Estados Unidos ha endurecido su postura frente a Irán al reclamar un compromiso público para garantizar la libre navegación por el estrecho de Ormuz. Washington considera imprescindible que Teherán asegure que no atacará embarcaciones comerciales ni impondrá restricciones al tránsito marítimo, independientemente de la ruta que utilicen los buques.
La petición llega tras varios días de tensión militar que rompieron la relativa calma existente en la zona. La crisis comenzó con ataques contra varios barcos que navegaban cerca de Omán y continuó con bombardeos estadounidenses sobre territorio iraní. Posteriormente, Teherán respondió lanzando misiles y drones contra objetivos vinculados a aliados de Estados Unidos en el golfo Pérsico.
Aunque la intervención diplomática de países como Omán, Qatar, Pakistán y Turquía ha contribuido a reducir la tensión, las negociaciones siguen siendo frágiles. Para Washington, la seguridad del estrecho es una prioridad estratégica, ya que por esta vía marítima circula una parte muy importante del petróleo, el gas y los fertilizantes que abastecen a numerosos países.
La diplomacia intenta avanzar mientras persisten las diferencias
En este contexto, el ministro iraní de Asuntos Exteriores, Abbas Aragchi, se desplazó a Mascate para reunirse con las autoridades de Omán, uno de los principales mediadores entre ambos países. Oficialmente, el encuentro forma parte de las consultas destinadas a aplicar el alto el fuego alcanzado semanas atrás y abordar la gestión futura del estrecho.
Sin embargo, las conversaciones también sirven para trasladar mensajes indirectos entre Washington y Teherán. Uno de los principales desacuerdos es quién debe controlar el tráfico marítimo. Irán defiende que todos los barcos coordinen su paso con sus autoridades, mientras que Estados Unidos respalda corredores marítimos alternativos que reduzcan la capacidad de control iraní.
Además, la Administración estadounidense insiste en que Irán renuncie a cualquier intento de cobrar tasas a los buques y acepte nuevas inspecciones sobre su programa nuclear. A cambio, mantiene abierta la posibilidad de aliviar algunas sanciones económicas si se producen avances reales.
No obstante, la confianza sigue siendo limitada. Teherán acusa a Washington de incumplir compromisos anteriores después de revocar permisos para exportar petróleo iraní y retrasar el desbloqueo de fondos congelados en el extranjero.
Las divisiones internas y el intercambio de amenazas complican el diálogo
El proceso negociador también está condicionado por las diferencias dentro del propio régimen iraní. Desde Estados Unidos se ha filtrado que responsables iraníes atribuyeron los ataques contra los buques a sectores más radicales, aunque Teherán ha rechazado públicamente esa versión y sostiene que las conversaciones se mantienen únicamente gracias a la mediación regional.
Estas discrepancias reflejan la existencia de dos corrientes dentro del poder iraní: una más favorable al diálogo y otra que apuesta por mantener una posición de máxima confrontación con Estados Unidos.
Al mismo tiempo, el nuevo líder supremo, Mojtaba Jameneí, ha lanzado duras amenazas contra quienes considera responsables de la muerte de su padre, Ali Jameneí. Desde Washington, Donald Trump respondió asegurando que Estados Unidos reaccionará con una respuesta militar contundente ante cualquier intento de atentado contra él.
Pese a la dureza del discurso público, ambas partes mantienen abiertos los canales diplomáticos. El futuro de esas conversaciones será determinante para evitar una nueva escalada militar y garantizar la estabilidad de una de las rutas marítimas más importantes para el comercio internacional. @mundiario
