Llega un parón de selecciones y vuelve a aparecer una expresión que el fútbol ha convertido casi en tradición: el “virus FIFA”. Un futbolista abandona una concentración, otro regresa antes de tiempo a su club y un tercero termina un partido con molestias. La lista crece y automáticamente comienza el recuento de víctimas. Sin embargo, quizá convenga esperar un poco antes de meter todas esas bajas dentro del mismo saco.
El Países Bajos-Alemania del jueves ofreció una buena fotografía. Jamal Musiala se lesionó durante el calentamiento y Kai Havertz tuvo que abandonar el partido antes del descanso. Brian Brobbey tampoco pudo completar el encuentro. En apenas unas horas, tres problemas físicos alrededor de un mismo partido. En el caso de Musiala ya no existe demasiado debate: el Bayern confirmó una rotura de fibras en el muslo derecho. Havertz, por su parte, abandonó la concentración alemana después de que se le diagnosticase una distensión muscular.
También Ibrahima Konaté regresó antes de tiempo al Real Madrid después de lesionarse durante un entrenamiento con Francia. La federación francesa habló inicialmente de un esguince leve de rodilla y acordó con los servicios médicos madridistas que el central regresase a España. Posteriormente, el Real Madrid informó de una lesión en el ligamento colateral de la pierna derecha, sin establecer todavía un periodo concreto de baja.
Hay lesiones, por tanto. Algunas incluso importantes. Eso no está en discusión. La pregunta es si todas las bajas que se acumulan durante estas semanas deberían presentarse automáticamente como nuevos casos del temido “virus FIFA”. Porque una rotura muscular que deja varias semanas fuera a un jugador no puede tener la misma consideración que una sobrecarga, una pequeña distensión o una molestia que aconseja detenerse durante unos días.
El contexto tampoco es menor. Este primer parón internacional después del Mundial ocupa alrededor de tres semanas y algunas selecciones europeas pueden disputar hasta cuatro encuentros de Nations League. Alemania, por ejemplo, comenzó ante Países Bajos el 24 de septiembre y todavía tiene partidos ante Grecia, Serbia y de nuevo Grecia antes de regresar sus internacionales a los clubes. Es una concentración extraordinariamente larga dentro de un calendario que ya exige prácticamente durante todo el año.
Y es ahí donde aparece una posibilidad difícil de demostrar, pero también difícil de ignorar. ¿Por qué arriesgar con una pequeña molestia? Un futbolista que nota una sobrecarga, un pinchazo o cualquier señal muscular puede tener muchos menos incentivos para forzar en un partido de Nations League que en una final de un Mundial, una Eurocopa o un encuentro decisivo con su club. No significa que no quiera jugar con su país. Significa que el riesgo y la recompensa no son siempre los mismos.
Además, el club es quien tendrá que convivir después con las consecuencias. Allí afrontará prácticamente toda la temporada, allí necesita mantener su continuidad y allí regresará para tratar cualquier problema físico. Ante una lesión seria no existe elección posible, pero ante una molestia menor resulta comprensible pensar que algunos jugadores prefieran levantar el pie antes de convertir unos días de precaución en varias semanas de baja.
Las propias selecciones tienen además una capacidad de reacción que muchas veces facilita esa prudencia. Si un jugador abandona una concentración, otro puede ocupar su lugar. Francia sustituyó inmediatamente a Konaté por Leny Yoro. Alemania dispone incluso de una convocatoria especialmente amplia para repartir futbolistas durante este largo periodo internacional. El coste deportivo de proteger a un jugador puede ser mucho menor que el de perderlo durante semanas.
Por eso quizá el verdadero tamaño del “virus FIFA” no pueda medirse contando simplemente cuántos jugadores regresan antes de tiempo a sus clubes. Habrá roturas musculares, lesiones articulares y problemas importantes provocados durante partidos y entrenamientos internacionales. Pero junto a ellos también aparecerán molestias, sobrecargas y problemas menores ante los que nadie parece dispuesto a asumir un riesgo innecesario. Contabilizar todo exactamente igual puede ofrecer una fotografía mucho más alarmante de lo que posteriormente demuestra la realidad.
La prueba llegará cuando vuelva el fútbol de clubes. Entonces sabremos quién permanece varias semanas fuera, quién necesita unos días y quién está disponible prácticamente desde el primer partido. Quizá el “virus FIFA” se haya llevado realmente por delante a muchos futbolistas. O quizá una parte de esa enorme lista responda simplemente a que, en el fútbol actual, ante la mínima señal de alarma cada vez compensa menos seguir forzando. @mundiario
