianza que también crean en el poder de Dios. La oración es lo más eficaz con que puedes contar. Luego que Daniel pidió a Dios en oración la revelación de éstos, recibió una visión de parte del Señor. Su oración fue contestada. ¿Cómo te sientes tú cuando ves que tus oraciones son contestadas? ¿Emocionado, sorprendido, aliviado? La respuesta está en saber dar gracias a Dios por los beneficios que recibimos en sus respuestas a nuestras oraciones delante de su presencia. Hace algunos años, en nuestra congregación cantábamos: “Dios contesta la oración, la oración, si le somos fiel”. La fidelidad a nuestro Dios y a lo que somos, es nuestro estandarte en alto, bien alto, que nos identifica como verdaderos hijos de Dios por medio de Cristo Jesús.
”Pero también digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo; sino que está bajo tutores y curadores hasta el tiempo señalado por el padre. Así también nosotros, cuando éramos niños, estábamos en esclavitud bajo los rudimentos del mundo. Pero cuando el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley”, Gálatas 4:1-4. Bajo la ley éramos como un heredero durante su minoría de edad, sujeto a tutores hasta alcanzar la edad querida. Para llegar a la madurez, se necesita el “tiempo” y esta espera, en ocasiones se hace larga.
Por tal razón, cuando Pablo escribe “cuando vino el cumplimiento del tiempo”, alude al momento señalado por Dios para la venida de Cristo, cuando las condiciones mundiales favorecían su aparición; es decir, el “tiempo perfecto de Dios”. Por siglos los judíos se preguntaban cuándo vendría el Mesías, pero debieron dejar que se cumpliera el tiempo de Dios. Algunas veces podremos preguntarnos si Dios responderá nuestras oraciones. Sin embargo, nunca debemos dejar de confiar en Él o desesperar. A su tiempo responderá. ¿Estás esperando el tiempo de Dios? Confía en su juicio y verdad, ya que Él tiene para ti la mejor de las intenciones.
“¿Por qué dices, oh Jacob, y hablas tú, Israel; mi camino está escondido de Jehová, y de mi Dios pasó mi juicio? ¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance. Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan, y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán”, Isaías 40:27-31. “Mi camino está escondido”: Una comprensión adecuada de la intervención de Dios en la vida solamente se obtiene conociendo sus pensamientos y caminos. Aquí se llama a ser pacientes cuando se dice: “pero los que esperan”. ¡Cuán difícil es en ocasiones! Significa continuar viviendo con la firme esperanza de que el Señor establecerá su reino cuando llegue el momento; Dios se enfrentará al mal. Tal actitud interior nos da nuevas fuerzas para levantarnos y proseguir adelante con vigor y valor.
Nuestra fortaleza espiritual viene de esperar en el Señor. Es apoyarse en la Palabra de Dios por la fe que es en Cristo Jesús, cuando las circunstancias parecen cuestionar la verdad de sus promesas. Nuestra habilidad para perseverar hasta el fin dependerá de nuestra disposición de permitirle al Espíritu Santo cultivar en nosotros ese tipo de fe.
Esperar en Dios es saber que su fuerza prometida nos ayuda a levantarnos por encima de las confusiones y dificultades de la vida. Significa también confiar en Dios. Esto nos ayuda a estar preparados para cuando Él nos hable.
Que la gracia de Dios esté en cada vida, hoy siempre. Bendiciones, amados.



