Florentino Pérez activa el botón de emergencia y abona la cláusula de Mourinho

El universo madridista ha experimentado una de las sacudidas institucionales más impactantes de su historia contemporánea con la confirmación de un regreso que parecía utópico. Trece años después de poner punto final a su primera y volcánica etapa en Chamartín, José Mourinho vuelve a asumir las riendas del banquillo del Real Madrid. La entidad de Concha Espina ha formalizado el anuncio a través de un comunicado oficial, certificando un acuerdo contractual que ligará al preparador de Setúbal con la disciplina blanca durante las próximas tres temporadas, concretamente hasta junio de 2029.

La operación se venía cocinando a fuego lento desde las oficinas de Valdebebas desde la primera quincena del mes de abril, período en el cual el proyecto deportivo previo, capitaneado por Álvaro Arbeloa, comenzó a desmoronarse de forma definitiva. En la carrera por la sucesión presidencial figuraban inicialmente dos candidatos de primera línea mundial: el alemán Jürgen Klopp y el propio estratega portugués. No obstante, la firme postura de Klopp de aguardar una oportunidad en el combinado nacional de su país despejó el camino para que Florentino Pérez llamara con absoluta firmeza a la puerta de su antiguo conocido.

El proceso de contratación, sin embargo, se vio salpicado por el terremoto político de las elecciones a la presidencia del club de la capital, lo que obligó a paralizar momentáneamente un anuncio que estaba programado para el 25 de mayo. La entrada en escena de la candidatura de Riquelme sumió las negociaciones en una calma tensa que no se desbloqueó hasta que Florentino Pérez ratificó su continuidad en el cargo el pasado 3 de junio. Esta obligada dilación en los plazos institucionales impidió al Real Madrid acogerse a una ventajosa ventana temporal que habría rebajado el coste de la operación a los 8 millones de euros.

Al demorarse la luz verde definitiva, el club blanco se ha visto en la obligación de acudir a los parámetros de su cláusula de rescisión general, tasada en 15 millones de euros. Este importante desembolso económico convierte automáticamente a The Special One en el director técnico más costoso de toda la historia de la institución madridista. Mourinho desembarca en la capital de España acompañado por el núcleo de máxima confianza con el que ha venido desarrollando sus libretos tácticos desde su andadura en el Fenerbahçe turco en el año 2025.

El organigrama del cuerpo técnico contará con los asistentes João Tralhão y Pedro Machado, junto al preparador físico António Dias, el analista Roberto Merella y el entrenador de porteros Nuno Santos. La dirección deportiva mantiene una vacante disponible en el equipo de trabajo con el firme propósito de incorporar a un asistente «de la casa» que ejerza un rol de enlace similar al que ostentó Aitor Karanka en el pasado. En el plano metodológico, el preparador luso implantará un sistema horizontal donde todos sus colaboradores se situarán al mismo nivel de jerarquía bajo su mando.

El preparador de Setúbal asume el reto de levantar a una tripulación castigada por las tensiones internas
La vuelta de Mourinho se produce tras una brevísima y rocambolesca experiencia de ocho meses en el banquillo del Benfica de Lisboa. Al mando de la escuadra encarnada, el luso firmó una campaña inverosímil en la competición doméstica al finalizar el campeonato de Liga en condición de invicto tras sumar 23 victorias, pero quedando relegado a la tercera plaza y fuera de los puestos de Champions League debido a la sangría de once empates cosechados. Su periplo en Portugal estuvo marcado además por la pérdida de las finales de la Copa de la Liga ante el Braga y de la Copa de Portugal frente al Oporto, así como por la eliminación europea a manos del propio Real Madrid.

La realidad deportiva que se va a encontrar el técnico luso a su llegada a Concha Espina dista mucho del esplendor de la última década. El Real Madrid comparece ante este nuevo ciclo como un paciente de urgencia que arrastra dos temporadas consecutivas sin conquistar títulos de enjundia, habiendo quedado muy rezagado en la pelea por el campeonato nacional de Liga. El hastío de la afición del Santiago Bernabéu se ha cobrado sonoras pitadas colectivas a lo largo del curso, registrándose la mayor protesta el pasado 17 de enero tras un doloroso tropiezo ante el Levante.

El vestuario que hereda el preparador portugués se presenta como un polvorín de tensiones internas que han terminado por dinamitar la convivencia diaria en la ciudad deportiva. En los últimos meses se han sucedido episodios tan convulsos como la bofetada de Antonio Rüdiger a Carreras, los expedientes disciplinarios que apartaron a Marco Asencio y Dani Ceballos de las convocatorias por motivos extradeportivos, o las tensas declaraciones de Kylian Mbappé en las zonas mixtas. El punto álgido de la crisis interna se materializó con una fuerte trifulca a puñetazos entre Fede Valverde y Aurélien Tchouameni tras la conclusión de un encuentro.

Ante semejante panorama de emergencia social y deportiva, la directiva ha optado por recuperar la figura de un entrenador cuyo primer mandato (2010-2013) alteró los cimientos del fútbol nacional. En su primera etapa, Mourinho logró romper la barrera psicológica de los octavos de final europeos alcanzando tres semifinales consecutivas de la Champions League y cosechando tres títulos: una Liga de los Récords, una Supercopa de España y la recordada Copa del Rey de Mestalla. Aquel trienio estuvo acompañado de una inmensa polémica mediática por sus duros enfrentamientos con la prensa, sus disputas con pesos pesados como Iker Casillas o Cristiano Ronaldo, y el recordado incidente con Tito Vilanova.

El regreso del estratega de 63 años abre un debate de dimensiones colosales sobre si segundas partes pueden ser exitosas en el banquillo más exigente del planeta, emulando los precedentes de Zinédine Zidane o Carlo Ancelotti. Desde el entorno del preparador se desliza la idea de que afronta esta nueva etapa bajo un talante mucho más pausado y reflexivo que en su juventud. No obstante, la masa social blanca es perfectamente consciente de que el ADN competitivo e indomable de José Mourinho permanece inalterable y llega dispuesto a ejercer como el desfibrilador definitivo para el Real Madrid. @mundiario