La Unión Europea ha dado luz verde política a una nueva misión civil y militar en el Líbano, concebida para reforzar las instituciones de seguridad del país en un momento especialmente delicado: la futura retirada de la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano (FINUL), conocida como UNIFIL por sus siglas en inglés. La iniciativa pretende que el final de la operación de los cascos azules no deje a las autoridades libanesas sin apoyo internacional para proteger sus fronteras, combatir el contrabando y mejorar el control del territorio.
La decisión, acordada por los ministros de Asuntos Exteriores de los Veintisiete en Luxemburgo, abre la puerta a la creación de la Misión de Apoyo de la Unión Europea en Líbano, identificada como EUSM Lebanon. Su mandato inicial será de tres años y tendrá dos componentes complementarios: uno militar, centrado en asesorar y formar al Ejército libanés, y otro civil, destinado a mejorar las capacidades de las fuerzas de seguridad interior y de la policía.
La jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, ha defendido que la iniciativa busca contribuir a que las instituciones libanesas recuperen capacidad de actuación y puedan ejercer su autoridad de manera efectiva. La propuesta responde también a una petición de las propias autoridades del país, que han reclamado apoyo europeo ante la incertidumbre que rodea la futura presencia internacional.
Sin embargo, conviene precisar el alcance de la decisión. La aprobación política no significa que los efectivos estén ya desplegados ni que exista una estructura operativa completamente definida. Antes de comenzar las actividades sobre el terreno será necesario completar la planificación, establecer el mando y concretar qué países aportarán personal y material. El objetivo anunciado es poner en marcha la misión en los próximos meses, pero el calendario dependerá de esas decisiones.
La nueva operación tampoco será una sustitución directa de la FINUL. Su función principal será desarrollar las capacidades de las instituciones libanesas, no reproducir la presencia de miles de cascos azules que patrullan una zona especialmente sensible. Esa diferencia explica tanto el interés de Bruselas como las dudas sobre la capacidad de la misión para cubrir las necesidades de seguridad que dejará la retirada de Naciones Unidas.
La misión asesorará y formará a las Fuerzas Armadas Libanesas en vigilancia de fronteras terrestres, seguridad marítima, inteligencia, reconocimiento, coordinación operativa y lucha contra el contrabando. También se contempla reforzar las capacidades relacionadas con la vigilancia y la respuesta frente a drones, una tecnología cada vez más presente en los conflictos de la región.
Dos componentes para reforzar al Estado libanés
El propósito es que el Ejército libanés pueda detectar mejor los movimientos ilegales, proteger los accesos al territorio y mejorar su coordinación con otras instituciones. La formación y el asesoramiento buscan crear capacidades que permanezcan en el país una vez concluida la misión europea, en lugar de depender indefinidamente de personal extranjero.
El componente civil se centrará en las Fuerzas de Seguridad Interior. Incluirá formación especializada, asesoramiento y apoyo para mejorar la lucha contra el tráfico ilícito, el ciberdelito y otras amenazas que requieren conocimientos técnicos. También se pretende reforzar la protección de infraestructuras estratégicas, entre ellas el puerto de Beirut, cuyo funcionamiento es esencial para la economía y el abastecimiento del país.
Ambos pilares estarán vinculados a un mismo objetivo político: aumentar la capacidad del Estado para ejercer sus funciones de seguridad. La UE pretende que el apoyo militar no quede aislado de la labor policial y de la gestión de las infraestructuras críticas. Sin instituciones coordinadas, la vigilancia fronteriza puede resultar insuficiente frente a redes de contrabando, grupos armados y actividades ilegales que atraviesan distintas jurisdicciones.
La misión se enmarcará en la Política Común de Seguridad y Defensa de la UE y complementará otras formas de asistencia europea a Líbano. Su actuación deberá coordinarse con las autoridades libanesas, los Estados miembros, Naciones Unidas y otros socios internacionales, en consonancia con la resolución 1701 del Consejo de Seguridad, aprobada en 2006 tras la guerra entre Israel y Hezbolá.
La resolución reclamó, entre otras cuestiones, el cese de las hostilidades y el fortalecimiento del papel de las fuerzas estatales libanesas en el sur del país. La nueva misión europea no sustituye ese marco ni resuelve por sí misma las disputas sobre su aplicación, pero intenta contribuir a que las instituciones nacionales dispongan de más medios para cumplir sus responsabilidades.
La principal razón estratégica de la iniciativa europea es el final previsto de la FINUL. Naciones Unidas mantiene esta fuerza desde 1978, y su despliegue se amplió tras la guerra entre Israel y Hezbolá de 2006. Desde entonces, la misión ha desempeñado funciones de vigilancia, enlace y apoyo a las Fuerzas Armadas libanesas, además de contribuir a reducir el riesgo de enfrentamientos directos en el sur del país.
El mandato actual expira el 31 de diciembre de 2026, y la retirada está prevista para comenzar después. La decisión supone un cambio relevante en el dispositivo internacional de seguridad, aunque no implica que todos los efectivos abandonen inmediatamente el territorio ni que desaparezca de un día para otro toda forma de cooperación internacional.
El presidente libanés, Joseph Aoun, ha defendido la continuidad del apoyo exterior y ha solicitado que se prorrogue la presencia de Naciones Unidas. Para Beirut, el problema no es únicamente militar: las Fuerzas Armadas nacionales necesitan recursos, equipamiento, formación y capacidad operativa para asumir responsabilidades que hasta ahora compartían, en determinadas zonas y funciones, con la FINUL.
Israel ha criticado durante años la eficacia de los cascos azules para impedir que Hezbolá mantenga posiciones y capacidades militares cerca de la frontera. Estados Unidos también ha cuestionado el papel de la operación y ha defendido fórmulas de seguridad que den más protagonismo a los acuerdos directos entre Israel y el Líbano. En ese contexto, la retirada de la FINUL no es una cuestión administrativa, sino una modificación de los equilibrios sobre el terreno.
España, Francia e Italia: el papel europeo y el mando de la operación
La UE intenta responder a ese escenario reforzando al Estado libanés, sin asumir formalmente las funciones de una fuerza internacional desplegada como amortiguador entre dos partes enfrentadas. Pero la diferencia entre formar soldados y mantener una presencia de interposición es sustancial. Los asesores europeos podrán ayudar a mejorar capacidades, mientras que la disuasión frente a un nuevo enfrentamiento dependerá de factores que la misión no controla.
Por eso, el apoyo europeo puede contribuir a reducir el riesgo de descontrol, pero no garantiza por sí solo que el vacío de seguridad quede cubierto. El propio diseño de la misión refleja esa limitación: su objetivo es fortalecer las instituciones libanesas, no sustituir a la FINUL en el sur.
España, Francia e Italia figuran entre los países con experiencia prolongada en el despliegue de cascos azules en el Líbano y han expresado interés en mantener su compromiso con la estabilidad del país. España ha defendido que Europa debe contribuir a evitar un vacío de seguridad y cuenta con experiencia operativa en el sector oriental de la FINUL.
No obstante, el reparto definitivo de efectivos, la estructura de mando y las contribuciones nacionales todavía deben concretarse. Se ha debatido la posibilidad de una dirección rotatoria entre Italia, Francia y España, pero no debe presentarse como un acuerdo definitivo. Tampoco está confirmada una cifra final de personal para la misión europea, aunque se han manejado estimaciones iniciales de un contingente mucho menor que los miles de efectivos de Naciones Unidas.
La participación de cada país dependerá de las decisiones nacionales y de la planificación operativa. En el caso de España, la experiencia acumulada en la FINUL puede facilitar la transición hacia labores de formación y asesoramiento, pero no significa que el contingente español vaya a reproducir el mismo dispositivo ni a asumir las mismas responsabilidades.
La misión también se integrará en una estrategia europea más amplia de apoyo a las instituciones libanesas. El Consejo de la UE aprobó en junio de 2026 una nueva medida de asistencia de 100 millones de euros para reforzar las capacidades del Ejército libanés a través del Mecanismo Europeo para la Paz. La misión civil y militar permitirá complementar esa ayuda con asesoramiento y formación especializada.
El principal desafío será convertir la formación y el apoyo técnico en una mejora real de la seguridad. El Ejército libanés opera en un país afectado por una grave crisis económica, instituciones debilitadas y una compleja distribución del poder político y militar. La existencia de fuerzas armadas estatales no significa que el Gobierno disponga de un control exclusivo y efectivo de todas las armas y estructuras armadas presentes en el territorio.
Hezbolá, organización política y militar respaldada por Irán, constituye un elemento central de esa dificultad. La capacidad del Estado para ejercer autoridad sobre el conjunto del país depende de factores políticos internos, del equilibrio regional y de la evolución de los enfrentamientos con Israel. Una misión de asesoramiento puede mejorar la vigilancia y la coordinación, pero no puede resolver por sí sola estas disputas ni imponer un acuerdo político. @mundiario
